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CARTAS AL DIRECTOR

Renfe vuela en Internet

Renfe, la gran compañía española de transporte de viajeros, acaba de inaugurar, con gran alharaca publicitaria en múltiples soportes, su nuevo servicio de venta de billetes electrónicos a través de Internet -"del ordenador, al tren", anuncian-.

Como internauta que lleva ocho años comprando todo tipo de productos y servicios en la Red, me apresuré a utilizar el nuevo servicio, experiencia que les detallo: la primera sorpresa es que obligan al cliente a tener un nombre de usuario compuesto por siete cifras y una letra, elegidas al azar por el sistema. ¿Se imaginan que cada una de las webs en las que entro me dotara de una retahíla de cifras semejante, distinta para cada sitio e impuesta por cada compañía? Sencillamente, de locos.

Sigamos el viaje. La siguiente incomodidad es, paradójicamente, beneficiosa: durante el proceso de compra de un billete, la web te obliga a introducir la mencionada combinación de letras y números cada vez que das un paso, de forma que aunque al principio te resulta tedioso, al final lo agradeces, porque a fuerza de teclear la combinación de marras unas cinco veces, te la acabas aprendiendo.

No se apeen aún, que el periplo continúa: como es la primera vez que compro con esa tarjeta, Renfe se quiere asegurar de que yo soy quien digo ser, así que en esta primera compra me "invitan" a recoger el billete en papel en la estación, cosa que hago con mucho gusto tras esperar más de una hora de cola.

Ahora que escribo desde el tren, en donde por supuesto no hay una red wifi desde la que poder enviar esta carta, disfruto mucho de este maravilloso trayecto, que paladeo con la íntima sensación de habérmelo ganado a pulso. "Vamos al futuro", dice la compañía ferroviaria en sus anuncios; estupendo, señores, pues vayan cuanto antes, porque sus clientes les estaremos esperando allí con mucho entusiasmo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de abril de 2006