Leyes y vallas para frenar la cita

El uso de las nuevas tecnologías para convocar macrobotellones no es nuevo entre los jóvenes andaluces. En Sevilla, el correo electrónico y los mensajes a teléfonos móviles son, desde hace dos años, el mejor boca a boca para garantizar el éxito de las fiestas universitarias. Ya en marzo de 2004, una concentración a través de SMS reunió a más de 70.000 personas para recibir la primavera.

Hasta entonces, esta fiesta, con más de dos décadas de tradición en Sevilla, se convocaba mediante carteles y el Ayuntamiento solía implicarse en su organización para garantizar la seguridad. Aquel viernes de 2004 circularon un 26% más de mensajes que un viernes normal, según los operadores de móviles. Las autoridades municipales y las fuerzas de seguridad, desbordadas, no pudieron evitar el caos en la zona del Charco de la Pava. Cuando los servicios de limpieza no habían terminado su labor, una nueva cadena de mensajes citó para el siguiente viernes: "No faltéis, os perderéis un nuevo corte de tráfico o salir en los periódicos". El adelanto permitió organizar un dispositivo de seguridad.

Mientras entra en vigor la ley antibotellón que prepara la Junta de Andalucía, las autoridades establecen controles de tráfico y alcoholemia ante el anuncio de grandes concentraciones. Algunos Ayuntamientos optan por vallar zonas para que los jóvenes no se instalen allí. Y la policía vela por el cumplimiento de las normas antibotellón: prohibir la venta de alcohol desde las 22.00 fuera de los bares y prohibir la venta a menores, con presencia habitual en los botellones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0011, 11 de marzo de 2006.

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