Reportaje:

La buena altura de Alicante

Un plan municipal que eleva la altura de los edificios en el centro de la capital alicantina desata una cascada de críticas

El Colegio de Arquitectos de Alicante acogió el miércoles por la noche un debate inaudito en esa ciudad. Por primera vez en muchos años, probablemente desde que gobierna Luis Díaz Alperi, del PP, el Ayuntamiento se abrió a la participación ciudadana e hizo ademán de presentar y discu

tir en público un proyecto urbanístico importante antes de aprobarlo.

El gesto de abrir a la participación su Plan Especial de Protección del Centro de Alicante fue agradecido por los organizadores del debate, la Universidad de Alicante y el Colegio de Arquitectos, y también por algunos vecinos que han colaborado con los redactores del plan municipal.

Pero ese toque de espalda se volvió enseguida en una cascada de reproches y críticas que pivotan sobre dos hechos fundamentales: el plan urbanístico del centro se ha sacado del Plan General de Ordenación Urbana y se ha confeccionado pensando en los edificios y no en las personas que los habitan.

El Ayuntamiento, explicó la arquitecta Esmeralda Martínez, ha planteado esta delicada intervención como operaciones de "microcirugía" para esponjar la trama de las 33 hectáreas que forman el marchito cogollo de Alicante. Muy básicamente el Ayuntamiento propone una jerarquización de los viarios, con calles de tráfico compartido (peatones y vehículos) y una tipología de manzanas cerradas. Pero el principal punto de controversia es la altura de los edificios.

La propuesta municipal, aunque reduce la edificabilidad, permite una subida generalizada en las alturas de los edificios, incluso en los protegidos. Sobre este punto, que probablemente no sea el más importante del plan, se ha formado un guirigay que quizá está eclipsando otras cuestiones esenciales del proyecto.

Para al arquitecto y profesor de la Universidad de Alicante Justo Oliva la elevación de las alturas es una de las "aberraciones del plan". La buena altura del centro de Alicante, explica, es la de los edificios de finales del XIX, de planta baja y cuatro niveles, porque ésa es la proporción a la anchura de las calles. "Ésa es la buena altura de Alicante", para que corra el aire, para que entre el sol, para mantener la estética de la trama urbana.

Paradójicamente, el plan municipal que se denomina de protección rebaja la protección de un puñado de edificios. Esmeralda Martínez argumenta que muchos edificios de conservación estricta han muerto por no permitir usos que los mantendrían con vida.

El arquitecto José Ramón Navarro Vera, de la Plataforma de Iniciativas Ciudadanas (PIC), hizo hincapié en que el plan omite cualquier intervención social básica, ignora la situación demográfica de la zona y sus consecuencias, así como el conjunto de dinámicas sociales y económicas que las determinan. "Ni siquiera aborda el problema de la prostitución", resaltó. Para la PIC, que ayer registró sus alegaciones en el Ayuntamiento y pidió la paralización del proyecto, la imagen y el significado que transmite el plan es la de un barrio vacío de vida, como un fragmento congelado de ciudad. "Se trata de un plan realizado rutinariamente sin convicción, destinado a legitimar una determinada estrategia definida previamente".

Al final del debate, los vecinos lo dejaron claro: "Suban o bajen las alturas, pero no paren el plan".

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 16 de febrero de 2006.