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Malika Mokeddem relata la historia de su rebeldía en una novela

La escritora argelina presenta 'El desconsuelo de los insumisos'

La escritora argelina Malika Mokeddem (Kenadsa, 1949) nació en el seno de una familia nómada. Mokkedem se enfrentó a un entorno machista para lograr su objetivo: estudiar medicina en Orán. La autora relata la historia de su rebeldía en su última novela, El desconsuelo de los insumisos (El Cobre Ediciones). La escritora argelina presentó ayer esta novela en Sevilla.

El desconsuelo de los insumisos describe la lucha por la dignidad y la independencia de una persona nacida en un hogar humilde en el que ser mujer es un factor negativo. Desde niña Mokeddem hizo de los libros el arma más eficaz para entender el mundo y trascender un destino que parecía fijado por tradiciones de siglos. Mokkedem no quería que le impusieran un marido y que la convirtieran en una especie de máquina de parir niños.

"Mi madre siempre estaba ocupada y rodeada de niños, y siempre se expresaba con amenazas. Yo era la mayor de 10 hermanos, y mi madre siempre me decía: 'haz esto, haz lo otro'. Yo era la criada de mis hermanos. No tenía el afecto de mi madre", relató la autora. "Siempre era la primera de la clase. Cuando le enseñaba las notas, mi padre me decía que eso no me iba a servir para nada. Mi padre pegaba a mis hermanos y les decía: '¿cómo es que tenéis peores notas que vuestra hermana, que es una chica?", evocó Mokeddem, que es autora de Los hombres que caminan (1990) y Sueños y asesinos (1995), entre otras obras.

Aquella niña argelina se enfrentaba con la injusticia de su familia. Pero esa sensación de malestar no encontraba ninguna tregua cuando iba al barrio francés. "Porque allí también veía la injusticia de cómo los franceses pegaban a los argelinos", dijo Mokeddem.

Los libros fueron una sólida tabla de salvación. "Los libros me han hecho salir de todo eso, me han salvado de la desesperación. Cuando tenía 12 años tenía mucho miedo a que mis padres me casasen. Y decía que si eso ocurría, me iría de casa aunque los animales del desierto me comieran. Los libros me permitían aprender a ser yo misma", comentó.

"La escritora Marguerite Duras, que también leía mucho cuando era adolescente, decía que leer con esa intensidad ya era escribir. En las vacaciones de verano, con cuatro meses de mucho calor, leer era salvarme del aburrimiento. Mi única libertad era la lectura. Mis padres pensaban que así no me iba por ahí con chicos. Cuando leía textos sobre el ateísmo o la sexualidad, pensaba que si mis padres supieran lo que leía, me prohibirían esa lectura", dijo.

Visita a Sevilla

Mokeddem se hizo médica. En 1977 dejó Argelia. Se instaló en Montpellier para ejercer la medicina. Atendió a inmigrantes y excluidos en un barrio pobre. Ahora vive en Perpiñán, donde combina el ejercicio de la nefrología y la literatura.

Su visita a Sevilla le traía ayer buenos recuerdos mientras paseaba por el Instituto Francés. "Sevilla es una ciudad magnífica. Tenía que quedarme dos días en Sevilla y dos en Valencia, y he preferido estar tres días en Sevilla. Estuve en Sevilla por primera vez como estudiante. Cuando iba a Marruecos siempre paraba en Andalucía. También conozco Málaga, Granada y Cádiz. Amo España", afirmó la novelista. "Cuando tuve amenazas de muerte de los integristas, pensé en alquilar mi casa de Francia y venir a vivir a España. Me gustan la luz, la arquitectura, el clima y la gastronomía de este país", concluyó Mokeddem.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de febrero de 2006