Columna
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Firmas

Rajoy vino a Cádiz a pedir firmas contra el Estatuto de Cataluña. Seguramente está convencido de que va a ser un éxito su campaña de mesas petitorias, pero también cabe la posibilidad de que debiera reflexionar sobre si estará corriendo el peligro de que sea interpretada, por la mayoría de los ciudadanos, como una demostración palpable de debilidad política, en definitiva de fracaso. En Cádiz hubo gente que se acercó a la mesa a dejar su firma y otra que a su paso por el lugar protestaba por la iniciativa. Tampoco es importante que unos estén de acuerdo y otros en contra. Lo importante es que el líder del primer partido de la posición, segunda fuerza política de este país, partido de gobierno en cualquier momento en que los ciudadanos vuelvan a decidirlo así, no se debería permitir jugar con tanta frivolidad sobre cosas tan serias como el desprecio a las instituciones democráticas. Rajoy no quiere que el Estatuto de Cataluña llegue al Parlamento, quiere que sea rechazado en la calle por todos los españoles, busca firmas de apoyo a una iniciativa que se sale de la Constitución y que, en definitiva, pone al PP en circunstancia extraparlamentaria. De Cádiz vino Rajoy a Sevilla y aquí, sacó pecho, y dijo eso de que él tiene derecho a pedir firmas donde le dé la gana y para lo que crea conveniente, tiene razón en lo de que puede pedir firmas donde le dé la gana. No sé si está tan claro que pueda hacerlo para lo que crea conveniente, porque supongamos que alguien se pone en una esquina a pedir firmas para echar a Mariano Rajoy del Parlamento, el que así actuara podría pedir las firmas donde le diera la gana, pero no podría pedirlas para echar a Mariano Rajoy del Parlamento, porque a Martiano Rajoy sólo lo podrían echar del Parlamento los votos de los ciudadanos, en convocatoria electoral de acuerdo a la ley. Rajoy puede pedir sus firmas en tanto que ciudadano donde le dé la gana, pero como presidente del primer partido de la oposición y diputado en las Cortes Generales, no debería permitirse frivolidades como esa que le ha traído a Cádiz en primer lugar y le va a llevar en gira por la España que él ve en peligro. Por cierto, es curioso que pusiera su mesa petitoria en Cádiz y viniera por la tarde a Sevilla a decir que él pide firmas donde le da gana y no le diera la gana pedirlas en Sevilla.

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