Reportaje:

Piedras que hablan inglés en Moscú

Rusia denuncia que espías británicos camuflan transmisores en falsas rocas

"Parece una piedra común y corriente, pero no acaba de serlo. En realidad es un escondrijo, un aparato de transmisión especial del espionaje británico". Con estas palabras, el periodista Arkadi Mámontov, presentaba el domingo en la televisión rusa la prueba de cargo contra cuatro presuntos espías británicos, que aprovechaban la cobertura diplomática del Reino Unido para financiar las organizaciones no gubernamentales rusas.

Los supuestos agentes se comunicaban entre sí por medio de mensajes transmitidos y recibidos a través de un mínimo de dos piedras herméticas, pero huecas, en cuyo interior había poderosos y sofisticados ordenadores. En su búsqueda de las falsas piedras, los agentes del Servicio Federal de Seguridad (SFS) dividieron Moscú en diversos sectores y acabaron encontrando una de ellas, en una plaza de las afueras. Un ciudadano ruso ha sido implicado en el asunto.

Los supuestos espías británicos, según el Kremlin, financiaban organizaciones no gubernamentales

En Londres, el Foreign Office (Exteriores) ha manifestado su preocupación y su sorpresa por estas acusaciones, ya que es bien conocido que el Gobierno británico apoya económicamente proyectos realizados por ONG rusas en el campo de los derechos humanos y la sociedad civil. El SFS, la organización sucesora del KGB de la URSS, que facilitó las filmaciones de este tema digno de la guerra fría, anunció "medidas políticas" contra los diplomáticos, que entre otras organizaciones financiaron al Grupo de Helsinki y la fundación Eurasia.

La historia de las piedras es el último capítulo de la caza de espías que reina en el Kremlin y resulta incluso consecuente con la biografía del presidente Vladímir Putin, quien sirvió como teniente coronel del espionaje soviético en la antigua República Democrática Alemana.

"Es la primera vez que les cogemos literalmente con las manos en la masa cuando están intentando contactar a sus agentes aquí y conseguimos pruebas de que financian a varias organizaciones no gubernamentales", dijo Serguéi Ignatchenko, el portavoz del SFS.

Liudmila Alexéyeva, presidenta del Grupo de Helsinki, afirmó que su organización recibió por última vez una beca de la embajada del Reino Unido en 2004 para realizar un proyecto en materia de defensa de derechos humanos. Alexéyeva consideró que las acusaciones de espionaje son "un intento de calumnia" para "preparar a la opinión pública para la decisión gubernamental de cerrarnos".

En los últimos años, las autoridades rusas han acusado a las redes de espionaje occidentales de utilizar a las ONG. El documental proyectado el domingo intenta probar esta tesis ante los rusos de a pie y supone un primer disparo contra las entidades críticas de la política del Kremlin, tras la aprobación de la nueva ley destinada a controlarlas. Esta ley, firmada por Putin a principio de este año, ha sido duramente criticada en Occidente. El reportaje televisivo se transmitió el mismo día en que el presidente se reunía por primera vez con los 126 integrantes de la Cámara Social, un foro que agrupa a representantes de ONG complacientes con el Kremlin. Este organismo ha sido formado de acuerdo con "el modelo de Estado corporativo de Benito Mussolini", según afirmaba ayer Andréi Ilariónov, el ex asesor de Putin que dimitió en diciembre, tras denunciar la involución democrática en Rusia y confesarse impotente para influir en el rumbo del Kremlin.

En Rusia funcionan miles de ONG, de las cuales sólo 92 están registradas en el ministerio de Justicia. "La mayoría de ellas están creadas, se financian y existen bajo la protección de los gobiernos y las organizaciones sociales de EE UU y sus aliados de la OTAN", manifestó la secretaria de prensa del SFS, Diana Shemiákina.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 23 de enero de 2006.