Reportaje:CANI | Centrocampista del Zaragoza | FÚTBOL Copa del Rey

"Los gritos de La Romareda me han hecho madurar"

Apenas tenía 12 años, alzaba poco más del metro y con el balón ya era una delicia. En su primer club, el Stadium Venecia, envuelto en una zamarra morada, cogía la pelota en el medio del campo para reinventar el fútbol. Recortes, ruletas, sotanas, bicicletas y un sinfín de triquiñuelas que hacían dudar de si realmente no la llevaba atada al pie. Así era Rubén Gracia Calamache, Cani (Zaragoza, 1981), y, con la licencia de los mejores, así sigue siendo. Tras muchas tiranteces, La Romareda se lo reconoce. "No me imagino la vida sin el fútbol. Cuando estaba en el Utebo [un tercera], me sentía igual de profesional. Ahora tengo un coche bueno, más cosas, más facilidades, 30.000 personas viéndome..., pero el fútbol, para mí, es lo mismo", reflexiona Cani, que, como siempre, espera divertirse en el partido de vuelta de los octavos de final de la Copa contra el Atlético.

Pregunta. ¿Vuelve a ser el niño que disfrutaba sobre el césped?

Respuesta. Nunca he dejado de disfrutar. La diferencia es que La Romareda me exigía lo mismo en Primera que en Segunda. Y no llegaba a ese nivel. Acusé el cambio porque los rivales son diferentes, mejores.

P. ¿Le afectaba llevarse una bronca cada dos fines de semana?

R. Bastante. Al principio, no llevé muy bien eso de los abucheos. Me dolía esforzarme al máximo para que mi gente me pitara. Un día, después de jugar mal, estallé. Me metí en el coche y se me empezaron a saltar las lágrimas. Me sentía fatal. Pero fue entonces cuando me di cuenta de que cuanto peor me tratara la mitad de la grada mejor me trataría la otra, la que me quería.

P. ¿Pensó irse del Zaragoza?

R. Mientras me quieran, no me iré nunca. Al igual que el fútbol, el Zaragoza es lo máximo para mí. Me lo han dado todo. Me han hecho como jugador y como persona. Los gritos de La Romareda me han hecho madurar.

P. Pero poco ha variado su estilo de juego...

R. Cuando estaba mal, la gente que me quería bien me recriminaba que no intentase más cosas. Porque mi fútbol, aunque siempre dependo de los compañeros, es así. Lo que no sabían es que mi físico no me permitía encarar en el minuto 70. Ahora que tengo una regularidad, que llevo varios partidos como titular, me veo capaz de arriesgarme hasta el final.

P. ¿Le han echado broncas los técnicos por regalarse?

R. La mayoría sostiene que se hace más daño al primer toque, pero ninguno me ha recriminado por intentar un regate de más.

R. ¿Y Víctor Muñoz?

P. Siempre me ha apoyado. Ni cuando salieron unas polémicas declaraciones mías pidiendo jugar más llegamos a enfadarnos. Además, el sistema que usamos ahora

[el 4-4-2, con dos medios centro] me beneficia porque, como no soy un jugador de banda por mis características específicas, no me exige pisar siempre la línea de fondo. Ahora busco las diagonales y puedo pasar el balón al hueco. Tengo más libertad. Juego mejor. Pero siempre acataré las órdenes del técnico.

P. Y, ahora, La Romareda le ovaciona.

R. Me da tanta alegría... Aunque la verdad es que también me da un poco de vergüenza. Pero es perfecto, claro.

P. Como eliminar al Atlético, ¿no?

R. Por supuesto. Pero me temo que será complicado porque soy de los que piensan que tiene buenos jugadores, buen equipo. Sólo espero que tarde un par de encuentros más en despertar.

Cani.
Cani.

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