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Crítica:

El caos urbanístico valenciano

La destrucción del litoral mediterráneo ha sido imparable y amenaza todo el medio ambiente. La Comunidad Valenciana ha sido una de las zonas más castigadas.

Hace apenas medio siglo Benidorm era un pueblecito de pescadores de bajura y de agricultores de secano. Vistas hoy desde la autopista A-7, sus torres de apartamentos y de hoteles no tienen nada que envidiar a los rascacielos de Manhattan. Benidorm se estudia en muchas universidades como un ejemplo del desarrollismo más feroz e incluso algunos expertos ya pronostican que los 150 kilómetros de costa que la separan de Valencia serán dentro de poco un continuo urbano. Las advertencias de las autoridades de la Unión Europea sobre la especulación urbanística valenciana llegan lamentablemente con retraso.

Ese crecimiento indiscriminado y marcado por un capitalismo del beneficio a corto plazo, comenzó durante la dictadura, pero la democracia no lo ha frenado. La Comunidad Valenciana se ha convertido de este modo en una zona definida por el sector inmobiliario al servicio de un turismo de sol y playa. En este libro colectivo, Jorge Olcina y Antonio Rico, profesores de la Universidad de Alicante, subrayan: "El poder local se ha convertido en el verdadero protagonista de las actuaciones sobre el territorio y no depende del signo político que ocupe un ayuntamiento: es un problema común a todas las ideologías".

LOS LÍMITES DEL TERRITORIO

Joan Romero y Miquel Alberola

Universitat de València

Valencia, 2005

325 páginas. 20 euros

Un nutrido grupo de profesores, periodistas, sociólogos y economistas opinan en este volumen sobre su título, Los límites del territorio, y sobre su subtítulo, El País Valenciano en la encrucijada. El libro es fruto de la atención concedida por la edición valenciana de EL PAÍS a los problemas urbanísticos en los últimos años. Así, en suplementos especiales de sus páginas se han publicado todos los artículos de esta obra, que aparece como una referencia imprescindible para un público amplio que desee conocer cómo se ha llegado a la caótica situación actual. Baste ofrecer el dato escalofriante del medio millón de viviendas construido en la última década para darse cuenta de que este tipo de crecimiento no hay territorio que lo soporte.

Varios autores insisten en

que más allá del modelo político de capitalismo salvaje que implica este modelo territorial, los propios recursos naturales no resistirán la presión demográfica de, por ejemplo, las 800.000 familias alemanas que tienen previsto instalarse en la costa valenciana en los próximos años. Abandonada en buena medida la agricultura y desmantelado en parte el tradicional tejido industrial, la economía valenciana se verá abocada al monocultivo del turismo. Pero las carencias de agua, un bien muy escaso en todo el litoral mediterráneo, no han sido resueltas mientras las grúas no paran de levantar edificios. Sin caer en los catastrofismos, pero con una lucidez avalada por los datos y las perspectivas, los autores del libro advierten de que el crecimiento puede llegar a destrozar el territorio para las nuevas generaciones. Sobre todo, si como señalan los coordinadores de esta edición, Joan Romero y Miquel Alberola, "la política territorial sigue al dinero y no al revés".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de enero de 2006

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