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Crítica:

El viajero piamontés

Giuseppe Baretti reunió en un volumen las cartas que envió a sus hermanos durante un viaje entre Londres y Génova en el que atravesó la península Ibérica y el sur de Francia. El resultado, muy del gusto del siglo XVIII, mezcla el tono íntimo con la reflexión filosófica.

En una entrada de su Vida de Samuel Johnson correspondiente al mes de febrero de 1766, James Boswell reproduce la conversación que mantuvo con su biografiado -el gran crítico literario inglés del XVIII- durante una cena. Boswell acababa de volver de París, en donde se había topado con un amigo de Johnson, y le dio detalles del encuentro. Según Boswell este amigo estaba tan "desafortunadamente enviciado con la infidelidad que trataba las esperanzas de vida eterna con una ligereza propia de bestias. Para justificar su vicio", añade Boswell, "me dijo: 'puesto que los hombres mueren como perros, que yazgan también como perros". Johnson, al oír esta muestra de cinismo, contestó al amigo ausente: "Si mueren como perros, entonces que yazgan como perros". A continuación Boswell le trasladó algo más que el amigo le había dicho: "Odio a los hombres, porque sé cuán malo soy y aun así me cuento entre los mejores", a lo que Johnson respondió: "Pues si se cree uno de los mejores debe estar, señor mío, muy escaso de compañía en su creencia, porque ninguno de sus amigos la comparte".

VIAJE DE LONDRES A GÉNOVA

Giuseppe Baretti

Traducción de Soledad Martínez de Pinillos Ruiz

Reino de Redonda. Madrid, 2005

619 páginas. 21 euros

Como puede verse la relación entre Johnson y su amigo no pasaba por su mejor momento. El amigo en cuestión, el misántropo mujeriego y engreído que describió Boswell, no era otro que Giuseppe Baretti (1719-1789), lexicógrafo y literato piamontés y autor del Viaje de Londres a Génova que se publica ahora en español. Baretti tuvo que emigrar a Inglaterra en 1751. Se instaló en Londres y allí trabajó escribiendo ensayos sobre temas relacionados con Italia y, sobre todo, en el mejor diccionario italiano-inglés que hubo hasta comienzos del siglo XX. Precisamente en agosto de 1760, el mismo año en que se publicó el diccionario, y por mediación de Samuel Johnson, Baretti recibió el encargo de acompañar a un joven aristócrata desde Londres a Venecia. En plena guerra de los Siete Años (1756-1763) entre Francia e Inglaterra, decidieron hacer el viaje a Italia navegando desde Falmouth a Lisboa y atravesando desde allí la península Ibérica y la Provenza francesa.

Éste es el trayecto que se na

rra en Viaje de Londres a Génova, cuyo subtítulo reza A través de Inglaterra, Portugal, España y Francia. Lo cierto es que en este libro de Londres no hay nada, y de Génova y de Francia más bien poco. De las 89 cartas que componen el Viaje más de sesenta están fechadas en la península Ibérica. Baretti, a la zaga del Montesquieu de las Cartas persas y en pleno apogeo del género epistolar en Europa, decidió componer el libro reuniendo las misivas que escribía a diario a sus hermanos, con los que se encontraría al final del viaje en Turín. Así unió al tono filosófico de la epístola dieciochesca el carácter íntimo de la correspondencia familiar. Por si fuera poco, Baretti contaba con la ventaja de ser un italiano que residía en Londres, es decir, que no escribía con ese complejo de civilidad tan irritante en los ufanos viajeros septentrionales de su tiempo, sobre todo franceses e ingleses, que se acercaron al sur de Europa con una mezcla de desdén y afán redentor. El resultado son unas cartas

espontáneas y vitales, que incluyen anécdotas, parodias y descripciones brillantes y que informan de los asuntos más variopintos, desde la organización del Estado en el XVIII hasta la abundancia de mulas en Portugal, y pasando por un esbozo de los teatros madrileños, por una lista de vocablos en vascuence o por este juicio sobre uno de nuestros pescados más queridos: "Bonito es un nombre muy poco apropiado para este pez; porque, en lugar de ser medianamente bueno, es de hecho extraordinariamente bueno". Baretti no se escondió ni intentó disimular su carácter. Fue mujeriego: "No teniendo muchachas bonitas con quienes viajar, me impaciento y deseo ver el fin de mi viaje"; fue vanidoso y nos dejó este estupendo libro con que el remilgado correveidile de Boswell no soñó ni por asomo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de diciembre de 2005

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