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COLUMNA

Patria mía

Angulas de Aguinaga, bacalao de Noruega cocinado en Portugal, ceviche de Perú con perejil en vez de cilantro, pulpo a feira de Galicia, pixin de Asturias, locos de Chile (si están en veda, congrio rojo), arroz con pescado de Torrevieja, labneh libanés, butifarras de Olot. Hamburguesas de PJ Clarke's, en la Tercera Avenida con la calle 55, evidentemente Nueva York. Estribillo: y mucha morcilla moral para los fanáticos (la morcilla de verdad, murciana o castellana, de cebolla o de arroz, para mí).

Cava Gramona III Lustros pero estoy abierta a un Taittinger, si alguien se puede permitir invitarme a ello. Sopa de pasta con fagioli de la Toscana. Ya que estamos, penne alla arrabiata comidos en Pier Luigi, cerca de Villa Farnese. Callos picantes de Madrid y un buen cocido de Madrid, éste los jueves, en el Ritz o en La Bola. Tripa a la catalana, salazones y encurtidos de Valencia. Huevos estrellados con virutas de jamón en Zaragoza. Y morcilla... etcétera.

Vinos de cualquier parte de España, con simpatía especial para mi amigo, el que me lo manda de Almansa, Albacete; del valle de la Bekaa, en Líbano; de Chile; de Hungría. De Francia, claro, y alguno de Italia, siempre que lo elija otro, porque yo no entiendo. Vino amontillado, del que me regala el padre de mi tata de llaves. Aguardiente gallego, sidra asturiana, jerez jerezano. Y morcilla (ver estribillo).

Soldaditos de Pavía, filetito al whisky: Sevilla. Salchichón, fuet (lloro sólo al evocarlo): Vic. Arroz de verduras cocinado por María en casa de los Ulled, en el Empordà. Los guisos murcianos de mi madre, en el recuerdo. La escudella navideña de mi hermana, en el barrio de Sants, Barcelona. El jamón de Jabugo y el cassoulet provenzal. Percebes gallegos, por el amor de Dios, ¡percebes! Y morcilla (estribillo).

Pan árabe recién horneado, con aceite y tomillo, del quiosco de la calle Hamra, Beirut. Pinchos de mejillones de Estambul. Chinchulines de Buenos Aires. Cualquier plato del Yucatán. Tequila con limón y sal, arak mezclado con agua y hielo. Pastelillos de miel de Damasco, pistachos de Aleppo. Brazo de gitano y tortell de cabello de ángel, en los domingos de mi Barcelona.

Y mucha morcilla moral para los fanáticos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de diciembre de 2005