Tribuna:LA NUEVA RINCONADA
Tribuna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las tribunas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Grande y fea, por obra y gracia de una ocurrencia posmoderna

Qué difícil es aceptar lo evidente: la ciudad es el producto cultural más complejo que construye la sociedad; sobre todo por las innumerables interacciones que hace posible. Desde hace años insisto en esta idea apoyado en la opinión de algunos arquitectos y con el estímulo de las lecturas de Habermas, Luhmann, Morin. Sin embargo, los reduccionistas que contratan los PGOU, siguen creyendo que, al tenor de la Ley de Ordenación Urbanística, la construcción de la ciudad empieza con la ordenación del suelo y finaliza con la edificación de miles de casas y además que, como me decía el otro día una señora en un bar de Carmona, "mientras más crezca un pueblo, más moderno será".

Enorme equivocación. No es así. La ciudad objeto sin un sujeto colectivo solamente será un gran contenedor carente de vida urbana agradable y no por ser "nuevo" y grande necesariamente será moderno ni automáticamente hará posible una mínima calidad de vida.

Lo dicho se puede constatar en los crecimientos actuales del área metropolitana de Sevilla. Se ha ocupado una gran extensión de suelo para edificar centenares de miles de objetos inmuebles sin mayor control, obviando el entorno urbanístico, natural y cultural. Se edifica desmesuradamente pero todavía no se ha inaugurado ni un solo espacio de convivencia enriquecedora donde resulte cómodo y agradable vivir o estar y, lo que es peor: los actuales ensanches constituyen una insoportable tortura estética, son anodinos y monótonos. Para colmo, es difícil llegar a ellos porque carecen de un sistema de vías y de transporte público en condiciones. Recorrer nueve kilómetros de autopista al empezar el día, desde el Aljarafe a Sevilla, supone más de 40 minutos.

A nadie se le ocurriría llevar a un amigo extranjero para conocer la "Nueva Bormujos" o "La Rinconada del futuro" que además, al contrario de cuanto se dice, son insostenibles. Todos vamos e iremos a disfrutar de los pueblos, de la ciudad construida durante más de mil años (producto cultural complejo y además agradable).

La Rinconada ha sobredimensionado sus necesidades y por una ocurrencia madrileña unirá sus dos núcleos urbanos principales, uno con más de mil años de vida y otro con apenas sesenta, para que se construyan 8.500 viviendas muy cerca de las 14.500 que están previstas en Alcalá del Río y la Algaba. Una discutible intervención cultural. Una exagerada estimación que se ve estimulada y fortalecida por la Junta que está construyendo una autovía para llegar a Sevilla desde los pequeños pueblos de la Sierra Norte, no porque la requieran sino porque, presuntamente, así también podrán crecer con la desmesura que ya lo hace Burguillos (3.500 viviendas).

Parecería más lógico y prioritario hacer la autovía de Los Alcores para unir Carmona, Mairena de los Alcores, El Viso, Alcalá de Guadaira y Dos Hermanas con el fin de estimular el desarrollo de este territorio con un extraordinario patrimonio cultural y potencial turístico (cuevas, castillos, haciendas, cortijos); pero no, la urgencia del capital especulativo va en otra dirección.

Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete.
Suscríbete

Si de unir núcleos para expandir el área urbana se tratara, la ciudad de Carmona sería especialmente privilegiada. Empezando desde el aeropuerto podría recalificar los treinta kilómetros de suelo que la une con Sevilla dejando así que la capital cargue con todos los problemas, las inmobiliarias hagan su agosto y como si fuera una empresa cualquiera, sin importarle nada las finanzas municipales engorden. Algo así lleva haciendo Dos Hermanas desde el Distrito de Quintos, con total éxito financiero pero con absoluto déficit social y de movilidad.

Felizmente el inteligente alcalde de Carmona, ha decidido imponer el sentido común como garantía de futuro de crecimiento con prestigio y con calidad de vida. Caso único y de gran importancia. En otras ciudades mediterráneas con incomparable patrimonio cultural -sin ir muy lejos, de Italia- dicha determinación ha merecido especial reconocimiento. También aquí muy pronto se premiará este ejemplo y más cuando se termine de distorsionar, de "modernizar" los conjuntos históricos. Entonces Carmona se afianzará como la "joya de la corona" de la provincia de Sevilla, los turistas que interesan acudirán en mayor número a gozar de ella, los puestos de trabajo aumentarán y la economía también.

Las promesas y expectativas incumplidas de un crecimiento urbano desbocado como el que soporta el Área Metropolitana se puede constatar en muchos aspectos. Baste uno: la generación de puestos de trabajo. Las grandes superficies por una parte han aniquilado a los artesanos y a las tiendas pequeñas y por otra, no están obligadas a emplear a los lugareños. Las empresas de trabajo temporal que se encargan de ello contratan a quienes con más flexibilidad y más barato se ofrecen. Todavía son los españoles. Pronto serán los inmigrantes y los menores de veinte años. Naomi Klein ilustra este proceso con un ejemplo paradigmático de la globalización: el de Walt-Mark, la empresa que más vende en USA.

¿Quién y con qué dinero se encargará de mitigar los males del feo gigantismo urbano disperso cuando se hayan terminado de edificar las 450.000 casas (1.400.000 habitantes) que a los 48 Ayuntamientos se les ha ocurrido edificar en toda el Área Metropolitana de Sevilla?

Jorge Benavides Solís es Profesor Titular de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS