Columna
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El preguntón

Mi sobrino está en la edad de preguntar. Para él, el que más sabe es su padre, pero si no le tiene a mano, no le importa interrogar a su tío. Ha llegado a interesarse por temas tan amenos como los tampones, el I+D, el IRPF, la LOE, las manifestaciones de prostitutas, los matrimonios homosexuales, y a veces me las veo y me las deseo para explicarle las cosas. "¿Qué es el terrorismo?", pregunta, mientras miramos una película de dibujos animados en la televisión. El terrorismo explicado a los niños no me parece fácil, por lo cual gano tiempo carraspeando abundantemente, como si fuera a pronunciar un discurso, mientras pienso qué le puedo contestar.

"Mario, últimamente las palabras las definen los políticos", suelto por fin. "Quizás tendríamos que acudir al insigne filósofo Ludwig Wittgenstein para que nos explicase qué pasó en la Cumbre de Barcelona. Seguramente, centraría su reflexión en el lenguaje como único modo de resolver los problemas políticos, lo mismo que hiciera con los problemas filosóficos. Según Wittgenstein, el significado de un término es su uso. Desgraciadamente, el bueno de Ludwig, que luchó como artillero en el ejército austro-húngaro en la Primera Guerra Mundial, ya no está entre nosotros para denunciar los espejismos del lenguaje que tanto determinan nuestra vida cotidiana. De otro modo, otro gallo nos cantaría".

Como mi sobrino Mario no parece satisfecho con la explicación, prosigo: "Mira, la cumbre de Barcelona ha pactado un código de conducta antiterrorista, pero no se ha atrevido a definir lo que es el terrorismo por falta de consenso. ¡Con el diccionario ideológico hemos topado! Según parece, la palabra terrorista no significa lo mismo en hebreo que en árabe, y de ello se desprende que las palabras, una vez más, las carga el diablo, lo cual es altamente preocupante. En el peor de los casos, va a resultar que lo que importa es solamente el tono en que se digan. Lo lógico sería no llegar a ese punto y reconocer las múltiples formas en las que se presenta el terrorismo: asesinato selectivo, terrorismo de Estado, lucha armada, guerra santa, en fin, cualquier tipo de violencia. ¿Entiendes? El terrorismo puede ser tanto el asesinato de una sola persona como una invasión, precisamente urdida para acabar con el terrorismo: la pescadilla que se muerde la cola. Por eso hay muchos tipos de terrorismo".

"Pero el terrorismo es malo, ¿no?", replica mi sobrino, como para zanjar el asunto. "Sí, el terrorismo es malo", respondo, sin pensarlo dos veces, y le increpo: "No sabía que te gustaba Wittgenstein". El me mira con aire docto: "Por favor. Es un gran colega mío".

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