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Temor por la vida de cinco rehenes occidentales secuestrados

La vida de los cinco rehenes secuestrados en Bagdad el fin de semana pasado pende de un hilo. Por un lado, un grupo no identificado mantiene su amenaza de acabar con la vida de la arqueóloga alemana de 43 años Susanne Osthoff si el Gobierno alemán no suspende todo tipo de colaboración con el iraquí. Y por otro, un grupo sin identificar, que aún no ha difundido ningún ultimátum ni reclamación, mantiene retenidos a un británico, un estadounidense y dos canadienses, trabajadores de una ONG a los que acusa de espías.

En cuanto a la rehén alemana, la canciller Angela Merkel aclaró ayer que no piensa ceder ante los secuestradores. El anterior Gobierno socialdemócrata alemán se opuso a la invasión y no envió tropas a Irak. Merkel se ha mostrado dispuesta a continuar esa política, pero ha declarado que los alemanes continuarán entrenando a oficiales de la policía iraquí en los Emiratos Árabes Unidos.

"Una cosa está clara, este Gobierno, este Parlamento, no se dejarán chantajear", aseguró Merkel. "El Gobierno está haciendo todo lo posible para conseguir la salvación, cuanto antes, de la ciudadana alemana y de su conductor", añadió.

Osthoff habla árabe, es musulmana, estuvo casada con un iraquí y hace años que renunció a la arqueología para dedicarse a labores humanitarias en Irak.

Ese mismo perfil de persona entregada al trabajo solidario es el de otros cuatros rehenes occidentales, miembros de la ONG Christian Peacemaker Teams, secuestrados en Bagdad el sábado, un día después que la arqueóloga alemana, por un grupo que se autodenomina Espadas de la Verdad.

Pacifistas

Se trata del británico Norman Kember, pacifista de 74 años, que se opuso a la guerra de Irak; el estadounidense Tom Fox, de 54 años, músico y padre de dos hijos; el canadiense James Loney, de 41, trabajador social, y su compatriota Harmeet Singh Sooden, de 32 años, ingeniero electrónico y entrenador de squash.

La cadena de televisión árabe Al Yazira difundió el martes un vídeo en el que aparecían los cuatro cooperantes sentados en el suelo. Sus secuestradores aseguraban que trabajaban en Irak como espías.

La organización que emplea a los cuatro negó ayer tal extremo.

"Nos tememos que quien quiera que los está reteniendo ha cometido un error. Son cuatro hombres que llegaron a Irak para trabajar por la paz y para explicar su oposición a la ocupación. No son espías", declaró Doug Pritchard, codirector en Canadá de la ONG. "Todas las organizaciones iraquíes y los individuos que nos conocen saben eso también, y les animamos a que lo digan en público".

Más de 200 extranjeros y miles de iraquíes han sido secuestrados en Irak desde que Estados Unidos invadió el país en 2003. Al menos, 52 rehenes extranjeros han sido asesinados por sus captores y unos 20 se encuentran aún en manos de sus secuestradores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de diciembre de 2005