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Crítica:ESTRENO | 'Plan de vuelo: desaparecida'

Miedos contemporáneos

Acostumbrados como estamos a que el cine americano utilice siempre la realidad como una coartada, es difícil no obstante no apreciar en lo que vale un filme criminal como este Plan de vuelo: desaparecida. Primera película de un alemán en el cine estadounidense, el filme reúne dos características genéricas principales (el thriller y el filme de catástrofes, toda vez que su acción discurre casi por entero en un ultramoderno avión de pasajeros, y a muchos miles de metros sobre el Atlántico) y ostenta un ritmo envidiable.

Pero por encima de todo está la habilidad con que está construida, remite a los mejores antecedentes hitchcockianos. Asombra con qué naturalidad interviene la realidad en la construcción de su trabajosa, un tanto alambicada pero definitivamente funcional trama. Porque de eso se trata: mucho menos de contarnos cómo terminará la odisea de una ingeniera aeronáutica (Foster, sencillamente impresionante: ella es la película en una medida como sólo una gran estrella es capaz de soportar) cuya hijita ha desaparecido en pleno vuelo, y mucho más de cómo tejer una hábil telaraña hecha con restos de realidad y del miedo de cualquier ciudadano ante una situación como la que aquí se propone.

PLAN DE VUELO: DESAPARECIDA

Dirección: Robert Schwentke. Intérpretes: Jodie Foster, Peter Sarsgaard, Sean Bean, Kate Beahan, Assaf Cohen. Género: thriller criminal, EE UU, 2005. Duración: 98 minutos.

Así las cosas, el filme discurre por los trillados senderos del thriller contemporáneo, es cierto, pero sin olvidar contribuciones notables de puesta en escena: por ejemplo, la manera como Schwentke muestra el espacio, que lo convierte virtualmente en otro protagonista más de la acción; la perfección con que utiliza la planificación para crear una tensión extrema; la ausencia de retórica visual. E incluso la indisimulada crítica que el filme articula sobre los sentimientos cambiantes de los ciudadanos de a pie: los comentarios que se oyen casi en off constituyen sin duda alguna un perfecto recorrido por los miedos contemporáneos... una lección de habilidad al servicio de una película comercial, sí, pero decididamente bien hecha.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de noviembre de 2005