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José Antonio Marina y María de la Válgoma explican la "magia de leer"

"Leer no es una cuestión estética, ni un capricho retórico, sino un imperativo político y social", afirmó el filósofo José Antonio Marina (Toledo, 1939) en la presentación de La magia de leer, ensayo que ha escrito juntamente con María de la Válgoma (Madrid, 1948). El volumen, cuyo objetivo es la promoción de la lectura, aparece simultáneamente en castellano (Plaza & Janés) y en catalán (La Rosa dels Vents).

Hace unos meses, Marina dio en Barcelona una conferencia sobre la necesidad de leer enmarcada en el Año del Libro. Aquella charla multitudinaria se convirtió al final en el embrión de la obra. "El hábito de leer es imprescindible para articular la vida personal, profesional, política y social de los ciudadanos. Eso se hace mediante un contacto rico con el lenguaje, algo que sólo se consigue con la lectura", apuntó Marina.

A juicio de los autores, dominio de lenguaje y calidad de vida van siempre unidos. "Nuestra inteligencia es lingüística, la convivencia también y la experiencia de la humanidad la heredamos a través de las palabras. No podemos hacer nada sin el lenguaje, y la lectura es la única manera que tenemos para asimilar sus contenidos. Las sociedades iletradas son torpes, pobres y peligrosas", declaró el autor. "Todas las dictaduras se han caracterizado por prohibir libros", añadió De la Válgoma.

En las páginas del ensayo, que acaba con una llamada a una conspiración de lectores, se suceden los consejos a profesores y padres. "Leer no está relacionado con una única materia escolar, la historia de la literatura, sino con la vida. Los profesores de todas las asignaturas deben promover la lectura, aunque enseñen matemáticas o ciencias. Nos jugamos mucho y debemos actuar. Los jóvenes deben entender que su posición profesional y social depende de la lectura. Es un asunto que afecta a la prosperidad económica y al nivel de justicia social de un país. Una sociedad dominada por la imagen provoca violencia y erratismo en los individuos. Un burro conectado a Internet sigue siendo un burro", concluyó Marina.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de octubre de 2005