Reportaje:

Una movilidad insostenible

La ciudad es escenario de una convivencia difícil entre peatones, ciclistas, coches, andamios y máquinas

Coches en doble fila. Furgonetas cargando o descargando a leguas de las zonas de carga y descarga. Taxis dejando pasajeros en pleno carril bici. Ciclistas que creen ser Lance Armstrong circulando por las aceras y atropellando ancianas. Ancianas que, además de ciclistas, durante su paseo sortean sacos de residuos y motos aparcadas. Motos zigzagueando entre el resto de los vehículos en marcha. Peatones cruzando por cualquier lado menos por el paso de cebra. Más peatones jugándose la vida pasando con el semáforo en rojo. Es la jungla del asfalto. Y por extensión, de la ciudad entera, donde se echa en falta, más de una vez y más de cuatro, un guardia urbano. A pocos días para que arranque la Semana de la Movilidad Sostenible y Segura en Barcelona -de la que se ha eliminado la restricción de tráfico en un Día sin Coches menos exigente-, la realidad arroja una movilidad de dudosa sostenibilidad, a menudo insegura y, a veces, salvaje. El Ayuntamiento liberará unos días el paseo de Gràcia, pero el resto de la ciudad sigue parcialmente ocupado. Las que siguen son algunas de las situaciones problemáticas más habituales en las calles de Barcelona.

Los obstáculos son una pesadilla para los discapacitados en silla de ruedas y los ciegos
Algunos talleres sacan de día las motos a la calle y llegan a crear una doble y triple fila

- Doble fila. El "sólo será un momentito" es un clásico que origina no pocos problemas. Pequeñas retenciones, imposibilidad de transitar si se trata de una calle de carril único, falta de visibilidad del resto de los vehículos... O desviaciones forzadas de los autobuses si la parada se realiza en el carril destinado al transporte público. En algunos barrios el problema se traslada a la noche: en ausencia de tráfico, los carriles de circulación y los chaflanes se convierten en aparcamiento.

- Carga y descarga. El de la furgoneta o camión descargando donde no debería es otro clásico. Y los problemas que origina, pese a disponer los transportistas de lugares específicos (con frecuencia ocupados por vehículos mal aparcados), son parecidos a los de la doble fila. La disputa por el espacio afecta en algunos casos a un tercer colectivo: el de los ciclistas que transitan por carriles bici como los de las calles del Consell de Cent y Diputació, convertidos de modo regular en lugar de parada de taxis y furgonetas.

- Ciclistas incívicos. Aunque está permitido circular en bicicleta por las aceras de más de cuatro metros de anchura -la inmensa mayoría en el Eixample-, no es de recibo pedalear a toda velocidad, como si la acera fuera la pista de un velódromo. El creciente uso de las dos ruedas lleva del brazo un aumento de incidentes con peatones e incluso con vehículos que salen de aparcamientos. Capítulo aparte requeriría la convivencia de usos en espacios como la Rambla de Catalunya, convertida de hecho en carril bici que convive con paseantes, terrazas, bancos, motos y vehículos de BCNeta.

- Motos en las aceras. También está permitido estacionar en las del Eixample, pero hay situaciones que rozan la barbaridad. La más frecuente, los talleres que, no contentos con sacar de día las motos del local a la calle, llegan a a crear una doble y triple fila: unas colocadas en situación perpendicular respecto al tráfico, otra hilera en posición horizontal y la tercera de cualquier manera. Eso no sólo pasa con los talleres; se repite con los concesionarios que ocupan locales en los que no caben tantas motos. Solución: aparcarlas como pueden dentro por la noche y, al levantar la persiana, estacionarlas en la calle. Es decir, la acera utilizada como prolongación del negocio.

- Obstáculos en general. No sólo las motos y los ciclistas incívicos toman las aceras. Las pueblan otros seres inanimados, como los contenedores y sacos de residuos -en cualquier punto de la ciudad-, y los muebles abandonados, una circunstancia que parecía asociada a Ciutat Vella, pero que se repite también en otros barrios. Son obstáculos que molestan a la mayoría y dificultan el paso de las personas que empujan carritos de bebé o de la compra, y pueden convertirse en una pesadilla para los discapacitados que se mueven en silla de ruedas y los ciegos.

- Andamios de fachadas. Éste es otro clásico en una ciudad que rehabilita buena parte de su parque de viviendas. Lo malo es que en no pocas ocasiones, además de la estructura tubular de la fachada, se está trabajando en la acera, concretamente en el cambio de los vados. Esa circunstancia se ha producido en los últimos meses en el Eixample. La conjunción de los andamios con las vallas de los trabajos para el cambio de los vados es, simplemente, caótica para el peatón, al que obliga a bajar a la calzada.

- El supermercado en la calle. No es que se compren los productos en la calle. Algunos establecimientos optan por utilizar las aceras como almacén de las grandes cestas que contienen toda suerte de productos. En muchos casos es por falta de espacio en el interior o sencillamente por comodidad. A veces, esa ocupación no es momentánea, sino que se prolonga durante buena parte de la mañana o de la tarde.

Esta información ha sido elaborada por Blanca Cia, Clara Blanchar y Francesc Arroyo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 21 de septiembre de 2005.

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