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OPINIÓN DEL LECTOR

La reforma del Prado-Recoletos

Los ciudadanos madrileños podemos, hasta el próximo 30 de septiembre, acudir a la calle de Gran Vía, 24 para poder contemplar en maqueta y mapas de colorines la propuesta contenida en el proyecto de remodelación del eje Prado-Recoletos para reformar una zona que, ya hoy día, es una de las más impresionantes avenidas de la ciudad de Madrid.

Uno no puede dejar de manifestar su estupefacción al contemplar la propuesta. Si exceptuamos el traslado de la estatua de Colón, que de su emplazamiento actual pasa a situarse en el lugar donde ya estuvo hace años, en el centro de la plaza del mismo nombre, el proyecto no es sino una operación pura de maquillaje. Nada que objetar al traslado de la estatua, pero habría que debatir sobre el coste de hacer dos veces la misma cosa. Si la estatua ya estaba en el centro del paseo, ¿por qué se cambió y por qué se vuelve a cambiar ahora?

Las propuestas no pasan de alterar la situación de las casetas de la cuesta de Moyano, ensanchar las aceras del paseo del Prado (hoy día son ya las más generosas de la ciudad) y alguna que otra actuación menor para justificar poner patas arriba, nuevamente, las calles de Madrid.

La única actuación de gran calado para algunos ciudadanos era el derribo de viviendas en la zona del paseo de Reina Cristina, y esto, afortunadamente, se ha desechado. También el derribo del colegio situado en este mismo paseo. En este caso, para dejar visible el campanile del Panteón de Hombres Ilustres. Advierto de que, actualmente, la parte inferior que se pretende dejar al descubierto con el derribo del colegio es invisible por los frondosos árboles que adornan el paseo de la Reina Cristina y el parquecito que cobija el monumento a los héroes del Caney.

La zona es de las pocas de Madrid que hacen honor a su nombre: paseo. Sus siempre numerosos viandantes, sus edificios, su denso arbolado, sus plazas, sus bellos rincones, sus hoteles, sus museos, sus cafeterías, terrazas de verano, y un largo etcétera, seguirán prácticamente como están hoy. El proyecto no va a suponer un cambio radical, una revolución. El único efecto positivo que parece se desprende notoriamente del proyecto es el templado del tráfico, para lo cual no hace falta remodelar nada ni gastarse un duro. Para quitar los coches, los madrileños no necesitan este proyecto. Todas las actuaciones contenidas en el proyecto se pueden llevar a cabo con las obras que ya el Consistorio realiza habitualmente para remodelación y ensanche de aceras, reposición de mobiliario urbano, mantenimiento y recuperación del arbolado, farolas...

El proyecto es un despilfarro y supondrá llenar de obras y zanjas esta singular zona de la ciudad para dejarla prácticamente como está. Adicionalmente, las obras no responden a ninguna de las inquietudes que los distintos estamentos madrileños, a través de los múltiples foros de que dispone, hayan demandado.

Apelo a la cordura, valentía y a las altas dosis de sentido común que ha demostrado en otras ocasiones el equipo municipal gobernante (señores Gallardón, Calvo, Cobo, Berzal, etcétera) para que reflexione sobre el coste/beneficio de esta obra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de septiembre de 2005