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CARTAS AL DIRECTOR

Algunas palabras pueden matar

Estamos tan acostumbrados a recibir continuas noticias de casos de violencia doméstica, que olvidamos en cierta manera el acoso psicológico al que se ve sometida la víctima. En los malos tratos, no sólo se atenta contra la integridad física de una persona, sino también deja unas graves secuelas psíquicas. No quiero olvidar a miles de personas que también sufren en silencio una situación de maltrato psicológico. Es muy importante que la sociedad comprenda que antes del terror casi siempre está la palabra. Los insultos, gritos y frases despóticas o despectivas referidas al otro son una manera de ir anulando la personalidad de la víctima, de atacar su dignidad humana. Las personas que sufren estos acosos y humillaciones se ven abocadas a un agujero profundo sin fondo. Inmersas en la soledad, su autoestima se desintegra y se rompe. Sufren en silencio, su alma va siendo dañada poco a poco. Ante los ojos de la gente de su entorno, no son visibles sus heridas internas, ni su sufrimiento interior.

Con el tiempo, van apareciendo en ellos síntomas que pueden alertar (a la familia o personal sanitario) esto es debido a que el cuerpo sólo es reflejo del estado del alma. Desde aquí animo a todas las personas que sufren esto a decir basta ya, y perder el miedo a denunciar los hechos. Las heridas físicas al ser visibles pueden ser tratadas con mayor rapidez y celeridad, pero el poder dañino de las palabras y humillaciones continuas son heridas del alma difíciles de cicatrizar.

Se debe inculcar a toda la población (empezando con los niños en las escuelas) que jamás se debe permitir la falta de respeto y cruzar el límite en una relación interpersonal. Quizá de este modo se evitarían muchas muertes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de septiembre de 2005