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Reportaje:ELECCIONES EN ALEMANIA

Alemania afronta la tarea pendiente de la integración

El Gobierno que surja de las elecciones del próximo domingo tendrá que asumir el reto de cerrar la brecha educativa entre alemanes e inmigrantes

En un país con más de siete millones de extranjeros en una población de 82 millones de habitantes, la extrema derecha ha convertido la inmigración en su bandera. Los democristianos han preferido centrar el debate en su negativa a la entrada de Turquía en la UE. Y el SPD, en la deficiente integración de esos inmigrantes, muchos de ellos ya nacidos en Alemania.

El colegio Eberhard Klein, situado en el barrio berlinés de Kreuzberg, es el primero de Alemania en el que no quedan alumnos alemanes. "Cuando vienen padres alemanes les recomiendo que acudan a otra escuela. Mi obligación es avisarles de que aquí sus hijos no van a entender la lengua que se habla en el patio del recreo", asegura su director, Bernd Böttig. En el Eberhard Klein Oberschule, un edificio de 1886, limpio y cuidado, estudian 340 adolescentes de 13 a 16 años. De ellos, el 80% procede de familias turcas; el 15% es árabe, y el resto, de otros países. La mayoría de ellos ha nacido en Alemania, pero su dominio del idioma es deficiente porque apenas lo practican, ya que viven en un entorno, el barrio de Kreuzberg, considerado la mayor comunidad turca fuera de Turquía. "El curso pasado teníamos cuatro alemanes y se sentían completamente desplazados. Prefiero que no haya ninguno. Si acaso, al menos 30% para que no estén solos", añade el director Böttig.

En Alemania viven unos siete millones de extranjeros, un 8% de la población total

"Entre los extranjeros el índice de paro es el doble", apunta un diputado de la CDU

Éste presume del buen ambiente que se respira en su centro. Turcos y árabes no se mezclan demasiado, pero no hay conflictos ni peleas. En el Eberhard Klein, cada hora lectiva se convierte en una clase de alemán. "Tratamos de crear situaciones en las que se vean obligados a hablar alemán, con clases suplementarias y actividades, porque sabemos que la competencia lingüística es elemental para que puedan salir adelante y encontrar un trabajo", aclara Böttig. Pero el director no alberga grandes esperanzas. "El mercado laboral está muy mal y, a igualdad de calificaciones, las plazas de aprendizaje en las empresas se las dan a los alemanes", lamenta.

En Alemania viven alrededor de siete millones de extranjeros, lo que supone más de un 8% de la población total. Otro millón ha adquirido la nacionalidad alemana en los últimos años. El 25,6% de la población extranjera es turca.

En Berlín, la proporción de inmigrantes es del 13,2%, una cifra muy moderada si se la compara con Francfort (25,9%) y Offenbach (31,4%), ambas a orillas del río Meno. El 12% de los niños nacidos en Alemania son de familia extranjera. Sobre sus hombros recaen, cada vez más, las pensiones de los alemanes de hoy. Sin embargo, su formación y su acceso al mercado laboral son precarios, no sólo por el idioma. El 46% de los extranjeros entre 30 y 40 años carece de cualquier formación profesional.

"Nuestro sistema educativo es muy injusto", asegura el candidato a diputado por Los Verdes Omid Nouripour. Nacido hace 30 años en Teherán, Nouripour se presenta a las elecciones del domingo gracias a que la nueva ley de nacionalidad le permitió adquirir el pasaporte alemán. "El sistema educativo alemán no está en condiciones de incidir sobre las necesidades individuales. El ascenso social a través de la educación se hace muy difícil", denuncia Nouripour.

Así lo constata el último informe de la encargada del Gobierno para asuntos de Inmigración, Marieluise Beck: "Al parecer, nuestras instituciones educativas no están en condiciones de compensar las diferencias sociales y culturales. Pero no nos podemos permitir ignorar el potencial educativo de una parte de nuestra población infantil y juvenil". "Si vengo de una familia con poca formación, mis posibilidades de ir a la universidad son casi nulas", explica Nouripour.

La mayoría de las familias que llegaron a Alemania en los años sesenta respondían a este patrón: procedentes del medio rural con escasa formación, pues el trabajo que vinieron a hacer no la requería. Hoy es el empleo llamado de cuello azul (que no requiere formación) el que más escasea.

"Entre extranjeros, el índice de paro es el doble que en la población total y el de personas dependientes de la ayuda social triplica al total", apunta el diputado de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) Wolfgang Bosbach. Su partido, probable ganador de las elecciones del domingo, aboga por empezar a fomentar el aprendizaje del alemán desde los primeros años, aumentando el número de niños de inmigrantes que acuden a la guardería.

Seyran Ates, abogada de origen turco de 41 años especializada en mujeres inmigrantes, no cree que la Democracia Cristiana haga mucho por mejorar la situación. "Salvo una serie de lugares comunes, en su programa no hay nada que apunte a que realmente quieran impulsar la integración. Seguramente recortarán la inversión en este terreno", lamenta. Ates reconoce que la integración requiere también un esfuerzo por parte de los propios extranjeros.

Bosbach, portavoz de inmigración del grupo parlamentario de la CDU, lo expresa así: "No se pueden sentar y decir. 'Bueno, Estado, ahora ocúpate de mí'. Y si luego no funciona, el culpable es el Estado". Para Omid Nouripour, los que llegan vienen con ganas de trabajar y salir adelante. "No es verdad que se sienten y digan 'qué bien que estoy aquí, ahora integradme", dice el político de origen iraní.

"Hay que hacerles sentir que pertenecen a este país", apunta Bernd Böttig desde su hermosa escuela. "Tengo uno de los colegios más bonitos de Berlín", dice orgulloso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de septiembre de 2005