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Editorial:

La ONU, debilitada

Las Naciones Unidas salen debilitadas del escándalo de corrupción del programa Petróleo por Alimentos, como bien señala el informe acusador elaborado a lo largo de un año de investigación por Paul Volcker, antiguo presidente de la Reserva Federal de EE UU. Éste ha señalado "serios casos de conducta ilícita, contraria a la ética y corrupta". Aunque ha dirigido el dedo acusador contra Kofi Annan como administrador jefe de la ONU, ha exonerado, sin embargo, al secretario general de inmoralidad. El propio Annan ha asumido su "responsabilidad", pero nadie le ha pedido la dimisión (su segundo mandato acaba a finales de 2006), pues también el Consejo de Seguridad tiene parte de culpa en el descontrol de esas cuentas gigantescas.

Annan pierde respetabilidad en unos momentos cruciales, cuando la semana próxima se va a celebrar la cumbre a la que asistirán más de 170 mandatarios para celebrar el 60º aniversario de la ONU, que tiene sobre la mesa una reforma en profundidad de la organización que puede quedar en papel mojado. El peligro es que se limite a la gestión interna y no aborde un proyecto más ambicioso para adaptar la institución, eje central para un multilateralismo eficaz del que recela la Administración de Bush, a los retos del siglo XXI.

El programa Petróleo por Alimentos estaba inspirado por fines humanitarios. Se trataba de permitir al Irak de Sadam Husein, bajo embargo internacional, vender una parte limitada de su petróleo para comprar alimentos y medicinas con los que aliviar el sufrimiento de la población. De 1996 a 2003, año en que terminó tras la ocupación militar norteamericana, el programa manejó 64.000 millones de dólares, pero se desviaron de forma corrupta unos 17.000 millones. Si se compara con el presupuesto anual de 10.000 millones de dólares de la ONU y todas sus agencias, es evidente que Naciones Unidas no estaba preparada para gestionar bien tales cantidades. Se creó un monstruo del que se aprovecharon muchos, desde Sadam hasta los que hicieron negocios con él, entre ellos, según parecen confirmar las investigaciones, el hijo de Annan cuando trabajó para una empresa petrolera. La mala fama del hijo agrava, por desgracia, la responsabilidad del padre.

Las carencias de Annan como administrador jefe son aún más lamentables ante el hecho de que es el primer secretario general emanado de la propia burocracia de la organización. Bien es verdad que en estos años Annan se ha convertido en una referencia diplomática y política antes que funcionarial. Y que, al cabo, Irak ha debilitado a la ONU: por este programa y por la ilegal invasión. Lo que ponen de relieve estos episodios es que reformar a fondo la institución es indispensable para la gobernanza mundial.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de septiembre de 2005