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Reportaje:

El autobús de los gamberros

El vandalismo de un grupo no identificado obliga a suspender el transporte gratuito a las fiestas mayores del Ripollès

Rajar la tapicería, romper los ceniceros, arrancar las butacas o amedrentar al conductor del autobús se habían convertido en las principales distracciones de los vandálicos usuarios del servicio Anem de festa en bus, que los fines de semana trasladaba a jóvenes del Ripollès a las fiestas mayores de la comarca. El Consejo Comarcal decidió ayer suspender de manera indefinida el servicio, después de que la compañía de autobuses adjudicataria debiera reparar los graves desperfectos sufridos hace dos fines de semana en uno de sus vehículos y reclamara unas mínimas garantías de seguridad durante el trayecto.

Fuentes de la compañía Teisa admitieron ayer que el autobús que realizó el último trayecto trasladando a un grupo de jóvenes desde Ripoll hasta la fiesta mayor de Planoles, sufrió graves desperfectos. "Nunca había visto nada igual; era impresionante, había destrozos por todos lados, incluso butacas arrancadas de cuajo. Me pregunto cómo podía conducir el chófer", aseguró la misma fuente.

El presidente del Consejo Comarcal del Ripollès, Miquel Sitjar, mantiene que el grupo de vándalos, que define como "gente muy colocada que en algunos casos roza el coma etílico", había llegado a convertir el vehículo en "su autobús", degradando su función y disuadiendo al resto de los usuarios de utilizarlo. Sitjar advierte que se trata de un grupo muy reducido que puede englobarse en el fenómeno genérico del vandalismo juvenil. A pesar de que los problemas de conductas incívicas no son una novedad en este servicio, este verano se han rebasado los límites. Los pasajeros del Anem de festa en bus habían empezado a extender su mala reputación. Noctámbulos habituales de la comarca explican incluso que el ambiente de las fiestas de algunos municipios empezaba a degradarse precisamente en el momento en que aparecían los usuarios de este autobús, sufragado por el Consejo Comarcal.

Aunque las conductas de los jóvenes viajeros son delitos tipificados, Sitjar asegura que no se ha podido identificar ni detener a ninguno de ellos porque se topan con que "nadie denuncia a nadie". Incluso facilitaron al conductor el teléfono de los Mossos d'Esquadra para que les avisara en caso de desmanes y se montó un operativo de seguimiento policial que no dio ningún resultado. Las constantes amenazas que recibían los chóferes dificultaban la persecución policial. También se consideró la posibilidad de contratar a un guardia de seguridad privado.

Representantes de la compañía Teisa, que gestiona junto a Sarfa otro popular servicio nocturno entre Girona y la zona lúdica de Platja d'Aro, reconocen que a menudo se ven obligados a limpiar allí "algún vómito" o a "despertar a algún usuario que duerme la mona" al final del trayecto de vuelta, pero que jamás han sufrido actos de vandalismo tan brutales como los del autobús del Ripollès. El servicio, que se realizaba desde hace siete años, podría reanudarse el próximo verano, aunque se estudiarán medidas de seguridad que eviten los conflictos. El Consejo Comarcal asegura que en tal caso se garantizará "tanto la seguridad de los pasajeros como la del conductor".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de septiembre de 2005