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OPINIÓN DEL LECTOR

Taxis en Barajas

Todo comenzó el viernes, cuando me decidí a viajar en avión a Alicante para evitarme los grandes atascos de la operación salida, a los que gratuitamente contribuye la buena actuación de la DGT.

Pero lo peor estaba por venir: la vuelta, tras los trámites para abordar, y tras una hora de retraso en el despegue, llegué a Barajas con la intención de coger un taxi que me llevara a casa (23:45).

El taxista me preguntó: "¿a dónde va usted?". Para mi desgracia, mi casa está a tan sólo cinco minutos. Al decirle mi destino, esté me comunicó que no podía llevarme, porque llevaba una hora de espera para ir a tan sólo cinco minutos. Me dijo que me fuera a buscar otro taxi. Tras 30 minutos de continuo rechazo por parte del gremio del taxi, pensé en las Fuerzas de Seguridad del Estado. Contacté con la Benemérita. Le describí la situación en la que me encontraba y el agente me escuchó estupefacto. Me dijo que qué quería que hiciera él. Me dijo que fuera a la comisaría de Policía Nacional que hay en el aeropuerto. El agente que se encontraba de guardia me dijo que tampoco podía hacer nada.

Acudí a la Policía Municipal. Tardaron en cogerme el teléfono, a las 00:30, veinte minutos. Por fin, les puse al tanto de mi situación, me aseguraron que mandarían un coche patrulla. Tras 15 minutos de larga espera, allí no apareció nadie, con lo que me busqué la vida solo. Encontré un amable taxista que pasaba por allí y accedió a llevarme. El trayecto me costó 10 euros: todo un chollo para mis bolsillos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de agosto de 2005