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Reportaje:

Los presos y el precio de la paz

La puesta en libertad de los presos del IRA y de las organizaciones paramilitares unionistas de Irlanda de Norte fue uno de los elementos clave del Acuerdo de Viernes Santo, que puso fin a más de tres décadas de violencia y abrió el camino a un proceso de normalización política

Se acaban de cumplir cinco años de la amnistía "bajo licencia" concedida por Londres a los presos del IRA y las organizaciones paramilitares lealistas de Irlanda del Norte. En total, 447 convictos de terrorismo, incluidos 116 por delitos de sangre, se han beneficiado del programa de excarcelación anticipada negociado en el Acuerdo de Viernes Santo, de 1998. Hoy no queda nadie en las cárceles.

Jim McVeigh, de 41 años, es uno de ellos. Salió de la prisión de Maze, a unos quince kilómetros de Belfast, el 28 de julio de 2000. Formó parte, con medio centenar de presos del IRA, de la última hornada de excarcelaciones "bajo licencia" -es decir, condicionadas a que no haya reincidencia- concedidas por el Gobierno de Tony Blair.

El Acuerdo de Viernes Santo fue un intento de poner fin a un conflicto que había causado 3.523 muertes desde 1969 hasta 2001

El Gobierno británico reconoció pronto que no podía haber una resolución del conflicto mientras los presos siguieran encarcelados

Los Gobiernos confiaron en los presos para encauzar el proceso y concedieron 48 horas de permiso antes del reférendum

"Todos sabíamos que la cuestión de los presos debía entrar en la negociación", afirma McVeigh ante el mural de Bobby Sands, pintado sobre la fachada lateral de la sede del Sinn Fein en Falls Road (Belfast). El programa se inició pocos meses después de la firma del Acuerdo de Viernes Santo, de abril de 1998, y en un plazo de dos años recobraron la libertad medio millar de terroristas católicos y protestantes miembros de organizaciones terroristas en tregua. Entre los liberados había 194 reclusos republicanos y 194 unionistas. Y entre ellos, 166 condenados a cadena perpetua relacionada, en su mayoría, con uno o múltiples asesinatos.

El acuerdo -un intento de poner fin a un conflicto que había causado 3.523 muertes desde 1969 hasta 2001- fue negociado por los Gobiernos británico e irlandés y nueve de los diez partidos norirlandeses más votados en las elecciones anteriores. El protestante Partido Demócrata Unionista (DUP), del reverendo Ian Paisley, actual primera fuerza política del Ulster, se mantuvo al margen del acuerdo.

El nivel de reincidencia de los presos excarcelados ha sido mínimo, pero los frutos adicionales que se esperaban en cuanto a desarme y fin de la criminalidad de los grupos armados aún no se han materializado y el Gobierno autonómico del Ulster sigue suspendido. Para que se reanude, deberá concretarse el cese de la actividad armada anunciado por el IRA el pasado 28 de julio, y alcanzarse un acuerdo entre el Partido Demócrata Unionista (DUP) de Paisley y el Sinn Fein de Gerry Adams, que lideran las comunidades protestante y católica en Irlanda del Norte.

El acuerdo pactado reconocía que "la resolución del decomiso de las armas es parte indispensable del proceso negociador", pero sus firmantes tan sólo se comprometieron en el documento a "utilizar toda su influencia" para lograr el desarme en un plazo de dos años. Los grupos aún siguen armados.

Asesinos notorios

Con todo, abandonaron las celdas notorios asesinos. Pat Magee lideró el comando que hizo explotar una bomba en el Grand Hotel de Brighton, donde se hospedaban Margaret Thatcher y miembros de su Gabinete durante el congreso del Partido Conservador de 1984. Hubo cinco muertes en el atentado y 34 heridos. Su colega republicano, James McArdle, destruyó en 1996 un edificio en Canary Wharf (Londres), matando en la explosión a dos vendedores de prensa. Rompía, con su ataque, la tregua del IRA anunciada dos años antes.

En el bando protestante, Michael Stone estaba condenado a seis cadenas perpetuas por sendos asesinatos, incluidos tres perpetrados durante el funeral de los miembros del IRA asesinados en Gibraltar, en marzo de 1988.

El también lealista Torrens Knight había matado a cuatro obreros católicos y, en un macabro acto de revancha, acribilló a balazos a siete parroquianos en un pub de Derry (Irlanda del Norte) en 1993. Knight se vengaba de la matanza en una pescadería de Shankill Road, calle protestante de Belfast, cuando la bomba que portaba Sean Kelly mató a nueve personas y a su compañero del IRA, Thomas Begley.

McVeigh cumplía una condena de 24 años por intento de asesinato, con bomba lapa, de un oficial del Royal Ulster Constabulary, el antiguo cuerpo de policía de Irlanda del Norte. Había vivido antes entre rejas, de diciembre de 1983 a enero de 1991, por posesión de explosivos. No estuvo inactivo mucho tiempo. Y a su retorno a Maze, en diciembre del mismo año, fue portavoz del colectivo de presos del IRA, un total de 205 en 1998.

"El proceso fue conducido por nuestros líderes. Se nos informó de cada decisión, nos consultaron y nos escucharon, pero en ningún momento tuvimos derecho a veto. No fuimos un elemento clave en la toma de decisión de la primera tregua del IRA, en 1994. La dirección nos dijo, y nosotros lo aceptamos, que la cuestión de los presos, aunque importante, no podía dominar la negociación política. Lo esencial era lograr la libertad de Irlanda", razona McVeigh.

"Para el nacionalismo democrático, las condenas estaban justificadas y la búsqueda de una solución nos resultó dura. Pero estaba claro que, sin un compromiso al respecto, las organizaciones paramilitares no iban a firmar el acuerdo", advierte Alex Attwood, responsable en asuntos policiales del católico SDLP, el Partido Social Demócrata Liberal, que entonces lideraba el Nobel de la Paz John Hume.

El Gobierno británico pronto reconoció que, como señala McVeigh, "no podía haber una resolución del conflicto mientras los presos siguieran encarcelados". En enero de 1998, la entonces ministra de Irlanda del Norte, Mo Mowlam, se entrevistó en el penal de Maze con presos lealistas y, en una segunda visita, con reclusos republicanos, entre ellos, McVeigh.

"No voy a hacer concesiones ni a negociar, sino a explicar que las medidas que persigue el colectivo de presos, incluidas las liberaciones anticipadas, se tratarán dentro del contexto de un acuerdo negociado. Es necesario negociar y alcanzar un acuerdo", justificó la ministra.

David Trimble, unionista, ministro principal del intermitente Gobierno autonómico hasta su derrota electoral de 2003, también se entrevistó con presos lealistas pese a la oposición de su partido, el Unionista del Ulster (UUP), a la amnistía.

"Los republicanos fueron más agresivos que los lealistas en las reclamaciones a favor de los presos. Nosotros comprendíamos el grado de rechazo moral que su excarcelación produciría en la comunidad unionista. Gerry Kelly, del Sinn Fein, me propuso formar un frente común para forzar al Gobierno a liberar a los presos en un año. Le dije que no. El unionismo lo hubiera interpretado como una señal de que los lealistas se unían al proceso, no para sustentar la paz, sino por los beneficios que podían obtener", señala David Irvine, líder del Partido Unionista Progresista (PUP), frente político de los paramilitares de la Fuerza de Voluntarios del Ulster (UVF), con un centenar de reos en 1998.

"El unionismo se considera parte inocente del conflicto y, desde esta perspectiva, ve a los culpables recompensados por el proceso de paz. El tema es más complejo, puesto que todos somos culpables por omisión, palabra o hecho. Los presos respaldaron el proceso, o, al menos, la exploración de la paz, en mayor medida que los políticos unionistas que se opusieron al acuerdo. Siempre he estado atrapado entre dos males: la violencia republicana y el unionismo irrazonable", añade en referencia al reverendo fundamentalista Paisley, líder del DUP, quien boicoteó el proceso de paz, rechazó el Acuerdo de Viernes Santo y debe ahora negociar con el Sinn Fein la formación del Gobierno autonómico.

El Gobierno autonómico

"Habrá acuerdo", añade Irvine con optimismo. "Quizá era necesario que los extremos tomaran el control porque esencialmente son ellos quienes deben pactar. Atravesamos ahora la crisis más profunda que he conocido en mis 52 años de existencia, pero también es la primera que no está acompañada de una violencia organizada".

"La excarcelación de los presos", continúa, "fue una forma de echar el telón sobre los malos tiempos. Los paramilitares no crearon la pesadilla de Irlanda del Norte. Viene de antes, de las acciones de nuestros fallidos políticos. Mucha gente es responsable de esta pesadilla, y la noción de que debemos retener a unos 400 presos, culparles y castigarles por la terrible historia de Irlanda del Norte es ridícula".

Londres y Dublín confiaron en los colectivos de presos para encauzar el proceso de paz. En mayo de 1998, en vísperas del referéndum sobre el acuerdo, concedieron permisos de 48 horas a históricos del IRA para asistir al congreso del Sinn Fein en el que el pacto se sometió a voto.

Entre ellos estaba Padraig Wilson, condenado a 24 años de prisión por posesión de bomba. "Es una medida excepcional para promover el debate global y favorecer el proceso de paz", señaló Mowlam. La estrategia funcionó en el campo republicano, que procedió a acomodar sus estatutos para participar en la vida constitucional. También dio oxígeno a la campaña del No liderada por Paisley, aunque finalmente el 71% del electorado norirlandés respaldó el Acuerdo de Viernes Santo.

Sin avances en el desarme, el Gobierno de Blair comenzó a apuntalar legalmente el acuerdo. En junio de 1998 presentó en Westminster el proyecto de ley que, dos años más tarde, dejaría las cárceles británicas sin apenas ningún recluso político. La legislación introdujo "salvaguardas rigurosas" en la amnistía "bajo licencia" de los acusados de delitos terroristas que "rechacen genuinamente la violencia". El ministro de Irlanda del Norte se reservaba la potestad de reencarcelar a los reincidentes o a aquellos que incumplieran las condiciones de su excarcelación.

La ley se aprobó con el voto en contra de los conservadores, de seis diputados del UUP y la abstención de su líder Trimble. Fue la primera vez en cinco años que la principal oposición parlamentaria rompía el consenso que tradicionalmente impera en la política antiterrorista británica.

"Acepto que es un asunto difícil y penoso para muchos, particularmente para las víctimas y sus familiares. Pero, al mismo tiempo, muchas víctimas aceptan que es necesario resolver el capítulo de los presos para evitar nuevas víctimas en el futuro", argumentó Mowlam.

"Si realmente quieres poner fin a la pesadilla, hay que sopesar todos sus legados. Es difícil porque detrás de cada preso puede haber muchas víctimas. Pero llega un momento en el que hay que plantearse una cuestión esencial: ¿queremos acabar con la violencia? La violencia crea víctimas y también daña a quien la perpetra. Sería un error crear una jerarquía de víctimas. Hay que evitarlo porque ¿no son también víctimas los hijos y las madres de un terrorista?", cuestiona Irvine.

Irvine tiene el despacho en Newtownards, un barrio del este de Belfast decorado con murales del UVF, con quienes luchó y compartió celda entre 1974 y 1980. "La política del PUP nació en la cárcel. Hay un hilo que enlaza la prisión con los liderazgos lealista y republicano", observa.

En la práctica, los presos salieron a la calle sin renunciar personalmente a la violencia, sin comprometerse con la vía democrática y sin pedir perdón a las víctimas. Se creó una comisión independiente, el Comité para la Revisión de Sentencias, encargado de evaluar cada caso.

"No firmamos nada ni nos reclamaron nada. Tampoco renunciamos a la violencia ni prometimos nada. El comité certificó que el IRA estaba en tregua y, por tanto, todos sus miembros teníamos derechos a la amnistía o, en términos oficiales, a la reducción de las condenas. El hecho es que a los dos años estábamos todos fuera", confirma McVeigh.

"No se atendió a las víctimas apropiadamente. Algunas hablan públicamente del daño causado, pero cientos más sufren en silencio. Están asqueadas y airadas", resalta el católico Attwood. De acuerdo con el diputado autonómico del SDLP, ni los grupos paramilitares ni el "Estado británico" desean dar protagonismo a las víctimas. "No quieren situar a las víctimas en el centro del proceso porque la gente se daría cuenta de que el IRA es responsable de la mitad de las muertes; los lealistas, de un millar, y el Estado, de las restantes", denuncia.

Las estadísticas oficiales del terror responsabilizan a los republicanos del 59% de las víctimas mortales; a los lealistas, del 28%, y a las fuerzas de seguridad, del 11%. Sutton las contabiliza en términos absolutos: 2.055 muertos por ataques republicanos, 1.020 por acción de paramilitares lealistas, 363 por las fuerzas de seguridad británicas, 5 por sus homólogos irlandeses y 80 cuya autoría se desconoce.

El SDLP ha propuesto un "mecanismo de recuperación de la verdad" por el que, según explica Attwood, la cúpula republicana, incluidos Gerry Adams y Martin McGuinness, los líderes lealistas y los ministros británicos podrían "reconocer y responsabilizarse de los actos por ellos cometidos, organizados o dirigidos". "Es necesario para aliviar la carga", defiende.

Se han dado algunos pasos en Irlanda de Norte hacia la reconciliación. Entre ellos, la revisión de acciones polémicas del Ejército británico, la reapertura de casos policiales, la investigación de posibles colusiones entre la policía de Irlanda del Norte (RUC) y los paramilitares lealistas e, incluso, la disculpa pública de Blair por algunos fallos judiciales del pasado. El IRA ha admitido errores en su lucha armada y ha pedido disculpas a los "civiles inocentes".

Las disculpas del IRA

"El movimiento republicano ha matado a gente inocente, generalmente por accidente o equivocación. El IRA se disculpó. Fue lo correcto. No es un consuelo para sus familiares, pero para nosotros fue importante reconocer los errores. Es importante seguir diciendo que hemos hecho daño, que hemos destruido familias... pero, al mismo tiempo, se debe reconocer que nosotros también hemos sufrido y que nuestras pérdidas no son ni más ni menos importantes que las de las familias del RUC o de las tropas británicas. El IRA nunca se disculpará por los combatientes que ha matado: los soldados, policías, chivatos y demás gente directamente comprometida en el conflicto", advierte McVeigh.

El programa de excarcelaciones funcionó en tanto que las reincidencias han sido mínimas. De los 447 presos liberados, 13 perdieron temporalmente su licencia de excarcelación, incluidos casos notorios en ambos lados, como el del lealista Johnny Adair, actualmente exiliado en Inglaterra por sus propios compañeros de armas.

En el bando republicano, Sean Kelly, autor de la matanza en la pescadería de Shankill Road, fue reencarcelado hace dos meses por promover la violencia durante las tradicionales marchas orangistas-protestantes. El actual ministro de Irlanda del Norte, Peter Hain, le concedió una vez más la libertad la víspera del anuncio del fin de la campaña armada del IRA. La decisión enfureció al unionismo y puso en evidencia la importancia que el Gobierno británico concede a los presos políticos en las diferentes fases del proceso de paz.

Los presos, punto 10 del Acuerdo de Viernes Santo

1. AMBOS GOBIERNOS pondrán en marcha mecanismos para garantizar un acelerado programa de liberación de los presos, incluyendo los presos transferidos, condenados por delitos contemplados en Irlanda del Norte o, en el caso de condenados fuera de Irlanda del Norte, por delitos similares (de ahora en adelante, presos calificados). En cualquier caso, esos mecanismos protegerán los derechos de los presos individuales bajo la ley nacional e internacional.

2. Los presos afiliados a organizaciones que no hayan establecido o que no hayan mantenido un completo e inequívoco cese del fuego no se beneficiarán del acuerdo. La situación al respecto será mantenida bajo examen.

3. Ambos Gobiernos completarán un procedimiento de revisión dentro de un plazo establecido y fijarán fechas de liberación de los presos calificados. El procedimiento de revisión proveería el avance de las fechas de liberación de los prisioneros calificados teniendo en cuenta la gravedad de los delitos por los que las personas fueron condenadas y de la exigencia de proteger a la comunidad. Además, la intención sería que, si las circunstancias lo permiten, cualquier preso calificado que quedara detenido dos años después del inicio del procedimiento de liberación, sería liberado al cumplirse los

dos años.

4. Los Gobiernos intentarán promulgar la legislación adecuada para dar eficacia a estos acuerdos para el final de junio de 1998.

5. Los Gobiernos siguen reconociendo la importancia de medidas que faciliten la reintegración de los prisioneros dentro de la comunidad, ofreciendo apoyo tanto antes como después de la liberación, incluso con asistencia dirigida

hacia su inserción laboral, su formación, recalificación y ulterior educación.

Un consenso obligado entre unionistas y republicanos

LOS DOS POLOS EXTREMOS de las fuerzas políticas norirlandesa, el Partido Unionista Democrático (DUP) y Sinn Fein, controlan la llave de la futura autonomía del Ulster, que sigue suspendida. Londres suspendió el Gobierno y Asamblea de Belfast en octubre de 2002 y recuperó la gestión de las competencias anteriormente transferidas. Era la tercera vez que el poder retornaba al ministerio británico de Irlanda del Norte desde la formación, en diciembre de 1999, del primer Gobierno compartido entre unionistas y nacionalistas en virtud del Acuerdo de Viernes Santo, del año anterior.

En las tres ocasiones, la falta de progreso en el desarme del IRA contribuyó a la caída del autogobierno norirlandés. Sus presos se acogieron al programa de excarcelaciones anticipadas pactado en el mismo acuerdo y salieron a la calle 15 meses antes del primer acto de decomiso del arsenal republicano, en octubre de 2001. Éste y otros dos ejercicios similares, en abril de 2002 y octubre de 2003, se condujeron en secreto sin más testigos que el general John de Chastelain, presidente de la Comisión Internacional Independiente para el Decomiso de las armas. No se publicó ninguna relación del armamento, municiones o explosivos que el IRA puso "fuera de uso".

Mientras, la desconfianza crecía entre la comunidad y los líderes unionistas. Y en las últimas elecciones autonómicas, en noviembre de 2003, se trazó un nuevo mapa político en Irlanda del Norte.

Las fuerzas moderadas de ambas comunidades -el Partido Unionista del Ulster (UUP), entre los protestantes, y el Partido Social Demócrata Liberal (SDLP), entre los católicos- perdieron votos y escaños a favor de formaciones más

radicales.

El DUP y el Sinn Fein se alzaron por primera vez como partidos dominantes en la segregada sociedad de Irlanda del Norte. Son polos opuestos y eternos enemigos. Liderado por Ian Paisley, el DUP luchó contra cada avance del proceso de paz y ahora exige reformas del Acuerdo de Viernes Santo. Ello crea una situación de bloqueo, ya que, de acuerdo con los pactos de Viernes Santo, la autonomía debe ser compartida por las dos comunidades.

La distribución del poder autonómico se asienta en el principio de "inclusividad" para asegurar la presencia en el Ejecutivo de Belfast de las dos principales comunidades de Irlanda del Norte, unionista y nacionalista o republicana. Los miembros de la Asamblea, un total de 108, deben declarar su identidad política en su sesión inaugural y proceder a la selección del ministro principal y del viceministro bajo el mismo principio,uno para cada comunidad. Tras las elecciones de 2003, ambos cargos corresponden al DUP y Sinn Fein, respectivamente. Pero Ian Paisley se niega a compartir Gobierno con la formación de Gerry Adams hasta que cesen en la práctica todas las actividades criminales del IRA y se certifique le destrucción de los arsenales republicanos.

Con Gerry Adams al frente, Sinn Fein aspira a entrar en Gobiernos de coalición en Belfast y, también, en Dublín. La renuncia a la "campaña" armada, anunciada el pasado mes de julio, de su brazo militar le ayudará a abonar el terreno hacia ambas sedes de poder.

El IRA está en cuarentena. La organización anunció el fin de todas sus actividades ilegales, pero aún debe llevar a la práctica sus palabras. El desarme total, por una parte, que esta vez será ratificado por dos clérigos de la Iglesia católica y protestante, además del general De Chastelain.

Por otro lado, la comisión independiente de control de las actividades de los grupos paramilitares presentará dos informes, los próximos octubre y enero, sobre la evolución de las promesas del IRA. Una evaluación positiva, que certifique el cese de la violencia de baja intensidad y de cualquier otro tipo de criminalidad, será determinante en el futuro de su brazo político.

Sólo entonces podrá el Sinn Fein reclamar a Londres que ejerza presión para conducir a Paisley a la mesa negociadora. El destino de los viejos enemigos está estrechamente enlazado y conduce hacia el autogobierno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de agosto de 2005

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