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ALIMENTOS CON APELLIDO

'Neules'

Las neules son un sencillo barquillo de forma cilíndrica y alargada como un lápiz de carpintero. Se elaboran con una masa líquida compuesta de harina y azúcar, clara de huevo a temperatura ambiente, raspadura de limón, esencia de vainilla y mantequilla. Se bate la clara de huevo a punto de nieve y se le añade el azúcar. Se mezcla bien y se le echa la mantequilla. Se le añade la harina, la raspadura de limón y la esencia de vainilla. Se unta una bandeja especial para el horno con mantequilla y se espolvorea de harina. Se distribuye parte de la masa con un grosor de unos dos milímetros. Se mete al horno hasta que queda dorada, unos cinco a siete minutos. Se cortan rectángulos de la pasta y se enrollan inmediatamente formando un canutillo. Se deja enfriar en la nevera.

En algunos pueblos del Ampurdán, en medio de la misa dejaban volar pájaros con 'neules' colgando de las patas

Son las neules el acompañamiento ideal de una crema catalana, un sorbete o un helado. Pero la mayor tentación es mojarlas en una copa de cava.

Las neules han sido, y son aún, uno de los productos típicos de la Navidad. Los cagaba el tió a los niños en Nochebuena, junto con los turrones, los frutos secos y otras golosinas. En la misa del gallo los parroquianos adornaban el altar mayor de la iglesia y el ábside con ramas de arbustos de donde colgaban guirnaldas de hostias de todos los colores.

Con las hostias se entremezclaban las neules, que querían imitar las telarañas que colgaban de la cueva donde nació Jesús. Esta tradición está documentada en Igualada en el año 1470. En algunos pueblos del Ampurdán, en medio de la misa dejaban volar pájaros con neules colgando de las patas. En toda Cataluña ha quedado constancia de la tradición de repartir neules en esos días. En Santes Creus se conservan unos neulers con las insignias del abad que regía esta comunidad en el siglo XIV. En el monasterio de Sant Pere de Rodes, el monje que se encargaba de la despensa obsequiaba a cada miembro de la comunidad con 13 neules y una jarra de vino. También la literatura se hace eco de las neules y el beato mallorquín Ramon Llull habla de ellas en su obra Fèlix o Libre de les meravelles.

Durante el ciclo de la Navidad, desde el día de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre, hasta la Candelaria, el 2 de febrero, era costumbre en las casas adineradas comer neules y turrones todos los domingos. Eran pocas las familias que este último día no comieran aunque fuera un pellizco de neula. Probarla más tarde estaba mal visto.

Para diferenciar una neula elaborada artesanalmente de una fabricada a máquina hay que observarla de cerca: las neules artesanales sobresalen unas de las otras porque es imposible que queden de la misma medida. El diámetro irregular indica también la forma artesana. Mirando el interior del canutillo se puede comprobar si es artesanal porque la forma la da el palo de enrollar, que es cilíndrico, mientras que el industrial es hexagonal, porque de otro modo la masa resbalaría.

Por regla general, las neules industriales son de calidad inferior porque la masa ha debido adaptarse a la maquinaria. En última instancia solamente queda probarlas para verificar que el sabor de unas a otras tiene poco que ver.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de agosto de 2005