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Entrevista:EMERGENTES Y DIVERGENTES | Leopoldo de Trazegnies - Escritor y editor furtivo

"El Quijote es un fanático"

En el vestíbulo de un hotel sevillano, olla para congresos, Leopoldo de Trazegnies cuenta los episodios de su vida cervantina.

Pregunta. ¿Cómo se define? ¿Multiusos?

Respuesta. ¡Eso suena a preservativo de segunda mano! Prefiero autoliterato.

P. ¿Autoliterato y autoeditor?

R. No es que no quiera que no me editen, pero me siento más cómodo haciéndolo yo. Así puedo huir de los mercados. Yo no vendo, regalo y difundo mis escritos en mi web.

P. ¿Y de qué vive?

R. De las clases que doy.

P. ¿Cuáles?

R. Formación Profesional para que la gente pueda ascender y promocionarse en sus empresas.

P. Pues usted, que va por libre, parece que no se aplica el cuento.

R. Sí, vivo al día y con contrato temporal.

P. ¿Se lo dice a los alumnos?

R. El primer día. Les digo que todo lo que les voy a enseñar para mí ha resultado inútil, pero que para sus vidas es absolutamente imprescindible.

P. Usted fue pionero informático en España. ¿Cuándo empezó?

R. En 1966, en Bélgica, adonde había llegado desde España como un emigrante vergonzoso más. Estudiaba Derecho en Madrid pero me peleé con los adjuntos a la cátedra, lo dejé y me fui.

P. ¿Tardó mucho en volver?

R. Un poco. En el 68 estuve en París. ¡Y allí no había ni flores ni playas debajo de los adoquines! Estaba yo, trabajando en un sótano que era un almacén de Levi's. El resto fue un invento muy francés, pura retórica, como el bidé, invento inútil que lo único que hace es ocupar sitio en el baño.

P. ¿Tuvo oficios más poéticos?

R. Sí, fui bombillero. ¿Hay algo más poético que darle luz a la gente que no conoces?

P. ¿Y siguió con la informática?

R. Sí, en el Perú. Trabajé en IBM cinco años.

P. Le mirarían como a un extraterrestre.

R. En los años setenta era una excentricidad total. Te miraban raro cuando subías en un ascensor y hablabas en esa jerga. Se tenía la impresión de que éramos los que trabajábamos con las máquinas que iban a dominar el mundo. Una cosa entre 2001, una odisea del espacio y 1984, de Orwell.

P. ¿Y esa manía que le tiene al Quijote?

R. ¡El Quijote es un fanático, un espejo idealista con una base fundamentalista! Se cree en posesión de la verdad. Tiene muchas cosas humanas, amables, pero en el fondo es despreciable. Lo que pasa es que a Cervantes la obra se le va de las manos. Pero empezó odiándolo. Lo construyó a imagen de esa España inquisitorial que a él le puteó toda la vida. Y luego cometió un error: lo hizo bueno.

P. Es manía al personaje, entonces, no al libro.

R. No, al libro no. Cervantes era un hombre tolerante. Él quiso ridiculizarlo porque representaba lo que más odiaba: era un loco peligroso y a nadie le gustaría estar cerca de él.

P. ¿Sigue habiendo gente así?

R. En España todavía ocurren cosas que parecen episodios del libro. Una vez, en Agost, Alicante, cuando yo vendía jabones, me pasó algo que podría salir de El Quijote directamente. Dormía en una casa de putas clandestina y era el único que debía estar solo. De repente, una turba de gente vino a por mí, me querían matar. Por la tarde había estado en las casas de sus mujeres haciendo un estudio de mercado sobre jabones y los maridos me veían como al fontanero polaco de hoy. Les debió resultar raro mi aspecto eslavo. Al final, La Tomasa, la dueña del burdel, les calmó con un discurso digno de Cervantes y acabamos todos emborrachándonos.

P. Su manía por la autoedición y por buscar talentos en Internet, ¿es más quijotesca o borgiana?

R. ¡Borgiana! Internet es Babel, el colmo de la democracia. Mi página tiene medio millón de visitas.

P. Y la Red, ¿se cargará el papel?

R. No, nunca. El libro, como objeto, es el mejor invento que se ha hecho. Lo abres y te lleva a un mundo increíble. Sólo se parece a las drogas. Pero Internet es perfecto para jugar con los lectores. Yo tengo mis poetas heterónimos dando vueltas por ahí, y a veces veo que un chico le ha mandado un poema mío a su novia el viernes para que salga a cenar con él. ¡No hay satisfacción mayor!

De pionero informático a editor virtual

Escribe novelas, poesía y ensayos, edita a capricho y a discreción, pero no vende sus libros: los regala a sus amigos o los cuelga en Internet y deja que se los comenten en su página web o que se los subrayen en el papel de sus Ediciones de la Culebra Coja. Leopoldo de Trazegnies es un heterodoxo procedente de Perú. Vive en Sevilla desde 1977, fue pionero informático y encuestador, recorrió los pueblos de España vendiendo ropa o jabones y ahora navega con sus poemas por la Red.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de agosto de 2005

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