UNA IMPRUDENCIA DESATA LA TRAGEDIA

Los vecinos abuchean a Fernández de la Vega y denuncian falta de medios

La vicepresidenta anuncia que el Gobierno abrirá una investigación sobre el incendio

Con gritos de "¡fuera, fuera!" fue recibida anoche la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, en el centro de emergencias instalado en Alcolea del Pinar (Guadalajara). Los gritos provenían de un centenar de vecinos de los municipios afectados por el incendio. Mostraban gran indignación y rabia, no siempre contenidas, porque creen que faltaron medios materiales y humanos para extinguir el fuego, en el que murieron 11 personas. Los afectados también increparon al presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, José María Barreda.

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La vicepresidenta llegó con gesto visiblemente afectado por la tragedia. Nada más acercarse al Ayuntamiento de Alcolea del Pinar, los vecinos empezaron a chillar: "¿Dónde están los medios? ¿Dónde están los medios?". Fernández de la Vega entró a gran velocidad en la Casa Consistorial escoltada por su servicio de seguridad. Estuvo reunida con los máximos responsables de Guadalajara para ver cómo se coordinaban los medios para extinguir el incendio, iniciado el sábado por una imprudencia en Riba de Saelices, y recuperar los cadáveres.

Sin embargo, la rabia permanecía abajo, en la plaza del Ayuntamiento, donde iban agrupándose cada vez más personas desalojadas de las viviendas de los pueblos afectados y que estaban en Alcolea para pernoctar. "¡Que baje, que baje, que queremos decirle cuatro cosas!", clamaba una mujer con voz angustiada.

Y bajó. Eso sí, su servicio de seguridad intentó organizar a la gente pero le fue imposible ante la avalancha de medios de comunicación, cámaras y, sobre todo, de afectados. Los vecinos empezaron a chillar: "¡Fuera, fuera, fuera!", y entonces algunos empezaron a decirle a la vicepresidenta del Gobierno todo lo que había pasado. Un hombre le dijo que ellos habían avisado muy pronto de todo lo que había ocurrido y que los medios resultaron insuficientes. "La gente del pueblo queríamos hacer un cortafuego por un camino vecinal, pero sin embargo los encargados de la extinción se han empeñado en hacerlo por la carretera de Iniesta a Padilla. ¿Así pretenden atacar a un fuego cuando nosotros somos lo que realmente sabemos cómo apagar esto? No se nos ha hecho caso", dijo a Fernández de la Vega un vecino de Santa María. "Se pongan como se pongan, esta noche vuelvo a mi casa. Sea por la carretera o sea por los trigales, pero yo no me quedo fuera", le increpaba otro.

"¿Por qué han tardado tanto en traer medios aéreos, en especial hidroaviones, y ha venido tan poca gente a apagar las llamas?", chillaba otro vecino, mientras Fernández de la Vega ponía cara de preocupación. "Vaya, vaya usted donde está el fuego y verá lo mal que lo hemos pasado. Llamábamos a la gente, a todos los teléfonos que conocíamos y nadie nos hacía caso", le dijo otra señora. "Llevamos todo el día sin comer, ¿por qué han mandado los aviones al Alto Tajo? No, no me ponga esa cara de ajo", le reprochó otra vecina de Santa María.

La vicepresidenta intentaba explicarse, pero la furia y los nervios de los vecinos le impidieron hablar en muchas ocasiones. Sólo podía decir frases sueltas del tipo: "Nos avisaron a las dos de la tarde". No pudo continuar. "Si no ha entrado en el fuego más gente es porque había un gran riesgo para ellos". Pero lo que quedó claro, porque así se comprometió la vicepresidenta, es que el Gobierno pretende abrir una investigación "para que se aclare todo lo sucedido".

Los escoltas protegieron a Fernández de la Vega mientras se dirigía a su coche. Muchos vecinos quisieron hablar con ella y fueron precisamente estos agentes los que acercaban a los desalojados para que pudieran hablar con ella. "Esto es una catástrofe. Si esos son los medios, no es de extrañar que la gente muera quemada", criticó un vecino. Fernández de la Vega mantuvo un gesto serio y preocupado. En ese momento, acompañada en todo momento del presidente de Castilla- La Mancha, José María Barreda, fue hasta su coche oficial. Y entonces llegaron los mayores abucheos y gritos contra ella y el resto de políticos que acudieron a Alcolea del Pinar.

Barreda lamentó lo ocurrido y señaló que comprendía la reacción de los vecinos ante un incendio que calificó de "diabólico". Añadió que las dos prioridades del Gobierno regional eran atender a las familias de las víctimas y apagar el fuego con la máxima rapidez. "Los datos de que dispongo avalan que no hubo tanta tardanza como aseguran los vecinos. Cualquier demora parece eterna en una situación como la que han vivido", afirmó. Según sus datos, el primer aviso lo recibió el teléfono de emergencia 112 a las 14.44, y la primera dotación llegó a las 17.17. "El frente del fuego se hizo muy potente por el viento que soplaba", añadió Barreda. Éste se trasladó, al igual que Fernández de la Vega y el resto de autoridades, a Guadalajara capital donde coordinaron las labores de extinción y el rescate de los cadáveres. La Delegación del Gobierno no pudo facilitar la lista de los fallecidos, ya que algunas familias aún estaban sin localizar y estaba por confirmar la identidad de las víctimas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 18 de julio de 2005.

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