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Madrid tiene más centros comerciales que Andalucía y Cataluña juntas

Ocupan dos millones de metros cuadrados

Los centros comerciales arrasan. Primero eran hipermercados, después aparecieron las galerías de tiendas alrededor de la oferta alimentaria, y ahora son ciudades en miniatura con cines, boleras, recreativos, gimnasios, pistas de hielo, de esquí, restauración y hasta guarderías. Las cifras hablan por sí solas: en 1983 se construyó el centro comercial La Vaguada, y en 2005, Madrid, con 90 centros abiertos, es la comunidad con mayor concentración de este tipo de establecimientos en España, según la Asociación Española de Centros Comerciales (AECC).

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Los centros se han introducido en la vida de los madrileños. Un reciente estudio de la consultora Aguirre Newman señala, además, que la Comunidad de Madrid se encuentra en una situación de "saturación" respecto a la apertura de centros comerciales. La oferta ya está muy por encima de la capacidad de consumo de los madrileños.

Sin embargo, la apertura de un centro comercial en la región es un negocio seguro: son pocos los que fracasan. Madrid, con dos millones de metros cuadrados, es la región con mayor concentración de centros comerciales, seguida de Andalucía, Cataluña y la Comunidad Valenciana, explica el informe de Aguirre Newman.

Los niveles de ocupación de los centros comerciales madrileños son altos y, por término medio, sólo permanecen desocupados entre el 3% y el 5% de sus locales.

El año pasado, en la región se abrieron cuatro nuevos: Plaza Norte, en San Sebastián los Reyes; Avenida M-40, en Leganés; Príncipe Pío, en Madrid, y Plaza de la Estación, en Fuenlabrada.

La Comunidad de Madrid, con una población inferior a Cataluña, cuenta con el doble de superficie comercial. En Cataluña hay 159 metros cuadrados de superficie bruta de alquiler por cada 1.000 habitantes; en Madrid 377 metros cuadrados por cada 1.000 habitantes. Un negocio en alza que, según datos de AECC, ha canalizado una inversión en torno a los 7.000 millones de euros desde 2000, con la apertura de un total de 139 centros comerciales en toda España. Esto ha supuesto la creación de más de 150.000 nuevos puestos de trabajo.

La contrapartida se encuentra en el comercio tradicional, que no puede afrontar la competencia de estos "monstruos". "Se ha hecho mucho daño a las tiendas pequeñas. Los domingos metemos a los niños en el cochecito, y a pasear por el centro comercial, en vez de por el campo, por poner un ejemplo. Se está creando una mala cultura", comenta Salvador Santos Campano, presidente de la Confederación de Empresarios de Comercio Minorista, Autónomos y de Servicios de la Comunidad de Madrid (CECOMA).

La fiebre de los centros comerciales también ha supuesto un cambio en el concepto del ocio: los centros urbanos se están vaciando de jóvenes que prefieren divertirse en los centros comerciales. Ya no quedan cines de barrio e, incluso, ya hay centros de ocio que están quitando protagonismo a los bares y discotecas.

Desde CECOMA, Santos explica que su organización no está en contra de todos los centros comerciales, sino "de la explotación que se hace a algunos a los pequeños vendedores, que alquilan sus locales en ellos. Al principio, el propietario cobra un precio razonable, pero luego lo revisan y te encuentras con que es imposible conseguir beneficios".

Este empresario apunta como solución a este problema que el pequeño comercio pueda adquirir su negocio de 100 metros cuadrados al mismo precio que las grandes superficies compran una superficie de, por ejemplo, 17.000 metros cuadrados.

La razón de este comportamiento, en opinión de CECOMA, se encuentra en que una gran superficie es para los propietarios un negocio inmobiliario que hay que rentabilizar.

De la misma opinión es Julio Vallejo, presidente de Fecoesur, de la Federación de Comerciantes y Empresarios del Sur.

Su empresa, que engloba a 6.000 minoristas de la zona sur, ha llevado a los tribunales la normativa que permite abrir todos los días al centro comercial Xanadú (Arroyomolinos). Este gigante de las compras atrae los fines de semana, incluso, a clientes de fuera de la región.

Sin embargo, para Javier García-Renedo, presidente de AECC, uno de los valores de los centros comerciales radica en el concepto unitario de gestión y en su capacidad de evolucionar. "Estos establecimientos son el reflejo estricto de lo que es el comercio actual y la sociedad en que vivimos. Hay que tener en cuenta que el año pasado los centros recibieron 24 millones de visitas en toda España. Además, los locales más caros son los que se ubican en las calles más céntricas de la ciudad, como Preciados, Serrano...", afirma.

Por otra parte, sostiene que los grandes centros necesitan al comercio más pequeño. "Hoy estamos inmersos en la especialización. En nuestro caso, uno es bueno vendiendo productos en su tienda, y otro vendiendo locales. Pero los dos se necesitan".

Por este motivo, dice García-Renedo, en los centros comerciales existe un riesgo compartido entre propietario e inquilino. "Si te va bien, me pagas una renta, en caso contrario, te irás, y perderemos los dos". El fenómeno no tiene freno. Para Aguirre Newman, los centros comerciales estrella son ahora mismo los que mezclan comercio y ocio y que son precisamente los que demandan las zonas residenciales situadas a las afueras de las grandes ciudades.

En Madrid representa este modelo, sobre todo, Xanadú (Arroyomolinos). "Los centros comerciales se han convertido en el nuevo lugar de reunión de las áreas residenciales, la nueva plaza de encuentro, y se busca crear en ellos grandes centros de convivencia, entretenimiento y diversión, con lo que debe unirse comercio y ocio", señalan desde Aguirre Newman. Esto, a cambio de que los centros urbanos, como ya han alertado las asociaciones de pequeños comerciantes, se despersonalicen y se queden vacíos.

Es el caso de Paco, de 11 años, y Elisa, de 12, y que son alumnos del colegio Francisco de Quevedo, de Leganés. Están de excursión con su clase en el centro comercial Parquesur, el más grande de la región. "Hacemos otras visitas", aclara su profesora. Pero hoy no toca ni museo ni granja-escuela: han ido a pasar el día al centro comercial. Juegos recreativos primero, una hamburguesa para comer y, después, a coger el metro para volver a casa. Porque como se pregunta Elisa: "¿Dónde se está mejor que aquí?". Sus compañeros también están de acuerdo. "Esto es mejor que ir al campo o a un museo", explican convencidos. Ya conocen el centro. Van muchas veces con sus padres. "De compras, al cine, a comer, a pasar un rato...". Es una buena opción, entre otras cosas, porque, como dice Laura, de 12 años, "aquí ni llueve, ni hace frío, ni calor".

El centro Parquesur extiende sus tentáculos por Leganés, junto a la carretera de Toledo y la vía de circunvalación M-45. Parquesur es un caso significativo. Con su reciente ampliación, se ha convertido en el centro comercial más extenso de la región y uno de los más grandes de España. Un total de 250 locales, 151.186 metros cuadrados de superficie y 1.800 nuevos empleos.

La reforma de Parquesur ha durado más de dos años y en ella se han invertido 110 millones de euros. Además de la zona comercial, en las nuevas instalaciones hay un carril bici, un lago artificial, áreas infantiles y varios jardines y paseos. Esta gran superficie comercial es sólo una parte de la fiebre que vive la zona sur. En esta comarca hay 650.000 metros cuadrados de centros comerciales, según datos de la Federación de Comerciantes y Empresarios del Sur de Madrid (Fecoesur). Cada habitante de la zona sur toca a medio metro cuadrado de superficie de centro comercial.

Esta asociación ha iniciado una campaña encaminada a presionar al Gobierno regional a que reduzca en 2006 los días de apertura en festivos, a que suprima el decreto que permite abrir todos los días a Madrid Xanadú y a que conceda una moratoria de cuatro años en la implantación de grandes superficies. Cerca de 30.000 establecimientos minoristas de la zona sur de Madrid y de la capital han colocado en sus escaparates carteles que rezan: "Se vende, nos vamos a otra comunidad".

Desde Parquesur, su subdirector, Agustín López, defiende que el comercio local tiene un hueco en los grandes centros a través de las franquicias y que, además, los pequeños comerciantes pueden beneficiarse de los servicios comunes de Parquesur como la seguridad o la publicidad. El ámbito de influencia de este enorme centro de una sola planta lo forman localidades del sur como Leganés, Móstoles, Getafe, Parla e incluso visitantes de pueblos de Toledo, algo que también ocurre en Arroyomolinos.

Mientras los madrileños buscan salir de la región el fin de semana, los vecinos de otras provincias acuden a pasar el día entero a los centros comerciales. "La población de Toledo ya supone el 5% de nuestros visitantes. Para ellos venir al centro comercial es como unas minivacaciones", explica López.

Sobre el efecto que ha podido tener Xanadú sobre la afluencia de visitantes a Parquesur, su responsable asegura que apenas se ha notado: "Quizá un poco los fines de semana, pero no mucho". "Ahora, la tarta hay que repartirla entre más", aclara.

Parquesur funciona como una pequeña ciudad con un hotel incluido, guardería, salas para lactantes y una fuente cibernética y un lago donde se ofrecen espectáculos nocturnos.

El modelo familiar de Parquesur difiere de otros nuevos centros como Opción, en Alcorcón, donde la oferta fuerte se centra en el fin de semana y en la veintena de bares y discotecas que tiene. Entre semana, en cambio, la afluencia de visitantes da este megacentro de ocio desciende considerablemente.

El efecto de todos estos centros comerciales en la región es considerable, según los pequeños comerciantes. En 2003, más de 730 empresas tradicionales de los municipios del sur de la región tuvieron que cerrar, según Fecoesur. El resultado: 1.460 personas perdieron su puesto de trabajo.

"Las administraciones deberían de reflexionar sobre lo que está pasando y sobre las enormes pérdidas que sufre el comercio tradicional", denuncia el presidente de Fecoesur, Julio Vallejo.

Esta organización señala que en el plazo de cuatro años la pérdida de empleos relacionados con el comercio de toda la vida ascenderá, sólo en la comarca sur, a 12.500. Ahora, los locales dedicados al comercio minorista concentran alrededor del 19% del volumen de negocio de toda la actividad comercial, pero los pequeños empresarios temen que esta cifra va a ir menguando.

Hay ejemplos concretos. La Asociación Profesional de Comerciantes de Fuenlabrada (APCF), que ha denunciado que la apertura del Centro Comercial Plaza, donde irá implantado un Carrefour, significará la pérdida de 200 puestos de trabajo y el cierre de 150 empresas de la localidad.

En cambio, desde los centros comerciales defienden que ellos sólo defienden lo que el público demanda. "La gente no tiene tiempo. Y en los centros comerciales les facilitamos todo. Primero querían sólo tiendas, luego demandaron cines y restaurantes. Nosotros sólo vamos ofreciendo lo que se nos pide", concluyen desde Parquesur.

"No podemos con la presión"

José Luis Pradillo es el dueño de ocho zapaterías, dos de ellas en centros comerciales como el de Alcalá Norte. "El negocio se fundó en 1886", explica con orgullo. Pero Pradillo se ha visto obligado a entrar en el circuito de las grandes superficies, debido a que "la gente busca ocio". Y esto es lo que encuentran, además de tiendas, en estos establecimientos.

Sin embargo, no está muy contento con la rentabilidad de estos dos comercios. "De lunes a jueves no se hace nada. Hay que esperar al fin de semana, cuando llegan las familias".

Pradillo reconoce que este tipo de establecimientos ha hecho mucho daño al pequeño comercio. Y lo que ha provocado es que, en el sector, haya un sentimiento de "angustia y preocupación". Para Pradillo, el problema reside en los horarios, no en el concepto de centro comercial. "No podemos soportar la presión de los horarios y de la apertura dominical. Trabajamos de lunes a sábado, de nueve de la mañana a nueve de la noche. Pero no podemos abrir tantos domingos como las grandes superficies, porque hay convenios colectivos, por ejemplo el del calzado o la tela, que nos lo impiden. Y, sobre todo, porque es necesario conciliar la vida laboral con la familiar". Otra de sus quejas se centra en las rebajas encubiertas que se manejan en muchas grandes superficies en forma de ofertas. "Realmente, están de rebajas seis meses", puntualiza.

La incorporación de las tiendas tradicionales a los complejos comerciales es muy difícil, según Pradillo. Para él, las rentas son altísimas y es difícil conseguir la rentabilidad suficiente para que compense.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 26 de junio de 2005

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