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SOMBRAS NADA MÁS | Graciano García, periodista, director de la Fundación Príncipe de Asturias

Este hombre es un paisano del mundo

Juan Cueto, que con él se hizo periodista, nos dio la definición que le va a Graciano García, director de la Fundación Príncipe de Asturias: "Es un paisano del mundo". Nació en un pueblín, como dicen los asturianos, y gracias a los periódicos que compraban sus padres se imaginó el mundo más allá de los montes que circundaban Moraleda de Aller, en la cuenca del Caudal. No se conformó con leerlos y un día quiso hacerlos. Trabajó en La Nueva España de Oviedo y después fundó Asturias Semanal, 10 años antes de que se muriera Franco... Su otro periódico, Asturias Diario Regional, duró tres años y medio desde 1977, y se quiso parecer tanto a éste en el que estamos escribiendo de él que todos lo llamaron El Paisín... Y cuando éste tuvo que cerrar y a él le entró la melancolía de los hiperactivos se le ocurrió una idea que lleva 25 años siendo luminosa: la fundación y los premios que llevan el nombre del Príncipe de Asturias... Sufrió la soledad de los visionarios, pero ahora muchos celebran con él que esos galardones hayan juntado en Oviedo a personas como Arafat o Simón Peres, a Woody Allen o Stephen Hawking, a Francisco Ayala, a Gunter Grass... Un paisanín, pero un paisanín del mundo. Tiene unos ojos chicos con los que sonríe hasta cuando hay tormenta. Eso le ha hecho, quizá, el mejor relaciones públicas de España. Y detrás de ese hombre, y de sus iniciativas, está un periodista; es lo que es.

Los abuelos. "Mis abuelos me decían que fuera bueno y trabajador, y que leyese. Y me puse a leer periódicos; no los leía, me los bebía. Y veía pasar los aviones por encima de las montañas; allí sólo se movían el río y el cielo, y eso me llevó, supongo, a la ansiedad del viaje... Todo eso me hizo periodista... Estudié mientras trabajaba en La Nueva España, que era el periódico más progresista de Asturias, aunque llevara el yugo y las flechas... Después me quedé allí y me marché cuando pusieron a un director que encerró el periódico... Creí que un periodista tenía que ser libre, trabajar cómodamente, y entonces me junté con un grupo de empresarios y montamos Asturias Semanal, aún en el franquismo; fue insólito. Conseguimos constituirnos en un referente democrático que se considera ahora fundamental para entender la concordia con la que se vivió la transición en una región con una historia tan conflictiva como la nuestra... Ahí estuvieron Juan de Lillo, Juan Cueto, Guillermo García-Alcalde, Faustino F. Álvarez...".

Los premios. "Y en 1978 hicimos Asturias Diario Regional... EL PAÍS nos ayudó mucho, y no sólo por eso nos llamaron El Paisín... Primero lo dirigí yo y después lo dirigió Melchor Fernández Álvarez, y a los tres años y medio nos ahogaron unos y otros, queriendo tirar de nosotros... La desaparición del periódico fue una tragedia periodística para Asturias... Pero había que seguir; lo más triste es no emprender nada, los que nunca hacen nada están tristes... Y puse en marcha la idea de la Fundación y los Premios Príncipe de Asturias... La Constitución había devuelto la figura del príncipe de Asturias como heredero de la Corona, una institución de seiscientos años, y el jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campo, creyó en la idea y los Reyes la aceptaron encantados... Y mira lo que ha pasado. Le hemos dado altura a los premios, y eso es bueno para la institución y para el país al que sirven... Claro que los primeros años estuve muy solo con la idea, pero creyeron en ella también Masaveu, Arango y Rendueles, que han sido los presidentes sucesivos... Cuando José Hierro hizo aquel discurso

al recibir el primer premio, el Príncipe tenía 13 años y acabábamos de sufrir un golpe de Estado... Ahora los premios son internacionales, y queremos hacerlos los mejores y más universales del mundo. ¿Un visionario? Quizá. Los que no creían en este cambio de orientación decían que estaba loco, y ahora estos premios ya van camino de ser un gran patrimonio moral para este país".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de mayo de 2005