Gerardo Herrero retrata en 'Heroína' la cruzada contra la droga

Los debutantes José Corbacho y Juan Cruz retratan la agridulce vida de barrio en 'Tapas'

Para afrontar la heroína cara a cara hace falta garra. Es fuerza que sale de las tripas, de donde más duele. Cuando la droga dura comenzó a campar por Galicia en los años ochenta, un grupo de madres le plantó cara. La más implicada, Carmen Avendaño, es ahora la protagonista de Heroína y está encarnada por Adriana Ozores a las órdenes de Gerardo Herrero. El segundo día de festival trajo también Tapas, un fresco costumbrista de José Corbacho y Juan Cruz.

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Con valentía, las madres gallegas cuyos hijos estaban enganchados al jaco decidieron que ellas pondrían remedio si la justicia no actuaba contra los narcotraficantes. Al director Gerardo Herrero le atrapó la cruzada de estas madres y ahora regresa con Heroína al cine más social y realista. "El submundo retratado es gente real y está en la película. Incluso un figurante se murió días después de rodar una escena", reveló. "La sociedad gallega ha evolucionado y hoy al menos a los narcos les prohíben alardear", señaló el actor Carlos Blanco.

Herrero no lo tuvo fácil y estuvo tres años detrás de Avendaño, la madre coraje gallega que creó la organización Érguete (Levántate) para luchar contra la impunidad de los narcos. Adriana Ozores tuvo la "suerte" de acompañarla. "El reto fue mayor al ser la persona real y tener que transmitir su enorme humanidad", explicó. Avendaño acompañó ayer al equipo y rechazó el papel de líder. "No me siento una heroína", se disculpó humilde. "En aquel entonces nos llamaban locas y ahora están todos en prisión, incluido Sito Miñan-co, condecorado por la Xunta en su día", recordó.

En el drama el que se deja seducir por la droga es su hijo Fito, interpretado por el joven actor Javier Pereira, que acudió al poblado de Las Barranquillas para comprobar de cerca cómo se chutan y pasan el mono los heroinómanos. "Mi papel es un caramelo", comentó agradecido. Partiendo de los enganchados, Herrero abre el foco y retrata cómo la heroína hizo tambalear los cimientos de muchas de estas familias gallegas a las que la lacra cogió con el pie cambiado.

Y si Fernando León puso el acento sobre los parados de Vigo con Los lunes al sol, ahora Herrero, también productor, rescata el ambiente más turbio de la droga. La película está incluida en un ambicioso proyecto que incluye Ni locas ni terroristas, el documental de Cecilia Barriga rodado en paralelo y que mañana se exhibirá en el festival. Ambos filmes demuestran que la reacción al "necesito droga para levantarme, lavarme y desayunar" puede ser inesperada y positiva a la vez.

La comedia agridulce Tapas, del equipo de El Terrat, apadrinados por Andreu Buenafuente, fue la otra película a competición proyectada ayer. La vida de un barrio humilde en el que sus personajes sueñan, se aman y engañan rodeados de una mezcla de humor y tristeza. Buenafuente, productor asociado, soltó la mejor tarjeta de presentación: "Cuando Corbacho (director de la cinta) me dijo que hacía una peli empecé a creer en la crisis del cine español", bromeó.

En este fresco contemporáneo de un barrio de L'Hospitalet ("después de Hollywood y Bollywood, crearemos Hospiwood", amenazaron) se cruzan una abuela que trapichea con drogas psicodélicas (María Galiana), unos veinteañeros fiesteros (Rubén Ochandiano y Darío Paso), una tendera separada que no encuentra su sitio (Elvira Mínguez) y un camarero racista en la línea de Torrente (Ángel de Andrés).

Verónica Forqué recibió ayer el Premio Málaga y el debate lo aportó una mesa redonda que le tomó el pulso al auge del documental con la presencia de Javier Corcuera, José Luis López-Linares, M. Torreiro y Josetxo Cerdán, autores del libro Documental y vanguardia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 23 de abril de 2005.

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