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Crítica:FLAMENCO

A flor de piel

Tocó Jerónimo, con rara sensibilidad. Salvo ocasiones puntuales en que atacó las cuerdas con insólita crudeza, lo suyo fue la delicadeza extrema, el acariciar suavemente las cuerdas, a veces casi ni tocarlas, pues sus manos parecen volar sobre ellas al margen de la gravedad. A flor de piel, en definitiva. Ahí es donde hay un guitarrista excepcional, de cuerpo entero, consciente de que en sus manos tiene un instrumento capaz de expresar plenamente lo más hondo del ser humano.

En esos temas Jerónimo se vuelca serenamente para bordar un discurso enormemente difícil, ya que la pulsación, la digitación, tiene que estar medida con un cuidado exquisito. En realidad, esa forma de sonar la guitarra es piedra de toque de concertistas, porque exige una maestría totalmente fuera de lo común. Jerónimo la tiene, e hizo gala de ella en un recital intenso y lleno de sabiduría, en el que interesaron menos los juegos de guitarras con su hermano Leo.

16º Festival flamenco por tarantos

Concierto de Jerónimo. Con Leo de Aurora y Felipe Maya (guitarras), Amador Losada (percusión), El Ciervo y Arcángel (cante). San Juan Evangelista. Madrid, 21 de abril.

Arcángel, artista invitado, hizo un par de cantes extraordinarios. Por levante y por soleá, acompañado por un Jerónimo que hizo verdaderas maravillas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de abril de 2005