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Crítica:LIBROS

El protagonismo de la tecnología

Las personas que disfrutaron y sufrieron la época del auge y caída en las valoraciones de las compañías de Internet (entre 1995 y 2001) tienden a pensar que aquél fue un fenómeno extraño y especial, sin precedentes e irrepetible, y de una gran importancia. Los que lo vivieron desde fuera lo observaron con cierta suspicacia, y tienden a creer, por el contrario, que tuvo escasa trascendencia. Los primeros culpan del desastre a los mercados financieros. Los segundos, a la tecnología. Ninguno de ellos tiene la razón. El fenómeno fue importante, pero no único, sino repetido y replicable. Y la interconexión entre lo que reclaman los mercados financieros y lo que proporcionan las tecnologías es tan estrecha que ambas llevan juntas desde la revolución industrial y aún no se han separado.

Revoluciones tecnológicas y capital financiero: la dinámica de las grandes burbujas financieras y las épocas de bonanza

Carlota Pérez

Siglo XXI Editores

ISBN 968-23-2532-3

Este libro, que explica y clarifica estos ciclos, es uno de los más importantes que se han escrito sobre la relación entre las revoluciones tecnológicas, los capitales que las financian, y los cambios que finalmente se producen en la política y la sociedad. Su autora es la venezolana Carlota Pérez, que lleva 25 años investigando el impacto socio-económico del cambio tecnológico, y que asesora a organizaciones públicas y privadas en Latinoamérica, Norteamérica y Europa.

Este libro se publicó en 2002 en inglés (Technological revolutions and financial capital), y tuvo mucha repercusión entre investigadores, catedráticos universitarios, hombres de negocio y economistas de este sector. El sociólogo Manuel Castells ha asegurado que Pérez es "uno de los investigadores más innovadores del mundo" y ha calificado su libro de "obra fundamental para entender la transformación estructural de la economía y la sociedad en la era de la información". La que aquí se reseña es la edición en español que acaba de publicar Siglo XXI -aunque no en España-.

La teoría principal de este libro es que ya hemos sido testigos de revoluciones similares a las vividas durante la llamada burbuja tecnológica, y que los frutos de esas revoluciones no son inmediatos, sino que se recogen mucho después, y quizá por eso no somos conscientes de que se producen de manera recurrente. La de los ordenadores e Internet, por ejemplo, es producto directo de la invención del microprocesador, en 1971, en el estadounidense Silicon Valley. Según la autora, la secuencia revolución tecnológica-burbuja financiera-colapso-época de bonanza-agitación política se reinicia cada 50 años, aproximadamente. Y siempre "de una forma violenta, con alto desperdicio y mucho sufrimiento".

Los ciclos de los que habla Pérez son cinco: la revolución industrial (1771), la era del vapor y los ferrocarriles (1829), la del acero y la industria pesada (1875), la del petróleo y los automóviles (1908) y la de la informática y las comunicaciones (1971). Gracias al repaso que hace la autora de todos estos ciclos se pueden encontrar comparaciones sorprendentes como, por ejemplo, la similitud entre los batacazos de Alan Greenspan -que predijo una nueva economía sin ciclos- y el economista Irving Fisher, que a mediados de 1929 aseguró que las acciones habían alcanzado "un alto piso permanente".

También puede observarse con facilidad, gracias a la distancia, el desplazamiento que sufrieron las todopoderosas industrias de Inglaterra, primero, y Alemania, después, debido al empuje industrial, comercial e innnovador de EE UU. Por eso, cada vez parece menos improbable que pueda producirse un nuevo desplazamiento hacia China.

Éste es un libro, en fin, que resulta definitivo para entender la importancia real que tienen las revoluciones tecnológicas en los ciclos -recurrentes- de auge y caída de los últimos 250 años. Probablemente sea una buena idea tenerlo a mano para la siguiente revolución, que, si se cumplen las cuentas de Pérez, se producirá dentro de unos 15 años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de abril de 2005