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Reportaje:OLIMPISMO | Las ayudas a la preparación de los deportistas

Cambio de modelo

El nuevo programa ADO para el ciclo olímpico de Pekín 2008 muestra el cambio de gestión en el deporte español

Jaime Lisszavetzky, el secretario de Estado para el Deporte, se estrenó con el cargo en los Juegos Olímpicos de Atenas. Allí se acabó arreglando una actuación española que durante los 16 días de gloria corrió peligro de parecerse a los 16 días de desastre. Y él no tenía apenas culpa. Llevaba sólo cuatro meses al frente del deporte español cuando se dilucidaba la labor de cuatro años. Al final se salvaron los muebles y respiró. El nuevo plan ADO (Asociación de Deportes Olímpicos), de ayuda a la preparación de los deportistas con la aportación de empresas, presentado hace unos días es su último ejemplo de cambio de gestión.

La propia evolución del plan ADO también ha ido marcando etapas paralelas a los resultados. El proyecto que idearon después de la elección de Barcelona en 1986 como sede olímpica para 1992 el fallecido Carlos Ferrer Salat y el entonces secretario de Estado para el Deporte, Javier Gómez Navarro, parece haber resucitado del letargo en el que había ido cayendo y vuelve a sus orígenes, cuando se vivieron los resultados más triunfales y pioneros para el deporte español. No estaba muerto, pero su inoperancia le hacía correr serio peligro de perderse. Necesitaba renovarse o morir y Lissavetzky se ha puesto a ello. Para reverdecer viejos laureles.

Lissavetzky: "Seguirá el programa de excelencia deportiva, pero con más flexibilidad"

"Hemos cambiado el modelo, con dos tipos de innovaciones", dice el secretario de Estado. "Una primera, financiera, que nos ha permitido subir un 31,5% los ingresos netos. Se ha hecho a través del incremento de beneficios fiscales a las empresas tras la aprobación el pasado 29 de diciembre de la ley que considera el plan de preparación olímpica para Pekín 2008 como acontecimiento de excepcional interés público. En segundo lugar, Radio Televisión Española, uno de los socios de ADO, junto al Consejo Superior de Deportes (CSD) y al Comité Olímpico Español (COE), ha cambiado su estrategia. En lugar de facilitar minutos de publicidad, ha puesto el dinero directamente y le sale mejor según están las tarifas, como a las empresas, que ahora podrán contratar los espacios donde quieran y también podrán entrar otras en el programa, porque antes, al repartirse el pastel de los minutos, ya no quedaba sitio para más".

Económicamente, como han reconocido los presidentes de los deportes olímpicos más importantes, se mejora. Pero también deportivamente. "El plan es excelente", ha dicho Alejandro Blanco, el presidente de yudo y de la Confederación. Habrá más dinero para ayudas, pero también la otra clave del cambio de modelo, junto a la innovación: flexibilidad. Conjugar con ella la excelencia deportiva. Es el otro factor abordado por Lissavetzky, que precisamente vivió en Atenas algo muy significativo: "Después de la persecución bajé a la pelousse del velódromo a felicitar a los cuatro ciclistas del equipo que habían ganado el bronce y me encontré con que el quinto, que no corrió por haber hecho un mínimo tiempo peor que sus compañeros en los entrenamientos, estaba triste y me dijo: 'Es que no sé si me voy a quedar sin beca'. Y le contesté, sí la vas a tener porque te has entrenado lo mismo que los que han ganado la medalla". Al secretario de Estado se le nota entusiasmado porque cree haber llegado a la mejor solución: "Seguirá el programa de excelencia deportiva, con más becas y de mejor calidad, con rigor, pero también con flexibilidad. La idea es dar continuidad y estabilidad a los deportistas".

Lissavetzky quiere que se vean los casos particulares como lesionados, o con otros problemas, que al no lograr puestos se quedaban fuera del programa de forma un tanto fría por los números. Aspira a garantizarles continuidad, aunque también es consciente, como se ha advertido especialmente desde el COE hace años, que existen los llamados deportistas funcionarios, aquellos que trabajan sólo para alcanzar el mínimo del diploma olímpico, entre los ocho primeros clasificados, y así mantener la beca, un sueldo fijo no muy grande, pero seguro.

Según el secretario de Estado, aún habrá más innovaciones, que tiene pensado discutir en la junta directiva de ADO, programada para reunirse hoy mismo, después de la Semana Santa. Se fijarán los montantes de las becas, que para 2004 oscilaron entre los casi 50.000 euros anuales y cerca de 20.000. Habrá acciones especiales con determinados deportes que están más retrasados, con el objetivo de que entren todos los olímpicos en el ADO. Fue lo que se hizo para Barcelona y supuso la gran mejoría. Por ejemplo, si es necesario, se traerán preparadores extranjeros durante un cierto tiempo. Lissavetzky tiene especial interés en trabajar también para que el fútbol femenino, campeón de Europa, se clasifique para los Juegos Olímpicos. En el futuro, sus ideas van por completar la dignificación social de los deportistas fomentando su capacidad de formación antes y su inserción posterior en la sociedad, en lo que ya ha habido pasos.

Cuando el nuevo equipo llegó al CSD en marzo, había mucho por hacer, porque en la etapa anterior ni siquiera había existido comunicación. Las federaciones se quejaron repetidas veces de que no tenían interlocutores en el CSD y por ello, y para dar un mayor impulso al COE, en el que consiguieron ser, al fin, las principales protagonistas, incluso formaron la Confederación de Federaciones Olímpicas. Ello supuso una especie de golpe de mano para los altos mandos pero, sobre todo, una autoafirmación porque desde su creación, se han movido, han conseguido patrocinadores y se han sentido primeros actores al fin, lo que en realidad son. Ha pasado poco más de medio año desde Atenas y su relación con el CSD también es radicalmente distinta. El cambio de modelo del ADO es el último ejemplo. Se han abierto las puertas y vuelven los aires nuevos, aunque siempre con discusiones. Ello permite un ambiente positivo que nadie entendía antes por qué no era posible. Las personas....

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de marzo de 2005