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Ada Castells recrea la historia del pintor C. D. Friedrich en 'Tota la vida'

La autora se deja llevar en su tercera novela por la apuesta "radical" del artista romántico

Paradigma del artista romántico, Caspar David Friedrich (1774-1840) es uno de los pintores con mayor poder de sugestión entre especialistas en arte y profanos. Así ha sido también con la escritora Ada Castells (Barcelona, 1968), que ha consagrado su tercera novela, Tota la vida (Empúries), a recrear la vida del pintor alemán, autor de cuadros como El caminante sobre un mar de niebla (1818) y El mar de hielo (1824).

No se trata, sin embargo, de una novela histórica al uso. Castells contrapone las andanzas del artista en su búsqueda por plasmar lo absoluto en la tela con las de Sílvia, una joven escritora barcelonesa de hoy en día que trata de escribir una biografía sobre Friedrich y que cree estar viviendo una historia de amor romántico con un pintor, Vicent, en cuyo interior no se esconden tan altos sentimientos.

"Cuando descubrí a Friedrich su pintura me sorprendió, e incluso me dejó tocada. Me preguntaba por qué motivo representaba a los personajes de espaldas, con una mezcla de calma e inquietud. Me interesaba su relación con el absoluto y la fe, su tenacidad en la búsqueda de la esencia de las cosas. Para sus contemporáneos, la suya era una pintura difícil de leer, sólo la entendían los poetas, filósofos y teólogos", afirmó Castells en la presentación del libro.

La escritora, a quien acompañó el autor Eduard Márquez, dijo sentirse atraída por la apuesta "radical" de Friedrich, de quien dijo que "escogió un camino imposible, intentar pintar el infinito", para lo que tuvo que "superar la losa de la academia, de la vida convencional y de la fe luterana estricta. Al final terminó loco". A juicio de Castells, en el caso de Friedrich no se cumple el tópico de que es la vida la que condiciona la obra de un artista, sino al revés.

Frente al racionalismo de la Ilustración y el creciente peso de la ciencia a la hora de dar explicación a los grandes interrogantes de la humanidad, "Friedrich da el gran grito romántico, el que afirma que todavía quedan misterios, cosas que no se pueden explicar", añadió. Castells procede de una familia protestante -dedicó a esta cuestión su primera novela, El dit de l'àngel- y, salvando la distancia de los siglos, se considera dentro de la tradición de Friedrich.

La historia de Sílvia, una mujer que procede de una familia burguesa de Barcelona, sirve a Castells para contraponer la época de Friedrich con la actual: "Nuestra decepción, desengaño, escepticismo, prisas y angustias con el entusiasmo, la esperanza, la fe y la actitud contemplativa del Romanticismo".

Aunque, en el caso de Sílvia, la búsqueda de lo sublime termina en fracaso. "Ella es un producto de la burguesía barcelonesa, que no tiene el glamour que puede tener esta clase en otros lugares de Europa. Su máxima transgresión es enamorarse de Friedrich por las noches, cuando sale de la sastrería familiar y se dispone a vivir durante unas pocas horas su vida". "Cuando conoce a Vicent, Sílvia cree estar accediendo al mundo de los grandes sentimientos, pero en verdad entra en un mundo de perversiones". Es una de las caras de la "atracción del abismo", un camino que la lleva "de la ingenuidad al escepticismo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de marzo de 2005