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Crónica:

El Barça resucita a costa del Madrid

El equipo azulgrana salva sus notables carencias y aprovecha la escasa consistencia de un rival encogido

El Palau Blaugrana ardió más que nunca porque llegaba el Madrid, pero también porque la afición echa chispas contra su propio presidente, Joan Laporta, a quien le reprocha haber desmantelado buena parte de la estructura que había llevado a su equipo a sacarle dos cuerpos a su rival durante los últimos tiempos. En un clima tan explosivo, se encogió el Real Madrid, que careció de consistencia para sacar partido de una situación que podía serle muy favorable. El Barcelona, de la mano de su nuevo entrenador Manolo Flores, sacó petróleo de unos recursos más disminuidos que nunca de tantas bajas como acumula, todas ellas agolpadas en la zona de pívots. El equipo azulgrana se adaptó a una forzosa economía de guerra y explotó sus recursos con éxito. Al Madrid le sucedió todo lo contrario. No consiguió hacer valer la evidente superioridad de sus pívots y acabó perdiendo la cabeza, hasta el punto de que Bennett y Bullock, muy desdibujado, acabaron abandonando la pista antes de tiempo, cuando su equipo más los necesitaba. El Madrid perdió la compostura por completo. Ni siquiera, después de un partido que había transcurrido con igualdad, supo defender la diferencia de puntos, vital en esta segunda fase de la Euroliga.

BARCELONA 84 - REAL MADRID 71

Barcelona: Ilievski (14), De la Fuente (12), Bodiroga (16), Fucka (15), Davis (6) -equipo inicial-; Espuña (1), Navarro (20) y Sada.

Real Madrid: Bullock (13), Sonko (3), Gelabale (10), Fotsis (2), Reyes (5) -equipo inicial-; Burke (4), Stojic (3), Sonko (3), Hervelle (6) y Herreros.

Árbitros: Pitsilkas, Brazauskas y Pilipauskas. Eliminaron por faltas personales a Bullock (m.39) y Bennett (m.39)

Unos 8.000 espectadores en el Palau Blaugrana.

4º CUARTO: 22-16

3º CUARTO: 15-21

2º CUARTO: 22-21

1º CUARTO: 25-13

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Maljkovic contemporizó durante el primer cuarto. Como si no se diera por enterado de que el Barcelona no contaba ni con Dueñas -pasará por el quirófano en Alemania y será baja durante tres meses-, ni con Gasol, lesionados, ni tampoco con Zizic, al que una gripe dejó fuera del partido a última hora. Mientras estuvieron en la pista Fotsis y Reyes, los pívots menos pívots del Madrid, el Barcelona se desbravó. Jugó con rapidez, aprovechó los problemas de Bennett para defender a Ilievski y se lanzó a tumba abierta. El caso del base macedonio es de lo más curioso. Su irregularidad rompe todos los esquemas. Un día no da una y otro se sale. Durante las últimas jornadas era uno de los pocos que mantenía el tipo. En el primer cuarto ante el Madrid se soltó, desbordó a Bennett y anotó con tal continuidad que dio ventaja al Barça (22-14). Luego se paró hasta el último acto, en el que volvió a reaparecer su mejor versión. Maljkovic no se dio por enterado en ese primer tramo. Demoraba una respuesta.

En el segundo cuarto, Maljkovic dio entrada a Burke y Hervelle, su pareja de pívots más alta, dos jugadores con mucha menos mano, pero más reboteadores y rudos. En definitiva, mucho más aptos para cumplir con una labor de zapa dañina como nunca para un Barcelona tan escaso de centímetros. Flores recurrió a Espuña, un chaval de la cantera, muy verde todavía. Davis sumaba faltas. Demasiadas. Antes del descanso cometía la tercera. El Barcelona se quedaba cojo en zona. Fucka, un cuatro, era el único que resistía. Flores recurrió también a Bodiroga para situarse en el poste bajo mientras que Fucka ejercía de cinco. El Madrid, que recurrió a una defensa en zona en algunas fases, recuperó terreno. Anonadó al Barcelona con los rebotes ofensivos de Burke y Hervelle y encontró mayor variedad ofensiva a su monocorde juego exterior.

Bennett convirtió el partido en un monólogo en un tercer cuarto en el que sólo le faltó gritar por megafonía "¡dejadme solo!". Su recital fue demoledor, pero el Barcelona, con un trabajo de equipo descomunal, buscándose la vida en cada acción, logró llegar al último cuarto con un punto por delante. Ello, a pesar del abismo que le separaba del Madrid en el aspecto reboteador (34-22).

El Barcelona, que se benefició del balance de faltas -anotó 35 tiros libres por 10 del Madrid-, llegó vivo al último cuarto y con Navarro, majestuoso, tirando del carro. Era lo peor que le podía suceder al Madrid. En un ambiente infernal y confundido por la defensa en zona 2-3, el Madrid sufrió de lo lindo. Al Barcelona le costaba anotar, pero al Madrid mucho más. En esa tesitura, el Barcelona no perdonó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de marzo de 2005