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Editorial:

El misterio Windsor

Muchas grandes ciudades del mundo tienen edificios que arrastran una leyenda negra. Madrid, desde luego, ya tiene el suyo con la torre Windsor. Todo lo que rodea la destrucción, el pasado día 12, de este coloso de 35 plantas y más de 100 metros de altura da pie para una película de suspense, con misteriosas sombras moviéndose la noche del fuego en busca de no se sabe qué, donde se descubren puertas reventadas o butrones en los sótanos y hasta se insinúa la posibilidad de un sabotaje. En definitiva, todo eso resulta muy emocionante para el cine o la literatura, pero bastante menos cuando se trata de esclarecer las causas del siniestro.

Parecen sensatas las palabras del alcalde Ruiz-Gallardón cuando apela a que se ponga freno a tanto sobresalto, a la especulación y al rumor, y a cambio se permita que la policía realice la investigación y el juez elabore el sumario. Hasta ahora, sin embargo, ha habido tal caudal de información contradictoria, tal rotundidad en algunas de las apresuradas manifestaciones de portavoces de los bomberos, la empresa propietaria o firmas inquilinas, que encaja muy bien para explicar la situación la viñeta publicada el pasado miércoles en este diario por El Roto, en la que una voz desde el interior dice: "¡Hay fuego unos pisos más abajo!". Y otra contesta: "¡Imposible, este edificio es ignífugo, será otra cosa!".

Pues bien, lo que sea, que se conozca pronto. La policía ya ha recogido todo el material informático relacionado con el mantenimiento del rascacielos y espera que el análisis facilite la información necesaria sobre el sistema de alarma, las posibles incidencias que pudo haber en la red eléctrica y otras circunstancias, no sólo del día del siniestro, sino de tiempo atrás. Habrá que determinar si el origen estuvo en un cortocircuito en el sistema de refrigeración de una de las plantas superiores, como en un principio se barajó.

Además, los analistas de la Policía Científica tendrán que esclarecer de una vez por todas el significado de las imágenes captadas por un videoaficionado sobre las siluetas de dos personas deambulando en una de las plantas intermedias cuando supuestamente el edificio había sido ya desalojado. Y, en la medida de lo posible, averiguar si hubo o no intrusos. Un primer examen con la ayuda de un perro policía no ha detectado sustancias propagadoras del fuego. Tal vez eso no sea suficiente para concluir que el incendio no fuera provocado. Toda extensión de la investigación que desvanezca tal posibilidad será bienvenida, y las más interesadas en que así ocurra serán, lógicamente, las aseguradoras, que ya se aprestan a una gran batalla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de febrero de 2005