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La Pasarela Cibeles verifica la fuerza de las influencias del pasado

La Pasarela Cibeles empezó ayer con una atmósfera serena y hasta introspectiva. El desfile de Ángel Schlesser discurrió con la tranquila eficacia que le caracteriza basándose en el tratamiento riguroso de las líneas patronadas, que se hacían evidentes a través de una cierta simplicidad aderezada con detalles lineales. La serie de vestidos en un suelto raso maquillaje y de dos piezas de acusada sastrería puede decirse que funcionaron como los vectores habituales de su estilo. Schlesser hizo esta vez un giro a lo neorromántico (quizás sería más exacto decir neoclasicismo) con los poco invernales vestidos suavemente imperio, abordados desde lo lencero. Los otros colores dominantes fueron el chocolate y el azul noche, con drapeados ad libitum.

Elio Berhanyer sorprendió en su primera colaboración con Roberto Diz

Tras Ágatha Ruiz de la Prada se vio la colección de Elio Berhanyer, que sorprendió en su primera colaboración con Roberto Diz; el nuevo tándem creó una notable expectación y el resultado deja cosas positivas. La colección se basa en el negro y sus texturas lujosas, con predilección por el raso con el terciopelo y profusión de lazos; hubo volantería de raso sobre lanas frías, trajes entallados con chaquetas húsar, accesorios que iban de las escarapelas a las combinaciones con zorro, astracán o cordero de Himalaya teñidos o en negro cerrado. Eran vestidos para cóctel, funeral o audiencia papal con un sentido de clase estirado, pero potente y teatral, muy bien hechos. Entre otras piezas singulares está el frac a lo Mugler, el traje de noche con la espalda en pico guarnecida por solapas tuxedo o el traje-gabardina de botonadura doble con esclavina pluvial inglesa.

Devota & Lomba propuso de manera irregular insertarse en esa zona del lujo evolucionado en modernidad con atención a la expresión volumétrica (casi siempre en negro) y para el hombre, un romanticismo de voz baja correcto y gentil: su respiración también buscada detrás del espejo, en los recuerdos. Javier Larrainzar buscó apoyo en la costura y en los años cuarenta y en un tejido clave para ello: el tweed masculino tocado con pieles y encajes.

El largo día fue cerrado por Roberto Torretta con un meditado trabajo que se inspiraba en los años cincuenta y esas grandes faldas con enaguas que dibujan definitivamente una mujer relacionada icónicamente con el cine de las estrellas clásicas (pensemos en Lana Turner o Deborah Kerr saliendo de una escena de Douglas Sirk). Pero aquello era otro mundo y otro ritmo, otros tiempos a los que se mira sin ira, con reverencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 15 de febrero de 2005