Columna
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Fragmentos de totalidad

El artista navarro Teo Sabando (Viana, 1954) hace arte y escribe para saberse, lo que puede llegar a ser la mejor manera de conocerse. En la galería Altxerri de San Sebastián muestra en estos momentos parte de esas pesquisas. Exposición variada, compleja y, a la vez, clara como harina de molino añejo. Esta alusión metafórica encaja en la percepción de algunas imágenes fotográficas mostradas, donde piedras, rocío, flora y hojarasca invitan a la meditación y al éxtasis. Autor de instalaciones (perfomances en el pasado) -recordado en documentos de foto fija-, ahora expone una mezcla heterogénea de dibujos, esculturas en alabastro, diseño de libros, poesía, escritura con pensamientos puros extasiados y objetos dentro de cajas con tapas cerradas, entre otros aditamentos artísticos.

Parece como si sólo confiara en los fragmentos. Se diría que ambiciona ver en cada cosa aquello que nadie ha visto, e incluso aquello en lo que ningún ser hubiera pensado alguna vez. Pero no como una postura de rebuscado esnobismo. Todo lo contrario, más semeja con su actitud un intento por despojarse de determinada carga cultural preestablecida, para ponerse en disposición del pensamiento cero.

En cada apartado de lo que presenta suscita en el espectador una atención máxima. Es en los dibujos donde hay una mayor concentración de complejidad. Sus trazos formales conducen a antiformas, por lo cual podíamos intuir cierta sintonía con algunos dibujos de la escultora Louise Bourgeois. Nada más decir esto, nos exigimos a nosotros mismos una rectificación, para aducir que son dibujos nacidos desde la emoción de ir tras lo que no sabe. Quizá encuentren una mayor cercanía con lo expresado por John Berger: "Todo dibujo es una sombra en torno a la luz".

Aunque la línea parezca la cosa más frágil, nada como ella con tantas fuertes ansias de abarcarlo todo. Por el dibujo, el artista aprende a quitarse miedos, e incluso le incita a sentirse más audaz y enormemente imaginativo. Es preciso remarcarlo: aunque la línea aparezca en el espacio sola, indefensa y feble, con el paso del tiempo esa tríada se tornará como un signo valiente de acreditado orgullo para su autor.

Creo probable percibir en los dibujos de Teo Sabando algunas concomitancias o ecos -más bien pequeñas ideaciones-, con lo apuntado en el párrafo inmediatamente anterior. Mas lo que no ofrece duda es que toda su labor está impregnada por un aroma de arrebatado éxtasis, posiblemente dentro del mismo aura que llevaba al antiguo poeta zen a considerar y cifrar de delicia sobrenatural al simple hecho cotidiano de sacar el agua del pozo y trasportar la leña.

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