ESTRENO | 'Madame Brouette'

El cine senegalés entra en las salas comerciales con 'Madame Brouette'

La película de Moussa Sene Absa, en la que el color y la música son esenciales, es un homenaje a las mujeres africanas

Una mujer divorciada y madre de una niña que se rebela contra los abusos. Independiente, resuelta y decidida, Nati, también conocida como Madame de Brouette, empuja cada día su carretilla por el bullicioso mercado de Sandaga en Dakar. Ésta es la heroína que protagoniza la primera película senegalesa, coproducida por Francia y Canadá, que se distribuye comercialmente en España y que será proyectada en Madrid, Barcelona, Bilbao, Palencia y Pamplona. Una historia de amor sin final feliz rodada íntegramente en Dakar, que ha sido presentada en más de una decena de festivales internacionales y obtuvo en 2003 el Oso de Plata a la Mejor Música en Berlín.

El color y la música juegan un papel fundamental en esta historia sencilla que reivindica el papel que las mujeres africanas están llamadas a jugar. Un coro -en la tradición de las tragedias griegas-, integrado por reconocidos músicos senegaleses como Serge Fiori o Majoly, acompaña los avatares de la protagonista y anuncia el drama. "La música es un personaje más en mis películas. Las historias en África tienen su música y en ella se resumen todas las palabras que sostienen la trama. Hay una fuerte presencia musical en nuestra vida. A mí me sirve para dotar de fuerza y vigor a los personajes", explicó ayer en Madrid el director Moussa Sene Absa, quien reconoció que escribe antes las notas musicales que las palabras del guión de sus películas.

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Pintor y músico además de director de cine, Sene Absa se declara "universalista, francófono y francófilo". Durante la presentación del filme, planteó algunas diferencias esenciales entre el cine occidental y el africano: "En África la historia siempre es cíclica, nunca lineal, es como una espiral. Usamos mucho el flash-back, como en esta película, porque es la forma que mejor se ajusta a la tradición oral, fuertemente arraigada, frente a la escrita, que es más occidental. El cine africano viaja peor que la música porque hay muchos prejuicios. La gente piensa en los problemas y no en la faceta creadora de África, pero sus películas tienen un lenguaje original que puede ayudar a comprender mejor el destino con nociones como solidaridad, comunidad o la alegría de vivir, más allá del plano material".

Inmerso en un nuevo proyecto, en el que tratará el tema de la inmigración -"una plaga para Europa y África, que pierde a sus brazos jóvenes y valientes"-, el director explicó que con el presupuesto de esta película (dos millones de dólares) podría construirse un hospital. "Por supuesto que entiendo que se financien más escuelas y hospitales que películas. La vida es más importante que el cine, sin embargo puede ayudar a vivir y a ser feliz, puede explicar problemas que no se solucionan en centros médicos ni escolares".

Sin dramatismos ni intensidades, la dura vida de Nati transmite a pesar de todo una cierta alegría. "Los africanos son muy positivos. En los barrios más pobres, en las situaciones más dramáticas, te encuentras una sonrisa. Yo he querido apropiarme de esto y exportarlo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0020, 20 de enero de 2005.

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