Crónica:LA CRÓNICACrónica
i

Metaperiodismo

La operación de Sergi Doria. Se propone explicar cinco meses de la historia de Cataluña, los que van de junio a noviembre de 1930. Uno de los momentos estelares de la humanidad catalana. O mejor, con Karl Kraus, de los últimos días de la humanidad catalana. Parece que con relación a ese crepúsculo tan hermoso está la última frase de una novela de Agatha Christie, El asesinato de Roger Ackroyd. Un misterio del que Hércules Poirot dijo que era el más grande con el que hubo de batirse. La frase: "Veo un objeto brillante y querría saber qué es. Parecía algo de oro. Pero como he removido el fango ahora no lo veo".

La novela de Agatha Christie fue vendida bajo folletín a los lectores de Imatges. Setmanari Gràfic d'Actualitats, que apareció en Barcelona durante los citados meses de 1930 y de los que el periodista Doria se ocupa en el libro Imatges 1930. Los lectores no pudieron leer la última frase de la novela porque el semanario desapareció antes de que las entregas llegaran a su acabamiento. El negocio fue mal (y la revista estaba muy bien), como tantas otras veces. Pero la tentación es demasiado fuerte y Doria se acoge a la dispensa metáforica para ver en ese final del semanario la fase REM de nuestra historia. Donde se sueña. Y se despierta. Donde se percibe el sueño porque se despierta. Una época áurea a punto de ser cubierta por el fango. Está bien. Ha sido dicho. Debe repetirse, con ocasión de Imatges, porque a su director, Josep Maria Planes, vibrante y acharolado como una metáfora de De Sagarra, un grupo de anarquistas catalanes le metió siete tiros en la cabeza y lo echó al fango de la Arrabassada, en uno de los primeros días del resto de la humanidad.

'Imatges' era una revista de reportajes que apareció en Barcelona durante 1930 y que aprovechó el desarrollo de la fotografía

Lo que tiene de interesante el libro, al margen de la anotación que muestra de una Barcelona burguesa y moderna, femenina y limpia, ágil, nerviosa y discretamente patriotera, es el trato narrativo que da su autor al material que tiene entre las manos. Imatges era, fundamentalmente, una revista de reportajes, gráficos y escritos, que aprovechó el desarrolló de la fotografía, como lo hizo Estampa en Madrid y L'Illustration (muy pionera) en Francia o lo haría Life muy poco después, a partir del año del fango, concretamente. Lo que ahora ha hecho Doria es escribir un reportaje sobre Imatges, obteniendo de la propia revista, de sus reportajes, los testimonios imprescindibles para vertebrarlo. No la vida más o menos confeccionada para la ocasión por el historiador, sino el eco perceptible de la vida que trazó el periodismo en aquellos meses de 1930. Es evidente, aunque no haya sido desarrollado todavía por nadie que yo conozca -el ejemplo de Doria, aunque de valor, es sólo una aproximación inevitablemente limitada por el objeto-: si se pone en fila un grupo de diarios del pasado y se reescriben, cosiéndolas, algunas de sus historias, y se añaden las biografías de algunos de los que entonces las escribieron y también la propia biografía de los periódicos, y se matiza todo eso con el tiempo, el tiempo que vive el reescritor y que no vivieron los periodistas (es decir, la última frase de El asesinato de Roger Ackroyd), la noticia de la vida que surge de todo ello tiene grandes posiblidades de ser profunda y veraz.

El ejemplo de un famoso reportaje de Irene Polo y el fotógrafo Esmeu donde da cuenta del regreso de Cambó a Cataluña, en noviembre de 1930. La modernidad del reportaje es manifiesta. Se atiene a la irónica descripción perfectamente formalizada por Bill Buford: "Cuando un periodista no consigue entrevistar a Mick Jagger, nos explica por qué no pudo entrevistar Mick Jagger". La señorita Polo, tan guapa y desdichada, trata de entrevistar al político nacionalista. Llama al timbre de Via Laietana. El mismo timbre y el mismo jardín en las alturas de hoy. Los ujieres, mayordomos y secretarios le dan largas. El líder está por la concordia y no quiere hacer declaraciones. La joven Polo se planta con el fotógrafo en la puerta de la casa y decide esperar. Un día u otro Cambó saldrá. Sólo han hecho falta tres horas. El Rolls enfila Via Laietana. La periodista para un taxi y le dice al conductor que siga a ese coche. La persecución acaba en la carretera de Esplugues, adonde el político ha ido a meditar peripatético. Allí Cambó la atiende, pero no pasa de laconismos cordiales. Aunque es suficiente que se detenga para que Esmeu pueda sacar unas fotos. La prosa vivaracha de la Polo completará la exclusiva.

El reportaje no incluye ninguna declaración política. Sólo: "Vaja, vaja... Quins xicots! Salutacions a Imatges. I digui només que em trobo molt eixerit. Bé, ja n'hi ha prou. Adéu i records". Pero hay algo importante. En primer lugar un brillante ejemplo de metaperiodismo. Ni debe de ser el primero ni debe de ser el mejor. Pero sirve para señalar una cierta prehistoria: el instante en que la noticia empezó a ser propiamente la búsqueda de la noticia, el espectáculo de la noticia. Ésa era también la modernidad del semanario y debió de ser apreciada por el público. Hay algo más: una exhibición graciosa y enternecedora del lugar del político en la sociedad y de las relaciones entre los periodistas y los políticos. La persecución Via Laietana arriba y el solitario paseo interrumpido por la carretera de Esplugues. Justo, el reportaje, cuando estaba a punto de irrumpir la política de masas y el final de la naturalidad elitista. Otra elegía. La última de la operación Doria es una joven exquisita, con foulard y collar de perlas, que en la ilustración de Sainz de Morales camina resuelta hacia nosotros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 09 de enero de 2005.