Reportaje:

Guerra de carteles en La Habana

La Navidad enfrenta al representante de EE UU y el Gobierno cubano

La disparatada guerra de los carteles que libran Washington y La Habana desde el comienzo de esta Navidad ha cobrado nuevos bríos en los últimos días, tras el envío, por el máximo representante diplomático de Estados Unidos en Cuba, James Cason, de una polémica postal navideña que hace referencia a los 75 disidentes encarcelados en la isla el año pasado. La felicitación, en la que aparece una paloma blanca en una jaula cerrada por un candado que lleva escrito el número 75, ha sido recibida ya por diplomáticos, opositores y también por dignatarios y sacerdotes de la Iglesia católica. El lunes, mientras la trifulca crecía, cientos de pioneros cubanos fueron movilizados para pintar en el pavimento del malecón, frente a la Sección de Intereses de EE UU (SINA) en La Habana, consignas por la paz y contra el enemigo imperialista.

La legación estadounidense incluyó entre sus adornos una alusión a los presos políticos

"Esto es un despropósito. ¿Hasta dónde piensan llegar?", decía, entre divertido y triste, un viandante al pasar ante la misión diplomática norteamericana, cuyos alrededores se han convertido en un delirante campo de batalla ideológico, de un lado de la cerca con arbolitos de Navidad y alusiones a los disidentes cubanos presos y del otro con águilas imperiales, esvásticas nazis y fotos de prisioneros torturados en Irak. Esta última agarrada diplomática entre Cuba y EE UU comenzó hace dos semanas, cuando Cason decidió enriquecer los tradicionales adornos navideños que instala la SINA en sus jardines con un gran número 75, bordeado por un círculo de luz de neón, "como recordatorio de aquellos que fueron arrestados por pensar y hablar independientemente". La Cancillería cubana convocó de inmediato al representante norteamericano y le exigió retirar los motivos navideños por considerarlos una provocación, a lo que el diplomático respondió con una conferencia de prensa en la que anunció que no los quitaría, pese a las represalias que pudiesen tomar las autoridades.

La reacción cubana no se hizo esperar. El 17 de diciembre, las autoridades levantaron grandes murales frente a los cuatro costados del edificio diplomático, con fotografías de torturas en la cárcel iraquí de Abu Ghraib y textos en los que se reta a los vecinos del norte. Y después, más munición : caricaturistas dibujaron en el asfalto del malecón a Super B, un águila imperial de enorme tamaño que simboliza el bloqueo norteamericano, para que lo pisen los peatones y automovilistas; también, cerca del 75 norteamericano, se puso un gran 45 cubano, en alusión a los años que la revolución lleva resistiendo frente a Washington.

El canciller cubano, Felipe Pérez Roque, ya adelantó la semana pasada que su país "tiene un arsenal de ideas para encarar las últimas acciones subversivas de Estados Unidos".

Así de revueltas venían las navidades cuando la postal de Cason deseando en inglés paz y buena voluntad con una paloma encadenada empezó a llegar a periodistas, diplomáticos, disidentes y a miembros de la Iglesia cubana, incluido el arzobispo de La Habana, el cardenal Jaime Ortega. Dignatarios católicos señalaron que incluso en los peores momentos de las relaciones entre Cuba y EE UU nunca sucedió nada igual, y pusieron en duda el buen gusto de felicitar las fiestas de esta forma pese a la situación de los derechos humanos que pueda existir en la isla. Un diplomático europeo indicó que, ya puestos a ser consecuentes, se debería recordar también que la cárcel norteamericana de Guantánamo, donde no se hacen precisamente obras de caridad, está igualmente en territorio cubano.

Jóvenes cubanos realizan caricaturas ante la delegación estadounidense en La Habana.
Jóvenes cubanos realizan caricaturas ante la delegación estadounidense en La Habana.REUTERS

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 28 de diciembre de 2004.

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