Entrevista:MANUEL MARTÍNEZ | Líder vecinal premiado con la Creu de Sant Jordi

"Muchas asociaciones de vecinos no han sabido adaptarse"

Con una extensa trayectoria política, centrada en las luchas sindicales y vecinales, y con periodos de cárcel incluidos, el presidente de la Asociación de Vecinos de Sant Martí de Provençals, Manuel Martínez (Barcelona, 1941), acaba de recibir la Creu de Sant Jordi. Una condecoración, perseguida por él mismo, que reconoce el trabajo de un hombre que saluda a no menos de 10 personas cada minuto cuando pasea por su barrio y que celebra especialmente que el premio venga de "partidos de izquierdas".

Pregunta. Es la primera vez que se reconoce con una Creu de Sant Jordi a un líder vecinal.

Respuesta. Sí y esto es lo que más orgullo me produce. Históricamente se ha premiado a la Cultura, la Ciencia o la Política en mayúsculas. Nunca se había reconocido la lucha de los vecinos, cuya herencia es importantísima. Es un homenaje a mi persona y mi trayectoria, pero también a mi familia, por todo lo que ha tenido que sacrificar.

"La Creu de Sant Jordi nunca había premiado la herencia de la lucha vecinal"

P. De toda su trayectoria política, ¿qué etapa le satisface más?

R. La que más satisfacciones me ha proporcionado es el movimiento vecinal, pero la etapa que me forjó y me hizo ser quien soy fue la lucha política y sindical en la clandestinidad, durante la dictadura. Aquello fue una escuela, porque había que tener mucho coraje e imaginación. Todo lo que aprendimos entonces lo hemos aplicado después, sobre todo la forma de hacer política que se aplicaba en el PSUC y que hoy está desprestigiada, que es la política de pactos y de consenso. Yo defiendo que si se batalla por 10 reivindicaciones, está muy bien ganar siete, mientras que otros sólo ven que se han perdido tres.

P. Las asociaciones se enfrentan a la necesidad de un relevo generacional, usted mismo lleva 20 años de presidente.

R. Es cierto que la falta de relevo generacional afecta a muchas asociaciones, entre ellas la nuestra. Nos gustaría incorporar a jóvenes, pero el movimiento vecinal requiere mucha dedicación y constancia, y los resultados no son inmediatos. Es difícil.

P. ¿La falta de relevo afecta también a la forma de actuar?

R. Muchas asociaciones no han sabido adaptarse a los tiempos, hasta el punto de que muchas personas que están en las asociaciones piensan que la lucha vecinal consiste en enfrentarse a las administraciones, cuando a veces éstas también tienen su parte de razón. La clave es tender puentes de diálogo. En ciertos sectores interesa el enfrentamiento e incluso hay personas que no han sido aceptadas como políticas que ven en las asociaciones de vecinos un campo de actuación y manipulan las reivindicaciones.

P. Con éstas, ¿cómo ve el futuro del movimiento vecinal?

R. Es un movimiento que actúa de forma cíclica, en función de las circunstancias y las administraciones en cada época. Por ejemplo, antes de los Juegos Olímpicos estaba apagado y resurgió, luego ha llegado a estar casi muerto y se ha reactivado con el Fórum.

P. El Plan de Barrios, ¿puede ser un nuevo revulsivo?

R. Sin duda, porque ni las ciudades ni los distritos son homogéneos y se debe responder a sus necesidades. De todas formas, deberá hacerse de forma consensuada con los vecinos de cada barrio para que las divisiones no resulten artificiales. Yo lo veo bien, porque el sentimiento de pertenencia a un barrio es un factor de cohesión social enorme.

P. ¿Supondrá la Creu de Sant Jordi su retiro de la primera línea de batalla?

R. Ni mucho menos. A mí las medallas, como el Premio Ciutat de Barcelona en su día, me sirven de orgullo, pero también de estímulo. Siempre me he dedicado 24 horas [diarias] a aquello que creía que tenía que conseguir, así que de retiro, nada. Mientras tenga salud, a mí no me para nadie.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0017, 17 de diciembre de 2004.