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Entrevista:MARÍA BLASCO | Bióloga molecular y premio EMBO

"La telomerasa es importante en el cáncer y el envejecimiento"

María Blasco (Alicante, 1965), directora del programa de Oncología Molecular del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, está acostumbrada a recibir premios internacionales y a abrir brecha con la ciencia hecha en España. El último reconocimiento en sumarse a su lista personal ha sido el que concede la Organización Europea de Biología Molecular (EMBO) al mejor investigador europeo menor de 40 años, dotado con 10.000 euros. Blasco regresó a España en 1997 al Centro Nacional de Biotecnología (Madrid), después de una estancia en el Cold Spring Harbor Laboratory (EE UU). Tres años más tarde, en 2001, se trasladó al puesto que ocupa en la actualidad.

Pregunta. Usted es la primera investigadora española en recibir el premio EMBO. ¿Cómo valora este hito?

"La aplicación obvia es en enfermedades de envejecimiento prematuro"

"Ya sabemos que no será posible tener una receta única para todos los tumores"

Respuesta. Quiere decir que en España se hace una ciencia que es del mismo nivel que la que se hace en el resto de Europa. Quizá no tanto en cuanto a la cantidad de investigación, que en España es claramente menor debido a la menor inversión por parte del Gobierno, sino en cuanto a la calidad de la producción científica y a la aparición de nuevas líneas de investigación. A este premio accedían normalmente científicos ingleses, franceses o alemanes, muchos de los cuales trabajan en el Instituto Europeo de Biología Molecular (EMBL) en Alemania; que me hayan dado el premio a mí refleja que en España se hace buena ciencia.

P. Usted no sólo es el primer español, de forma genérica, sino la tercera mujer europea que lo consigue. ¿Por qué este escaso reconocimiento a las científicas?

R. No creo que refleje una discriminación hacia las mujeres, sino el hecho de que hay muchos menos laboratorios dirigidos por mujeres que por hombres. Desde luego pone de manifiesto un problema real y que preocupa a la comunidad científica.

P. Su trabajo se centra en los telómeros [los extremos de los cromosomas] y la enzima que los controla, la telomerasa. ¿Cuál es su papel en el cáncer?

R. Se cree que la telomerasa es uno de los pilares que sostienen el crecimiento tumoral. En la base de ello se encuentran los mecanismos que hacen que una célula mortal se convierta en una célula inmortal. Esta última puede dividirse indefinidas veces permitiendo el crecimiento del tumor, mientras que la mortal no. Lo que le confiere la capacidad de multiplicarse indefinidamente y traspasar los límites normales de vida celular es la actividad de la telomerasa.

A medida que una célula normal se divide va perdiendo fragmentos de los telómeros, lo que provoca una disminución progresiva de funcionalidad y en última instancia la muerte. Este proceso explica por qué las células normales son mortales. Sin embargo, las células tumorales escapan al destino de tener los telómeros cada vez más cortos aumentando los niveles de telomerasa. Esto ocurre en más del 95% de todos los tipos de tumores humanos, lo cual es una clara indicación de que es algo esencial para que el tumor crezca. De hecho, ya se ha demostrado que células tumorales cultivadas en el laboratorio a las que se les quita la telomerasa mueren rápidamente debido a un agotamiento de sus telomeros.

P. El presidente de EMBO ha afirmado que su contribución a la investigación del cáncer es "incuestionable". ¿Cuál es exactamente su aportación?

R. Mi mentora en Estados Unidos, Carol Greider, fue la que descubrió la telomerasa y fue allí donde yo empecé a trabajar sobre ella. Mi contribución ha sido en realidad demostrar la importancia de esta enzima en el cáncer y en el envejecimiento. Lo que yo hice fue crear un modelo animal en el que quitaba o ponía telomerasa, de este modo se comprueba que cuando se elimina, los ratones envejecen prematuramente y tienen menos cáncer. Por el contrario, cuando se aumenta la cantidad de telomerasa se favorece la proliferación de los tumores.

P. Como ha dicho la telomerasa es uno de los pilares del cáncer, pero existen otros muchos como los oncogenes, los supresores tumorales, etcétera. ¿Cómo se conectan todos los interruptores moleculares del cáncer a la hora de tratar a un paciente?

R. Ésta es la fase en la que estamos ahora y que tiene que dar los mayores frutos en los próximos años. La oncología molecular, es decir, estudiar y conocer las bases moleculares del cáncer, es algo que se está haciendo desde hace 20 años. Ahora podemos decir que sabemos qué es el cáncer, cómo se genera y cuáles son los procesos que tenemos que atacar. El salto al paciente está mediado necesariamente porque haya otro grupo de investigadores que busque fármacos dirigidos a estos procesos. Los oncólogos moleculares hemos identificado ya algunas de las dianas a las que hay que atacar. Quienes se encargan de buscar los fármacos son fundamentalmente las compañías farmacéuticas y son ellas las que deben invertir en diseñar nuevos tratamientos. En estos momentos hay pocos fármacos de los que se utilizan en la clínica que estén basados en la oncología molecular. En la actualidad se usan los mismos tratamientos que se utilizaban cuando no se conocía nada del cáncer. Son sustancias cuyo cometido es destruir la célula y atacan principalmente a las tumorales porque se dividen más, pero también afectan a las normales.

P. Y en lo que se refiere al tratamiento del paciente, ¿en qué se va a notar la influencia de la oncología molecular?

R. En cada tipo de cáncer se verá qué tiene más preponderancia un proceso u otro (telomerasa, oncogenes, formación de nuevos vasos sanguíneos que alimentan el tumor) y se utilizarán los fármacos adecuados para atacar las características moleculares del tumor. Desde luego, será mucho más complicado que el tratamiento que se hace por ejemplo para el sida. No será posible tener una receta única para todos los tumores.

P. ¿Existen ya fármacos en investigación basados en sus hallazgos sobre la actividad de la telomerasa?

R. Lo que está más avanzado hasta el momento no es el tratamiento clásico constituido por una pequeña molécula dirigida a una diana concreta, sino que es lo que se conoce como inmunoterapia, cuyo objetivo es estimular el sistema de defensa para que ataque las células que tienen mucha telomerasa, es decir las células tumorales, pero no las normales. En lo que se refiere al concepto de fármaco tradicional hay una compañía en Alemania y otra en San Francisco (EE UU) que ya tienen agentes que atacan directamente a la telomerasa.

P. Puesto que las células normales también tienen telomerasa, un tratamiento que la elimine no será específico para el tumor, sino que afectará al resto de los tejidos.

R. Sí, las células normales también tienen la enzima, pero no dependen de ella para vivir como ocurre con las cancerosas. En cualquier caso, los efectos secundarios tendrán que verse haciendo ensayos clínicos.

P. La telomerasa también participa en los procesos de envejecimiento. ¿Se están desarrollando terapias para retrasar o detener la senectud?

R. Hay mucho interés en este campo. La aplicación más obvia es en enfermedades de envejecimiento prematuro. En cuanto a su uso para el proceso normal, la potencialidad está ahí, pero es más de ciencia ficción.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de noviembre de 2004