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Más de lo mismo

La semana pasada ha sido parca en cuanto a la cantidad de estadísticas o indicadores publicados sobre la economía española, pero los pocos conocidos han sido de primer orden. Los dos principales, el avance del crecimiento del PIB en el tercer trimestre y el IPC de octubre. Además de esto, cabe señalar la evolución de dos variables de suma importancia en estos momentos: la caída del precio del petróleo y la tendencia al alza del euro.

La rápida caída del precio del petróleo pone de manifiesto la elevada volatilidad que caracteriza a este mercado, lo que dificulta enormemente las previsiones. Los 40 dólares actuales por barril parecen más acordes con los fundamentales de la oferta y la demanda y, de mantenerse, alejaría uno de los principales elementos negativos que pesan sobre las perspectivas económicas a corto plazo. Si a ello le añadimos la apreciación del euro -de carácter netamente positivo para la economía española-, miel sobre hojuelas. Claro que a las empresas exportadoras fuera de la zona del euro esto les agrava su posición competitiva, ya maltrecha tras muchos años con diferenciales de inflación de costes en contra.

La aceleración de la demanda proviene ahora más de la inversión en equipo que del consumo

En cuanto al crecimiento del PIB, el INE, en este primer flash que ha empezado a publicar por primera vez con un adelanto de unas dos semanas respecto a la fecha de salida de la primera estimación de la contabilidad trimestral, ha avanzado una tasa interanual del 2,6% e intertrimestral del 0,6%, tal como habíamos previsto. La tasa interanual se mantiene estable respecto a la registrada en el segundo trimestre y la trimestral supone una aceleración de una décima porcentual. El aspecto positivo de todo esto es que se frena la tendencia de ligera desaceleración que mostró el PIB durante la primera mitad del año. El aspecto negativo es que, como indica el INE, el crecimiento cada vez es más desequilibrado, si bien en este avance no ofrece datos desagregados de los componentes del PIB. La demanda interna continúa acelerándose, pudiendo estimarse que su crecimiento interanual supera claramente el 4%, mientras que el sector exterior cada vez es más negativo. Es decir, más de lo mismo, la economía no se ha enterado de que ha habido cambio de Gobierno y que a éste -supongo que también al anterior- le gustaría un crecimiento más sostenible a medio plazo. Desde luego, este cambio no se vislumbra a corto plazo, ya que, mientras persistan los bajos tipos de interés actuales, el consumo y la construcción de viviendas no se van a frenar de forma significativa, al tiempo que la apreciación del euro y nuestra débil posición competitiva perjudican a las exportaciones. En todo caso, los indicadores disponibles muestran que la aceleración de la demanda proviene ahora más de la inversión en equipo que del consumo, lo que también es positivo.

El IPC también se comportó en octubre según lo previsto. En términos mensuales aumentó un 1%, cifra elevada, pero de carácter estacional y volátil, pues en un 80% se explica por la actualización de los precios del vestido y el calzado tras las rebajas del verano y el otro 20%, por la subida de los precios de la energía. Esta última subida es la responsable de que la tasa interanual haya aumentado cuatro décimas, hasta el 3,6%. Las previsiones (gráfico derecho) apuntan a terminar el año en torno al 3,5%, cifra que se mantendría durante el primer trimestre del próximo, para caer posteriormente y cerrar 2005 en torno al 2,6%.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 13 de noviembre de 2004.

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