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Reportaje:FUERA DE RUTA

Mil luces iluminan Bahía Mosquito

Vieques y Culebra, puro Caribe en dos pequeñas islas de Puerto Rico

Al este de la isla principal se sitúan dos reductos casi salvajes con playas, palmeras y manglares, aves y tortugas. Y un espectáculo: el baño en aguas iluminadas por microorganismos marinos.

Puerto Rico es una enorme reserva natural. Un aserto del que no tuvo dudas ni el mismo Colón cuando puso los pies en sus playas allá por 1493. Al descubridor se le fue la mano poética y escribió a la reina Isabel, su valedora, diciéndole que en su nueva conquista "los colores van del verde veronés del carrizo al ópalo de los yucales; sus rubores se encienden con el rojo del flamboyán". Y la verdad es que, aunque exageraba conscientemente para aflojar el bolsillo de su financiera, no andaba muy mal encaminado.

Con sólo 161 kilómetros de largo por 51 de ancho, Puerto Rico, la más pequeña y oriental de las Grandes Antillas, alberga aún hoy, después de un largo pasado colonial español, medio siglo de anexión encubierta norteamericana y otro medio como Estado Libre Asociado, una de las naturalezas más impactantes del Caribe. Un buen ejemplo es el bosque lluvioso de El Yunque, la única selva tropical de EE UU, protegida por ser una reliquia de la cubierta vegetal húmeda que un día cubrió buena parte de la cuenca caribeña. En la oscuridad de sus forestas conviven 240 especies diferentes de árboles y cientos de especies de vertebrados e insectos distribuidas en más de mil metros de desnivel y cuatro biotopos diferentes.

Lo que no todos los viajeros saben es que Puerto Rico está formado por tres islas: la grande, de la que toma su nombre, y dos más pequeñas situadas en la costa nororiental de ésta, Culebra y Vieques, dos reductos medioambientales de las excelencias caribeñas con escasa superficie, pero larga y retorcida historia.

A Culebra y Vieques, a la que los puertorriqueños conocen como la isla Nena, se llega a bordo de unos barcos que parten a diario desde Fajardo, en la isla grande. También se puede tomar una pequeña avioneta que da el salto en apenas 15 minutos de vuelo. Suficientes para apreciar desde esa posición privilegiada sus siluetas perfectas, la cubierta de selvas verdes y la quietud de unos perfiles donde parece imposible que se pudiera romper el hechizo del paraíso. Nadie diría, desde esta vista de pájaro, que Culebra y Vieques fueron durante 60 años un campo de tiro de la Marina estadounidense.

Plantaciones de azúcar

La historia comienza un 5 de noviembre de 1940, cuando el Congreso norteamericano aprueba la instalación de bases navales en los dos islotes puertorriqueños. Dos terceras partes de ambas islas fueron expropiadas y utilizadas como blanco de tiro por las cañoneras y cruceros. Las plantaciones de azúcar se cerraron y 3.000 de los 9.000 viequenses y una proporción similar de los casi 6.000 habitantes de Culebra tuvieron que emigrar ante la falta de trabajo. El resto fue reubicado en las pocas áreas civiles que quedaron. La ocupación exaltó la fibra más patria de los puertorriqueños, que casi desde el mismo momento iniciaron un levantamiento popular contra el uso militar de sus islas. Murales pintados por todo el país y un campo de cruces en Vieques con los nombres de los fallecidos por accidente, o manifestaciones callejeras contra las bases atestiguan aún aquella lucha. En la década de los setenta, la presión popular logró que los militares abandonaran Culebra, pero no fue hasta el año pasado cuando la Marina de EE UU abandonó Vieques.

¿Qué encontraron en aquellas dos terceras partes de sus islas cercadas por el ejército? Pues, como por suerte o desgracia la historia se escribe con renglones cargados de ironía, el uso restringido como área castrense hizo que buena parte de las playas y manglares de Culebra y Vieques se mantuviera casi intacta, si exceptuamos los puntos concretos donde caían las bombas. Hoy, las antiguas zonas militares de Vieques se han reconvertido en refugio de vida silvestre y sus visitantes pueden descubrir a pie manglares, grandes palmerales, formaciones coralinas, bahías y playas en estado casi virginal. Una de estas sorpresas naturales la ofrece Bahía Mosquito, una pequeña ensenada de Vieques conocida también como bahía bioluminiscente. Por una serie de coincidencias medioambientales, como el gran aporte de nutrientes de los manglares que la rodean y la escasa renovación de sus aguas, en Bahía Mosquito se concentra un altísimo número de organismos microscópicos de tipo protozoario conocidos como dinoflagelados que tienen la particularidad de emitir luz cuando se les agita. Dinoflagelados los hay por todo el Caribe, pero aquí se reproducen y viven como si celebraran un congreso permanente. El resultado es que al caer la noche, la bahía se convierte en una gigantesca luciérnaga cada vez que algo agita la superficie de sus aguas calmas, ya sea un pez en busca de comida, el motor de una embarcación o los muchos curiosos que acuden a observar el fenómeno y se bañan en sus aguas, convertidos con el agitar de brazos y piernas en una especie de bombilla viviente.

En Culebra, donde la recuperación del uso civil fue anterior, ya se ha desarrollado una incipiente industria turística. Entre sus bellísimos arenales destacan la playa Flamenco, todo un compendio de tópicos caribeños, considerada una de las playas más bellas de Puerto Rico, o la costa de Cayo Culebrita. Además, gran parte de la isla y 23 de sus cayos e islotes están protegidos como reserva nacional de la fauna para dar cobijo a 85 especies de aves y enormes tortugas marinas que se acercan a estas riberas para desovar.

Dos islas salvajes, Culebra y Vieques, antiguos refugios de piratas, con un pie en el Atlántico y otro en el Caribe, en las que hoy, lejos ya el rugido de los cañones, la naturaleza y el clima se unen para mostrar el Puerto Rico más puro.

GUÍA PRÁCTICA

Datos básicos e información

- Prefijo telefónico: 001 787.

- Oficina de turismo de Puerto Rico en España (914 31 21 28).

- www.gotopuertorico.com.

Cómo llegar

- Iberia (www.iberia.com; 902 400 500) vuela desde Madrid, unos días directo hasta San Juan y otros vía Santo Domingo, desde 752 euros.

- A Culebra salen a diario varios barcos desde Fajardo. El precio del billete es de unos dos euros. En avioneta se tarda unos 15 minutos desde el aeropuerto de Fajardo y unos 30 desde el de San Juan. Los precios rondan los 23 euros por trayecto, en el primer caso, y unos 45, en el segundo. Air Culebra (268 69 51 y 742 04 46), Air Fajardo (742 10 40) y Air Vieques (742 09 72).

Dormir

- En Culebra, lo mejor es alquilar una villa o bungalós a pie de playa. El Club Seabourne (742 31 69) tiene ofertas de dos noches en villas de lujo, con el vuelo de ida y vuelta desde la isla grande incluido, desde 621 euros (en habitación doble). Zoni Beach Hose tiene cabañas en diversos puntos de la isla, entre 930 y 1.250 euros por semana.

- En Vieques, Crows Nest (741 00 33 y 741 09 93) tiene villas y cabañas entre 74 y 85 euros por noche. La Finca Caribe (787 741 04 95) ofrece diversos tipos de alojamientos: habitaciones dobles, entre 46 y 63 euros por noche, y cabañas para cuatro personas, entre 580 y 780 euros por semana.

Excursiones

- Kayak con Helena (617 09 13), Aqua Frenzy Kayaks (741 09 13), Blue Caribe Dive Center (741 25 22) y Island Adventures (741 07 20) organizan excursiones a la bahía bioluminiscente. Cuestan entre 18 y 20 dólares por persona y suelen recoger a los pasajeros en el hotel.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de noviembre de 2004

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