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Reportaje:

Treinta años de M-30

"Es la gran obra de nuestra generación", dijo Arias Navarro al inaugurar la vía en 1974

El 11 de noviembre de 1974, a media tarde, el último presidente del Gobierno del franquismo, Carlos Arias Navarro, cortaba una cinta con los colores de la bandera española junto al puente de Segovia. Quedaba así inaugurada la M-30, o más bien, los primeros tramos de ella, "la gran obra urbanística de nuestra generación", según contó Arias a la prensa, ufano de verla concluida, pues la había impulsado desde su anterior cargo de alcalde. La avenida del Manzanares (cuatro kilómetros) recorría el río por ambas márgenes desde el puente de Segovia hasta el actual cruce del nudo sur. La avenida de la Paz (15 kilómetros) se unía a la primera en ese punto, permitiendo conducir con rapidez hasta la avenida de América. El esfuerzo económico fue grande: sólo la avenida de la Paz costó 4.000 millones de pesetas de la época, más otro tanto en expropiaciones e indemnizaciones para los vecinos desalojados (680 familias).

Las máquinas paraban frente a las chabolas hasta que se producía el realojo

Las dos vías formaban un abrazo asfáltico en la esquina sureste de la ciudad que, según el Plan de la Red Arterial de Madrid, habría de llamarse M-30. Sandro Rocci, director de la obra del Manzanares y hoy catedrático de Caminos, explica que la "teórica" M-10 rodea el casco antiguo, y son las rondas la M-20.

La expectación ante la apertura de la carretera fue grande, según la prensa. Desde 1960 a 1968 el parque automovilístico español pasó de 300.000 a dos millones de vehículos. Sólo el pasado agosto se matricularon en Madrid 15.000 vehículos, pero en 1970 no había en la entonces provincia ni 500.000 coches.

La previsión de que el arroyo Abroñigal (vaguada que recorre, de norte a sur, el este de Madrid) sería algún día la nueva frontera de la urbe la hizo, en 1876, Fernández de los Ríos, en su Manual del madrileño y del forastero: "Está llamado a ser contorno de un nuevo ensanche desde Chamartín hasta que desemboca en el Manzanares". Varios proyectos así lo contemplaron desde aquello sin pasar de los planos.

Por fin, en los años setenta se decide llevar a cabo la circunvalación, una obra compleja en la que quebraron varias constructoras. Los tramos fueron inaugurados a lo largo de los años ochenta hasta que los últimos cuatro kilómetros de la avenida de la Ilustración, la hebilla que abrochaba el cinturón de 32,5 kilómetros, fueron abiertos al tráfico el 14 de abril de 1992.

Tanto en este último tramo como en parte de la avenida de la Paz, abundaban las chabolas, donde paraban las máquinas hasta que concluían los trámites de realojo. En la avenida del Manzanares, hubo problemas por los colectores que evacuaban el agua de Madrid y la insalubridad del río obligó a la vacunación de los obreros. La falta de planos que señalaran las canalizaciones de la zona provocó que "se usaran hasta detectores de metal para localizar las tuberías", según cuenta Antonio García, que intervino en la obra y hoy es vicepresidente de ACS-Dragados.

Otro de los hitos técnicos de la autopista fue el puente del Calero. Se organizaron turnos ininterrumpidos durante dos días para hormigonarlo de una sola vez y en una pieza, y así evitar fisuras en el tablero que le restaran calidad. También el vertedero sobre el que se asienta la avenida de la Ilustración agudizó el ingenio de los expertos que colocaron pilotes de grava para afianzarla.

La construcción del nudo sur sobre el puente de los Tres Ojos (con ocho vías de tren a sus lomos) fue aún más compleja. Alfonso Travesí, ingeniero recién jubilado del Ministerio de Fomento, recuerda que a la demolición del paso viejo con explosivos acudieron en 1981 "más de 4.000 personas y hasta se vendieron bocadillos, a pesar de ser de noche".

El Ayuntamiento, que gestiona la M-30 desde el pasado 4 de marzo, acomete una renovación completa de la vía con un coste de 4.250 millones. Parece que hay M-30 para rato.

La capital del desarrollismo

La jornada, que era lunes, se levantó soleada y fría el 11 de noviembre de 1974. El día anterior, el Real Madrid ganó frente al Betis (dos goles de Vicente del Bosque) y seguía primero en la Liga. Los obreros que remataban el domingo la o el M-30 -la prensa no era todavía unánime sobre el género de la nueva obra- para dejarla "presentable" trabajan a un "ritmo acelerado" y quizá no pudieran escuchar los avatares del partido en la radio. El periodista Muñoz Gras definía así la nueva carretera en El Alcázar: "Estas amplias vías de circulación que tanto se han hecho esperar y que tanto beneficio han de reportar al sur de Madrid y a la capital entera en estos momentos, donde el tráfico rodado supone todo un problema para la normal actividad de nuestra macrociudad". La urbe, que comenzaba a intuir su tamaño futuro, se desparramaba entonces hacia el sur y el este, incorporando con voracidad sus suburbios.

El frenesí inmobiliario de la ciudad era similar al actual, y la publicidad de la prensa se refería a nuevas promociones. La entrada de un piso en Torrejón costaba entonces 187.000 pesetas (unos 1.100 euros), que con el aumento del IPC en estos treinta años salía por más de 12.000 euros. La inflación de un país que estaba en plena crisis del petróleo rondaba el 17%.

En el verano de 1973 las autoridades reconocían la existencia de 30.250 chabolas en la capital del desarrollismo, en la que el paro comenzaba a afectar a los 700.000 habitantes de zonas rurales que habían emigrado a la región. En la fábrica de CASA en Getafe y otras grandes empresas los obreros convocaban "paros totales". Dieciocho personas fueron asesinadas por ETA en 1974, con un régimen político que presentaba sus achaques pendiente de la fragilidad de Franco, que moriría un año y nueve días después.

En el diario Pueblo, un improbable adivino llamado Uttama Sitkari hacía la siguiente predicción: "A ti, niño o niña que naces hoy. Tu expansividad se verá ampliada y recompensada. Llevas dentro de ti una gran fortaleza". La niña, la M-30, ha cumplido el augurio; fuerte y expansiva, aunque saturada y muchas veces vilipendiada, piensa ahora su enésima ampliación (subterránea) cuando cumple 30 años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 2004

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