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Vargas Llosa, en los escenarios de 'La fiesta del Chivo'

"Anoche se subió a una escalera para ver mejor el rodaje", comentaba el pasado domingo por la tarde Carmen, del equipo de producción de The feast of the Goat (La fiesta del Chivo), sobre Mario Vargas Llosa, el autor de la novela en la que se basa la película. "Para mí es muy emocionante", comentaba el escritor, "es como si todo resucitara con imágenes, en los mismos escenarios donde está situada parte de la historia. Así que todo esto me impresiona mucho".

El escritor hispano-peruano llegó a Santo Domingo, capital de la República Dominicana, el pasado viernes para asistir al rodaje de algunas de las escenas del filme basado en su novela sobre la era del dictador Rafael Leónidas Trujillo. Las que se rodaron el fin de semana le abrieron las puertas del Palacio Nacional: en el Salón de las Cariátides todo estaba listo para una fiesta organizada por el jefe.

Sobre el guión y su fidelidad a la novela, decía el autor: "Creo que una película no tiene y no debe seguir fotográficamente la novela en que se inspira porque el cine tiene un lenguaje distinto al de la literatura y el realizador tiene todo el derecho a encontrar su propia voz". No por ello renuncia a ver en imágenes lo que quiso transmitir al escribir La fiesta del Chivo. "Sí aspiro a que la película exprese el espíritu de la historia. He visto el guión, conozco el trabajo de Lucho [Luis Llosa, director de la película y primo del escritor], sé que ha pensado y reflexionado muchísimo en esta adaptación...".

Son casi las siete de la tarde y, en los casi 50 minutos que Mario Vargas Llosa ha pasado en el salón presidencial, no ha dejado de observar los preparativos de la escena en la que la corte de Trujillo se alista para gritar: "¡Viva el jefe!". Con los brazos cruzados, no quita la mirada del rostro de Tomás Milián, el actor que encarna al dictador y que levanta la mano para saludar a quienes le aplauden mientras se sienta en su sillón. Los halagos dan lugar al comienzo de la fiesta. "Me impresiona mucho cómo se ha apropiado del personaje. Ha alcanzado una mirada autoritaria, unos gestos autoritarios y su presencia irradia algo de ese carisma que inspiraba por una parte terror y por otra devoción de caudillo", dice el escritor. "Le dije que me había impresionado la expresión. Se decía de Trujillo que nadie podía resistirle la mirada, ni gentes totalmente devotas a él. Y, como le he dicho a a Lucho, la mirada de Tomás Milián ha adquirido algo de esa sensación de taladro que dicen que tenía la mirada de Trujillo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de noviembre de 2004