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Crítica:FESTIVAL DE OTOÑO | 'Ni sombra de lo que fuimos'

Necrología

Son de Andalucía la Baja, tienen su cuartel en Jerez y han hecho grandes creaciones, y también menores a lo largo de veinticinco años. Hicieron un teatro de expresión, vanguardista pero con lenguaje popular, internacional pero andaluz. Su personaje fundamental es Paco Sánchez: nadie le conoce más que como Paco el de la Zaranda, actor y director; el que escribe, Eusebio Calonge. Aunque zaranda tenga sonido de juerga, movida, fiesta o jaleo, es en realidad un cedazo para separar lo malo de lo bueno, si nos atenemos a su etimología árabe. La sensación que da aquí esta "Compañía inestable", en esta función de tío vivo como tantas en las que se significa el paso inmóvil de la vida, es la de una despedida. Más bien una necrología de sí misma o, concretando, de Paco el de la Zaranda, que es su alma: aparece en una caja que puede ser una taquilla o un ataúd, moribundo, y al final muere, no sin decir sus últimas palabras que casi duran una hora: habrá en ellas claves que no entendemos todos, cuestiones personales, alusiones a desengaños y a triunfos, ese despecho del hombre público que no recupera en los elogios el sufrimiento del trabajo que ha hecho. Hay alusiones que le relacionan con "el más desdichado caballero" que es Don Quijote, de donde se sospecha que también se cree un desfacedor de entuertos, un salvador de perseguidos, mal comprendido por el mundo, o tomado por loco, o tonto. El título advierte ya de la caída, del final.

Compañía La Zaranda

Ni sombra de lo que fuimos, de Eusebio Calonge. Intérpretes: Enrique Bustos, Gaspar Campuzano, Fernando Hernández, Carmen Sampalo, Francisco Sánchez. Dirección: Paco de la Zaranda. Teatro de la Abadía. Madrid.

Todo amargo. Los enseres: el tiovivo es una ruina, el ataúd son tablas viejas, y hay trapos viejos, lanzas viejas, actores envejecidos, polvo, lamentos y sones de procesión de Semana Santa, de modo que su entierro es también el Santo Entierro, con lo que se alude a Cristo. Y podría ser el de un torero muerto en la plaza. El lenguaje es andaluz, a veces con el mal fario de la muerte, a veces sentencioso, amargo. La costumbre de esta compañía de no aparecer ante el público después de terminar, sin saludar, da también en este espectáculo necrológico y fastidioso la sensación de un final definitivo.

No es así, Puede ser una despedida de estilo o nada. Están preparando, me dicen, un Quijote, como todo el mundo: filólogos, periodistas, poetas, gentes de teatro y cine. Debe haber buenos premios para ello.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de octubre de 2004