Un grupo talibán se atribuye el secuestro de tres extranjeros en la capital de Afganistán

La ONU, para la que trabajan los tres rehenes, considera la autoría "difícil de creer"

El secuestro de tres empleados extranjeros de la ONU ayer en Kabul extendió el temor a que las tácticas de la insurgencia iraquí se apliquen también en Afganistán. La Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) cerró las salidas de la ciudad, y las organizaciones internacionales restringieron los movimientos de su personal. La ONU considera "difícil de creer" que la operación sea obra de Jaish-e-Muslimin, tal como aseguró un portavoz de ese grupo disidente talibán. El suceso eclipsó el fin del recuento de votos de las elecciones presidenciales.

"Hacia la hora de comer tres colegas extranjeros que estaban trabajando en la Comisión Electoral han sido secuestrados", anunció el portavoz de la ONU en Kabul, Manoel Almeida de Silva. Se trata del diplomático filipino Angelito Nayan, la británico-irlandesa Annetta Flanigan y la albano-kosovar Shqipe Hebibi, todos ellos en la treintena. Flanigan está casada con el español José María Aranaz, asesor legal de Naciones Unidas y uno de los cinco miembros internacionales de la comisión electoral encargada de supervisar las elecciones.

Pocas horas después, un portavoz de Jaish-e-Muslimin (Ejército de los Musulmanes), el clérigo Ishaq Mansur, aseguraba a una agencia de prensa que los tres rehenes estaban en su poder y habían sido trasladados fuera de la capital. "Resulta difícil de creer", manifestó anoche a este diario un alto funcionario de la misión política de la ONU en Afganistán (UNAMA), tras una reunión de los responsables de ese organismo en Kabul.

De acuerdo con la fuente, los secuestradores actuaron de forma "profesional, disciplinada y bien organizada, lo que contrasta con las acciones precedentes de Jaish, un par de incidentes menores en Kandahar". Además, subrayó durante la conversación telefónica, "resulta aún más difícil de creer que no hayan presentado exigencias". "Si tienes la capacidad de llevar a cabo una operación de esta envergadura, ¿por qué secuestrar y no matar? Esa ha sido la estrategia de los talibanes hasta ahora", reflexionó.

Kabul se llenó ayer de conjeturas sobre quién está detrás del secuestro. Desde el día mismo de las elecciones, ha existido el temor de que los principales rivales de Hamid Karzai (que ha obtenido el 55,4% de los votos) no aceptaran el resultado. El funcionario no quiso especular. "Hay acusaciones en todas las direcciones, pero ninguna resulta plenamente satisfactoria", concluyó.

Los tres secuestrados se dirigían a la oficina electoral del barrio de Parwan, al oeste de Kabul, cuando "siete hombres armados y uniformados les salieron al paso cerca del hotel Continental", según explicó a este diario vía telefónica un portavoz militar. "No sabemos de qué tipo de uniforme se trataba", precisó la fuente, que basaba su relato en los testimonios recogidos por ISAF en el lugar del suceso.

Al parecer, los secuestradores golpearon al conductor afgano, cargaron a las mujeres sobre los hombros y obligaron a acompañarles al hombre. "Se los llevaron en un todoterreno negro, que más tarde fue localizado, ya vacío, por las fuerzas de ISAF", explicó el portavoz. "Se han cerrado todos los puestos de control alrededor de la ciudad para no salgan de Kabul", anunció.

2.000 extranjeros

El secuestro extendió la preocupación entre los extranjeros residentes en Kabul, unas dos mil personas, en su mayoría empleados de las distintas agencias de la ONU, cooperantes o diplomáticos. Hasta ahora, consideraban la capital afgana como razonablemente segura gracias a la presencia de las tropas de ISAF, entre ellas un millar de soldados españoles. El portavoz de ese contingente, comandante Luis Ventas, aseguró que no tenían órdenes de cambiar sus actividades normales y que hoy saldrían a hacer las patrullas previstas.

De hecho, la toma de rehenes ha sido infrecuente incluso en el problemático sureste del país, donde remanentes de los talibanes han seguido enfrentándose a las fuerzas estadounidenses que siguen buscando a Osama bin Laden y al jeque Omar. Cuatro ingenieros turcos y dos indios que trabajaban en la construcción de la autovía Kabul-Kandahar fueron víctimas a finales del año pasado de secuestros atribuidos a los talibanes. Uno de los turcos murió en cautividad, pero los demás fueron eventualmente liberados. Desde que se empezaron a preparar los comicios presidenciales a principios de 2004, algo más de medio centenar de agentes electorales han sido asesinados, incluidos tres extranjeros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 28 de octubre de 2004.

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