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COLUMNA

Linda

A menudo, la crónica de sucesos de un país puede ofrecer un fiel retrato de la situación de esa sociedad y de su nivel democrático. En estos días, todas las personas decentes de Venezuela, que son muchas, se sienten horrorizadas y escandalizadas ante la historia de Linda Loayza, una chica de 21 años. Hace tres, fue secuestrada por un tipo, que la retuvo en un apartamento durante más de tres meses, violándola y torturándola sistemáticamente. Cuando la rescató la policía, mostraba mordeduras, quemaduras de cigarrillos, golpes, cortes y mutilaciones varias, fractura severa del maxilar, labios arrancados con un alicate, pabellones de las orejas destruidos, un ojo desviado, costillas rotas, pezones cercenados, desgarro vaginal. Le han tenido que hacer nueve operaciones y las secuelas aún son evidentes, empezando por sus dificultades para hablar por la falta de un pedazo de lengua.

Sin lengua y casi muerta, cuando fue rescatada denunció a un tal Luis Carrera Almoina como culpable de la atrocidad. Este tipo es un niño rico, hijo de un antiguo rector universitario, influyente y próximo al poder. Luis Carrera tuvo que admitir que, en efecto, el apartamento era suyo; pero sus abogados argumentaron que eran novios, que ella entraba y salía libremente, que era prostituta y que todas esas barbaridades se las hacían fuera. Ante el hecho de que la chica estuviera prisionera bajo llave, sostuvo que la encerraba para protegerla. Todo muy delirante.

Un delirio, y una pesadilla, que continuó en los tribunales: 29 jueces se inhibieron y no quisieron ni asomarse al caso. El juicio fue postergado decenas de veces durante tres años, hasta el punto de que Linda tuvo que hacer una huelga de hambre para reclamarlo. Al fin se celebró y acaba de salir la sentencia: Luis Carrera ha sido absuelto, pero Linda ha sido acusada de prostitución y será investigada, como si el hecho de ser prostituta (cosa que además ella niega) pudiera justificar que te arranquen los labios con alicates. Un caso terrible, en fin, que retrata a la perfección la Venezuela de hoy: el machismo atroz de los militarotes como Hugo Chávez, el acomodaticio miedo de los jueces ante el poder, la estructura social caciquil y abusiva.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 26 de octubre de 2004