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España se compromete a liderar un cambio en las relaciones de la Unión Europea con Cuba

Algunos disidentes abandonan como protesta la recepción de la Fiesta Nacional en la Embajada

La recepción que ofreció el martes el nuevo embajador en La Habana, Carlos Alonso Zaldívar, con motivo de la Fiesta Nacional, estuvo cargada de tensiones y molestó a tirios y troyanos. Ninguna autoridad cubana, ni siquiera funcionarios de rango menor, asistió a la residencia del embajador. El motivo: la presencia de una veintena de disidentes y familiares de presos políticos invitados a última hora. No obstante, Zaldívar se desmarcó de esta estrategia europea y dijo que el Gobierno fomentará el diálogo con La Habana, ya que la política europea de sanciones se ha revelado ineficaz.

La recepción en la residencia de Zaldívar venía precedida por un agitado mar de fondo. En vísperas de la fiesta, el PP y representantes de la disidencia cubana pusieron el grito en el cielo ante la posibilidad de que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero pudiese dar marcha atrás, de forma unilateral, al acuerdo europeo de invitar a los disidentes a las celebraciones de las fiestas nacionales de los países de la UE, adoptado en represalia por el encarcelamiento de 75 opositores en la isla en abril de 2003. Desde entonces el Gobierno de Fidel Castro tiene congelados los vínculos con la UE, y sus embajadas en La Habana no tienen interlocución oficial.

La diplomacia española, que desde el principio defendió abrir vías de diálogo con las autoridades cubanas como método más adecuado para favorecer el respeto a los derechos humanos y las libertadas, finalmente invitó a los disidentes. Y el miércoles en su residencia Zaldívar pronunció un discurso que fue toda una declaración de principios y fue escuchado atentamente por los disidentes y diplomáticos presentes. El embajador calificó las relaciones entre España y la UE con Cuba de "profundamente insatisfactorias", asegurando que la actual situación no permite trabajar por la promoción de las libertades en la isla y "contribuir a que el pueblo cubano mejore sus condiciones de vida".

Zaldívar afirmó que la Embajada de España aspira "a ser un punto de encuentro de todos los sectores sociales y políticos", y dijo que las misiones diplomáticas deben ser "un instrumento de relación y diálogo con los Gobierno y también con los pueblos". Después de criticar la eficacia de la actual política europea hacia Cuba, Zaldívar afirmó que bajo el liderazgo de España se ha iniciado una "reflexión" en la UE; admitió que todavía no hay resultados concretos, pero, dijo, "existe un consenso sobre la dudosa utilidad práctica de las medidas de junio de 2003

[que incluyen la invitación a los disidentes a las embajadas], y sobre la necesidad de sustituirlas".

"Queremos, por tanto, superar la situación actual y ser otra vez interlocutores con todos los sectores políticos y sociales", aseguró el embajador tras señalar que el acuerdo con sus socios europeos sobre una nueva política hacia Cuba es cuestión de tiempo, "y no de mucho tiempo".

"No lo ocultamos", dijo, "España quiere liderar ese proceso". Zaldívar admitió que le habría gustado contar en la recepción con miembros del Gobierno cubano, y añadió: "Esperamos que pueda haber representantes del Gobierno en las próximas fiestas nacionales (...) Mientras tanto, aspiramos a trabajar en línea con el Gobierno de Cuba, con quienes disienten de su política, y con todo el pueblo cubano".

Su discurso provocó críticas, con matices, de los opositores. La ex prisionera política Marta Beatriz Roque y el líder del Proyecto Varela, Oswaldo Payá, se marcharon de la recepción tras concluir sus palabras el embajador. Payá dijo después que no se sintió "insultado", pero que "por una cuestión de dignidad" decidió irse. Según Payá, por "coherencia moral" la UE debe mantener su política, pues, dijo, "ha dado buenos resultados" y ha transmitido al pueblo cubano el mensaje de que "no está solo". "Si no hay diálogo es por el Gobierno cubano", afirmó.

Escepticismo

Para Elizardo Sánchez, líder de la Comisión Cubana de Derechos Humanos, es importante que España asuma un papel de liderazgo en las relaciones con Cuba, pero se declaró escéptico ante la posibilidad de que un cambio de estrategia se traduzca en un cambio de actitud de las autoridades cubanas. El socialdemócrata Manuel Cuesta Morua, portavoz del Arco Progresista, respaldó en cambio a Zaldívar, señalando que las sanciones al Gobierno de Cuba, además de ser "ineficaces", "han potenciado un enrarecimiento del clima interno y alimentado la lógica confrontacional". "Creemos necesaria una posición común de la UE hacia Cuba, y ésta debería pensar más en la eficacia que en el simbolismo".

Entre los diplomáticos europeos, el discurso de Zaldívar provocó diversas reacciones. Para algunos embajadores, la práctica actual de invitar a los disidentes se ha convertido en una "trampa", pues de hecho las relaciones diplomáticas han quedado bloqueadas y la presión sólo ha logrado "enquistar más al régimen". "De algún modo hay que salir de este callejón sin salida", opinó un embajador. Otro le llevó la contraria con el siguiente argumento: "Durante dos meses, España ha tratado de convencer a los cubanos de ser flexibles y no han logrado nada. No han obtenido la liberación de un solo prisionero político".

En la comunidad empresarial, no se ocultaba el desencanto. Un importante hombre de negocios español resumió así lo sucedido: "Veíamos la oportunidad de que se reconstruyesen las relaciones bilaterales y se favoreciese un mejor clima para los intercambios. Pero al final, ya ve usted, ni un empresario cubano con cargo oficial en la Embajada. Esperemos que, al final, las buenas intenciones del nuevo Gobierno fragüen".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 14 de octubre de 2004